Manuel Vicent en diálogo con Ángel S. Harguindey Poética y Narrativa Manuel Vicent

Manuel Vicent en diálogo con Ángel S. Harguindey

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Manuel Vicent y Ángel S. Harguindey
Manuel Vicent, dirección

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  1. Manuel VicentManuel Vicent

    Manuel Vicent (Villavieja, Castellón). Licenciado  en Derecho y Filosofía por la Universidad de Valencia, se trasladó posteriormente a Madrid, donde cursó estudios de Periodismo en la Escuela Oficial. Colaboró en las revistas Hermano Lobo y Triunfo y también en el diario Madrid. En esta publicación estrenó su faceta de columnista político, que continuó en El País, medio para el que escribe en la actualidad. Su obra comprende novelas, teatro, relatos, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, apuntes de gastronomía, entrevistas y semblanzas literarias, entre otros géneros.

    Por su labor periodística ha recibido, entre otros,  el Premio González Ruano 1979 y el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo, en 1994, otorgado  por la Asociación de Periodistas Europeos.
     Además de periodista Manuel Vicent es escritor. Sus más de 15 obras publicadas le han hecho merecedor de varios galardones entre los que destacan el premio Alfaguara de Novela en 1966 por Pascua y Naranja, el premio Nadal en 1987 por La Balada de Caín,del que ya había sido finalista en 1979 por El anarquista coronado de adelfas. Otros libros suyos son: El resuello, Inventario de Otoño, La muerte bebe en vaso largo, Contra Paraíso, Del Café Gijón a ÍtacaLa novia de Matisse y Póquer de ases.  Han sido adaptadas para el cine, sus novelas: Tranvía a la Malvarrosa y Son de mar (Premio Alfaguara de Novela1999).  En la actualidad Manuel Vicent compagina su labor como escritor y periodista con el de galerista de arte.


  2. Ángel S. HarguindeyÁngel S. Harguindey

    Ángel Sánchez Harguindey nació en Madrid en 1945. Estudió Periodismo y tras colaborar en diversas editoriales (EstiArte y Elías Querejeta Ediciones) y medios de comunicación diarios y semanales (La Voz de Avilés, Informaciones, Hermano Lobo, etcétera), entró en la plantilla del diario El País, a la que pertenece desde su fundación en 1976. Empezó como jefe de la sección de Cultura, fue responsable del suplemento cultural Babelia durante 8 años, redactor jefe de El País Semanal y redactor jefe de la sección de Opinión. En la actualidad es Adjunto a la Dirección de esta publicación. Ha publicado el libro Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent (Editorial Aguilar).

     

Prácticamente toda la obra, y casi se podría decir que la vida, de Manuel Vicent se basa en su extraordinaria capacidad de observación y en su no menos extraordinaria capacidad de narrar lo visto. Añádase a eso una cultura que arranca desde su juvenil admiración por Baroja y “La Codorniz” hasta Thomas Bernhard y los presocráticos, cultura que no ha dejado de enriquecerse a lo largo de los años; añádase también la sabiduría estilística que aporta el ejercicio del periodismo de los diarios en los que la síntesis es la reina de la casa como lo demuestra domingo tras domingo en sus escasas 300 palabras de la última página de El País, más un chorro de ironía y una corteza de desmitificador distanciamiento y el resultado es un cóctel irrepetible que no dudaría en calificar como uno de los más sabrosos de la literatura española contemporánea.

Vicent ha sabido unir magistralmente la literatura con el recuerdo, la ficción con la memoria, y si para muestra basta un botón les recomiendo muy sinceramente que lean su obra, León de ojos verdes, en la que la recreación de un verano de 1953 en Benicàssim permite al lector asistir a un desfile de personajes e historias a cada cual más sencilla y emocionante.

Por su novela, por todas sus novelas, discurre la vida con la sencillez que sólo consiguen los muy sabios, con un formidable equilibrio entre los sentimientos, sublimes o mezquinos, más constantes en el ser humano vistos desde la cotidianeidad. Su prosa describe un concepto de la vida muy similar a una montaña rusa: cuando el lector cree que la narración está alcanzando el clima de un crepúsculo de Friedrich, la siguiente frase de Vicent le sitúa en una timba de póker con burlangas y marquesas en sillas de rueda.