Schubert, o el romántico que no pudo ser Aula Abierta ROMANTICISMO

Schubert, o el romántico que no pudo ser

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Luis Gago

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  1. Luis GagoLuis Gago

    Ha sido subdirector y jefe de programas de Radio 2 (RNE), miembro del Grupo de Expertos de Música Seria de la Unión Europea de Radiodifusión, coordinador de la Orquesta Sinfónica RTVE y editor del Teatro Real. Ha traducido, entre otros libros, Notas para piano y Música y sentimiento de Charles Rosen; Johann Sebastian Bach. Una herencia obligatoria de Paul Hindemith; El ruido eterno y Escucha esto de Alex Ross; Apuntes biográficos sobre Joseph Haydn de Georg August Griesinger; La música en el castillo del cielo. Un retrato de Johann Sebastian Bach de John Eliot Gardiner; Viaje de invierno de Schubert. Anatomía de una obsesión de Ian Bostridge y el Diccionario Harvard de Música. Prepara habitualmente los subtítulos en español para la Royal Opera House de Londres y el Digital Concert Hall de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Ha sido director artístico del Liceo de Cámara de la Fundación Caja Madrid (2006-2014), comisario de la exposición conmemorativa del 25º aniversario del Auditorio Nacional de Música y editor de Revista de Libros. Es crítico musical de El País y codirector desde 2015, junto con Tabea Zimmermann, de la Beethoven-Woche en la Beethoven-Haus de Bonn. En verano de 2019 ha sido nombrado Miembro de honor de la Beethoven-Haus de Bonn.

Franz Schubert representa un caso único dentro de la historia de la música. Fue un casi estricto coetáneo de Ludwig van Beethoven pero, al contrario que él, no gozó prácticamente de ningún reconocimiento en vida. Los dos vivieron toda su vida adulta en Viena, uno como el compositor más famoso y rupturista de su tiempo, y el otro luchando infructuosamente para que se reconociera su genio y se publicaran e interpretaran sus obras. La temprana muerte de Schubert y la rápida eclosión del Romanticismo musical contribuyeron aún más a que gran parte de su música permaneciera en el olvido durante décadas, valorada y apreciada sólo por un reducido círculo de entendidos, con varios de los grandes compositores románticos a la cabeza. Sólo a mediados del siglo XX empezó a cobrarse conciencia de la verdadera dimensión y de la semilla de futuro de sus creaciones, valorándose no sólo sus Lieder (compuso más de seiscientos), los que más fama le reportaron en su tiempo, sino también su manejo de la gran forma o sus innovaciones armónicas. Músicos como Benjamin Britten o Sviatoslav Richter revelaron con sus interpretaciones a un Schubert mucho más moderno y tremendista de cómo había venido presentándose hasta entonces. El austríaco fue un compositor intuitivo, hecho a sí mismo, que apenas viajó y que, al contrario de antecesores como Haendel, Mozart o Haydn, y de sucesores como Mendelssohn, Liszt o Schumann, no tuvo ningún contacto con las grandes personalidades artísticas europeas de su tiempo. Todo ello hace de él un caso único dentro de la historia de la música occidental. Clásico por nacimiento, muchas de sus obras apuntan en una dirección que ni siquiera los compositores románticos fueron capaces de atisbar.