Las emociones morales. La construcción social de la autoestima Seminarios de filosofía LAS EMOCIONES MORALES. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA AUTOESTIMA

Las emociones morales. La construcción social de la autoestima

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Victoria Camps
Victoria Camps, dirección

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  1. Victoria CampsVictoria Camps

    Es catedrática de Filosofía moral y política en la Universidad Autónoma de Barcelona. Senadora independiente por el PSC-PSOE, de 1993 a 1996, en ese período presidió la Comisión de contenidos televisivos. Es presidenta de la Fundación Víctor Grifols i Lucas, dedicada a la investigación y promoción de la bioética, miembro del Consejo Audiovisual de Cataluña desde 2002 y presidenta del Comité Consultivo de Bioética de la Generalitat de Cataluña. Sus últimos libros publicados son: Virtudes públicas, Paradojas del individualismo, El malestar de la vida pública, El siglo de las mujeres, Una vida de calidad y La voluntad de vivir. Es coordinadora de Historia de la ética (en tres volúmenes).

El supuesto del que parto es  que las emociones (sentimientos, pasiones, afectos) juegan un papel importante en el comportamiento moral estrechamente conectado con el de la razón.  Razón y pasión no son opuestos sino que se influyen mutuamente. Me interesa analizar el lugar de las emociones en la ética para subrayar dos cuestiones: a) las emociones son el móvil del comportamiento moral; b) las emociones son gobernables y dicho gobierno es uno de los cometidos de la ética.  Es evidente la conexión de tal punto de vista con una ética de las virtudes así como con la importancia de la educación moral.
 
Me propongo tratar específicamente la autoestima en la medida en que es un compendio del conjunto de las emociones morales. Todas las emociones tienen un carácter ambivalente, pueden ser adecuadas o inadecuadas, de ahí que promuevan o entorpezcan el funcionamiento moral del ser humano.  Dado que una sociedad justa debe proveer “las bases sociales de la autoestima”, en palabras de Rawls, es importante ver qué contenido podemos darle a ese concepto, en qué medida puede garantizarlo el Estado y de qué forma lo construye el individuo.
 
Las consideraciones sobre la autoestima y sobre el carácter ético de la misma me llevan a la cuestión de la educación moral en el sentido aristotélico de formación del carácter. El planteamiento de una identidad personal y moral obliga, en nuestra época,  a tener en cuenta las teorías que provienen de la psicología. La formación del carácter es inseparable del autonocimiento (“conócete a ti mismo”), una tarea que se ha visto de algún modo colonizada por el llamado “ethos terapéutico”.  Una personalidad formada es la opuesta a la del psicópata entendido como un ser “amoral” o “asocial”.  Pero la salud y la ética no son dos conceptos intercambiables. El ethos terapéutico y el ethos moral son cosas distintas. Habrá que ver si podemos determinar hoy en qué debe consistir el ethos moral y, en el caso de que podamos hacerlo, qué consecuencias políticas o prácticas habría que derivar de ello.