Volcanes: fuentes de vida u ocaso de civilizaciones Ciclos de conferencias CATÁSTROFES

Volcanes: fuentes de vida u ocaso de civilizaciones

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Ramón Ortiz

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  1. Ramón OrtizRamón OrtizNacido en Barcelona, es Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, destinado al Departamento de Volcanología del Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid. Trabaja desde 1971 en volcanismo activo, especializándose en Física de los Procesos Volcánicos, Vigilancia de Volcanes, Instrumentación y Riesgo Volcánico. Actualmente se dedica al desarrollo de métodos para el pronóstico de erupciones.Inicia sus trabajos en la caracterización de la actividad volcánica en las Islas Canarias, así como en la evaluación de la energía geotérmica en España. Conocedor de las áreas volcánicas de Italia, América, Japón, Indonesia, etc.  Desde 1986 ha dirigido la investigación en volcanismo activo en el Programa Antártico Español, trabajando en el volcán Decepción, en las Islas Shetland del Sur. Ha participado en los más importantes proyectos de investigación en volcanismo activo impulsados por Naciones Unidas.Es colaborador habitual en el seguimiento de la actividad de los volcanes americanos con el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (Chile), el CENAPRED (Centro Nacional para la Prevención de Desastres, México), Instituto de Geofísica UNAM (México), Observatorio Volcanológico de Colima, (México), Instituto Geofísico (Ecuador), INETER (Nicaragua), etc.

Desde antiguo se conoce que los volcanes presentan signos precursores que en ocasiones son claramente perceptibles por la población. La correcta interpretación de estas señales permitieron la evacuación de la  ciudad de Acrotiris antes de la erupción de la caldera de Thera hace más de 3500 años, así como Pompeya y Ercolano en la erupción del Vesubio del año 79. Sin embargo no siempre estas señales son perceptibles ni mucho menos interpretadas correctamente, así ocurrieron los desastres volcánicos del siglo XX: Mont Pelee en Martinica en 1912, a pesar de las evidencias las autoridades se negaron a evacuar, muriendo 30000 personas, Nevado de Ruiz en Colombia en 1985, repetidos avisos desde Bogotá no fueron comprendidos por las autoridades locales de Armero y mueren 30000 personas en esa localidad y una mala decisión, basada en un informe científico que consideraba que la erupción había terminado, conduce a 2000 muertos en la erupción del Chichon en Mexico en 1982. La experiencia acumulada después de la erupción del Mt. St. Helens (USA, 1980) los desastres del Chichón y Nevado de Ruiz, las erupciones de Pinatubo (Filipinas 1991) y Unzen (Japón 1991), los avances en gestión de crisis derivados de la Década para la Mitigación de los Desastres Naturales de Naciones Unidas y especialmente los Proyectos Europeos para el Riesgo Volcánico, han permitido establecer una estructura clara de gestión, que empieza por separar totalmente lo aspectos técnicos y científicos de los políticos.