Los cuatro jinetes del Apocalipsis Cine mudo MELODRAMA Y STAR-SYSTEM

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

  1. Este acto tuvo lugar el
Ana Vega

Los cuatro jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of the Apocalypse, EE UU, 1921), de Rex Ingram, con Rodolfo Valentino y Alice Terry. (132 minutos)

Presentación: Ana Vega Toscano

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, dirigida por Rex Ingram, se basó en la novela de Vicente Blasco Ibáñez de 1916, que relató la escisión de una familia en su rama francesa y alemana a raíz de la Gran Guerra, representada con simpatías proaliadas. Se convirtió en un best-seller en Estados Unidos y su versión cinematográfica supuso el fulgurante lanzamiento como estrella del emigrante italiano Rodolfo Valentino, que hasta entonces había trabajado como figurante o actor secundario. Valentino introdujo el arquetipo del Latin Lover en el cine, heredero de Don Juan y de Casanova, y se lució en el film bailando un tango memorable con Alice Terry. Se estrenó simultáneamente en Nueva York y Niza, presentada en esta segunda ciudad por Blasco Ibáñez, y se convirtió en la película más taquillera de la producción norteamericana hasta aquella fecha.

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Un maestro de las emociones en clave visual

Con un tango de coreografía imposible y fuerza erótica innegable, Rodolfo Valentino, hasta entonces un actor desconocido, se convirtió con una velocidad inusitada en el gran amante del cine. El star-system tenía apenas diez años de vida, pero había alcanzado ya una madurez completa, como el mito Valentino demostraba. Y quien supo ver la habilidad en los movimientos de bailarín de la joven estrella, así como su facilidad extraordinaria para posar fue Rex Ingram, uno de los grandes directores del Holywood de los años 20, época de afianzamiento en los avances tan rápidamente logrados en el lenguaje cinematográfico. Al igual que Murnau, su preocupación por los aspectos plásticos  le llevó a un preciosismo visual que tuvo en Los cuatro jinetes del Apocalipsis uno de sus mas logrados ejemplos. Ingram había estudiado escultura, y su capacidad para lograr transmitir misticismo y romance encontraron un vehículo perfecto en la novela de Blasco Ibáñez, verdadero best-seller del momento, que le proporcionaba la posibilidad de crear atmósferas muy distintas, desde Argentina a París, con escenas de gran fuerza en terrenos emocionales dispares,  como la batalla del Marne o el  famoso tango inicial. La composición es en todo momento elemento esencial para el director, en ningún  momento queda nada al azar, ni los escenarios ni los personajes que se mueven en ellos con elegancia. Fue imprescindible para lograrlo el poder  contar con una fotografía de gran belleza, realizada por su habitual colaborador John Seitz, así como con el trabajo preciso de un excelente plantel de actores secundarios para enmarcar la historia de amor central, y con todos estos elementos Ingram demuestra ser una figura importante para comprender la evolución en la fuerza expresiva de las imágenes en el lenguaje audiovisual. En su momento el director fue un nombre seguro para el público: este irlandés de pura cepa, definido por James Joyce como “el maestro de la ostentación”, hacía siempre gala de una riqueza visual que no dejaba indiferente en ningún momento. Pero para Ingram el cine era sobre todo un gran fresco desarrollado en el tiempo, y los aspectos de combinatoria sonora con la palabra no entraban en su discurso: por ello su creación se mantuvo en el  ámbito del cine mudo. Poder volver a contemplar Los cuatro jinetes del Apocalipsis nos sirve para comprender la intensidad emocional lograda por los maestros del melodrama a través de unas estrategias que, fijadas por ellos en esos primeros años del cine, permanecieron como fundamento del género en la cinematografía posterior.