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John Dewey: su relevancia contemporánea

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Richard J. Bernstein

Richard Bernstein (Nueva York, 1932), uno de los filósofos más influyentes de Estados Unidos, aborda en esta  conferencia la importancia del pensamiento del  también norteamericano John Dewey (1859-1952). El profesor Bernstein  analizará cómo la “democracia radical” de Dewey, ardiente defensor, desde los años veinte, de los ideales de la democracia, puede inspirarnos hoy en nuestra tarea de repensar y revitalizar las “democracias reales”.

(En inglés, con traducción simultánea)

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  1. Richard J. BernsteinRichard J. Bernstein

    Richard Bernstein (Nueva York, 1932) es uno de los filósofos más influyentes de Estados Unidos. Se formó en las Universidades de Chicago y de Yale y enseñó en la Universidad Hebrea de Israel y en Haveford College. Su primer libro, sobre John Dewey, fue publicado en 1966. Editó y estudió obras de otros clásicos estadounidenses como Charles Sanders Peirce y William James, y fue editor de  The Review of Methaphysics.  Desde los años setenta su obra giró cada vez más hacia temas sociales, revelándose como un analista único de las nuevas rutas del marxismo, la hermenéutica, y la filosofía analítica. A finales de los años setenta también participó en los coloquios de Dubrovnik, y junto con Jürgen Habermas, en el relanzamiento de Praxis Internacional. En 1989 ingresó en la New School for Social Research de Nueva York, y se convirtió en una de las figuras más emblemáticas de esa institución. Desde los años noventa Bernstein imprime un nuevo viraje a su obra dedicándose al pensamiento de Hannah Arendt, a la cuestión judía y al problema del mal radical. El talante plural, dialogante e incisivo de su estilo ha convertido su obra en una mediación única entre tradiciones y corrientes del pensamiento contemporáneo.
     
    Entre sus libros: Praxis y acción (Madrid, 1979), La reestructuración de la teoría social y política (México, 1983), Beyond Objetivism and Relativism. Science, Hermeneutics and praxis (1983), Habermas y la modernidad (Madrid, 1988), The New Constellation: The Ethical-Political Horizons of Modernity/Postmodernity (1991), Perfiles filosóficos. Ensayos a la manera pragmática (México, 1991), Hannah Arendt and the Jewish Question (1996), Freud y el legado de Moisés (México, 2002), El mal radical (Buenos Aires, 2002), El abuso del mal: La corrupción de la política y la religión desde el 11/9 (Buenos Aires, 2006). En breve aparecerá su último libro, The Pragmatic Turn.

Que la vida y el pensamiento del filósofo estadounidense John Dewey (1859-1952) sigan hoy sorprendiendo no es raro en una época donde los intelectuales han renunciado a sus tareas públicas y educativas. Desde sus inicios, Dewey siempre concibió la tarea de pensar como algo más que una profesión, no supo de barreras entre las disciplinas y abarcó problemas de psicología y educación, de ciencia y tecnología, de ética y política, de historia, arte y religión. Su filosofía asumió los desafíos técnicos, sociales y culturales del XX, combinando un espíritu cosmopolita con la defensa de la vida comunitaria local.

Tampoco es extraño que cuando a Dewey se le pidió un paralelo histórico de su filosofía, sólo le viniera a la memoria la filosofía francesa de la Ilustración. Su pensamiento, en efecto, tomaba pie en la tradición filosófica europea, pero también en un sustrato nacional, una tradición democrática típicamente estadounidense que se remontaba hasta Thomas Jefferson, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. Desde los años veinte, Dewey defendió los ideales de una democracia popular que frenara la expansión de un capitalismo feroz y de una cultura de masas que bloqueaba el desarrollo de una vida pública verdaderamente participativa. Dewey también apostó por un reformismo radical que restaurara un sentido de comunidad no reñido con el desarrollo de las diferencias y del individualismo.

Aunque después de la Segunda Guerra Mundial su obra fue un tanto olvidada, una nueva generación de intelectuales reavivará su pensamiento desde los años sesenta y setenta, generando un enriquecedor conflicto de interpretaciones. La versión de Dewey que Richard Bernstein fue elaborando desde aquella época hasta hoy mismo, marca distancias por varias razones. Primero, por su inusual capacidad de síntesis y su estilo dialogante. Y segundo, por su habilidad para actualizar el pensamiento de Dewey en el contexto de los debates políticos contemporáneos. Sólo Bernstein, interlocutor y crítico de otras figuras tan señaladas como Hannah Arendt, Hans George Gadamer, Jürgen Habermas y Richard Rorty, podía devolver a Dewey al escenario de la vida política actual. Un escenario de horizontes inciertos que reclama, quizás más que nunca, una reconstrucción radical de la vida pública y de las virtudes cívicas.

En palabras del propio Bernstein: “Dewey fue un intelectual público totalmente comprometido con su perspectiva democrática, pero también demostró una honda comprensión de la fragilidad de la democracia. Sabía que, a menos que trabajemos con tesón en incorporar un ethos democrático a nuestras vidas cotidianas la democracia se volverá con gran facilidad algo vacío y carente de sentido. Hoy, en los círculos académicos, se producen animados debates en torno a la teoría democrática. Pero desgraciadamente suelen estar dirigidos también a académicos. Dewey tuvo la rara capacidad de ir más allá de esos círculos, de hablar a una amplia audiencia de ciudadanos y de hacerlo refiriéndose a las preocupaciones de la gente corriente. No estoy diciendo que debamos volver a las soluciones propuestas por Dewey para abordar los problemas y amenazas que hoy día acechan a la democracia. Dewey, de hecho, sería el primero en insistir en que los nuevos conflictos y problemas requieren soluciones novedosas. Pero la visión de Dewey de una democracia radical como ‘un modo personal de vida en el que llegamos a completarnos mediante la comunicación’ todavía hoy puede inspirarnos en nuestra tarea de repensar y revitalizar las ‘democracias reales’. Y es que, sin duda, la democracia todavía es una tarea que se abre frente a nosotros”.