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Filosofía del envejecimiento

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Victoria Camps

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  1. Victoria CampsVictoria Camps

    Es catedrática de Filosofía moral y política en la Universidad Autónoma de Barcelona. Senadora independiente por el PSC-PSOE, de 1993 a 1996, en ese período presidió la Comisión de contenidos televisivos. Es presidenta de la Fundación Víctor Grifols i Lucas, dedicada a la investigación y promoción de la bioética, miembro del Consejo Audiovisual de Cataluña desde 2002 y presidenta del Comité Consultivo de Bioética de la Generalitat de Cataluña. Sus últimos libros publicados son: Virtudes públicas, Paradojas del individualismo, El malestar de la vida pública, El siglo de las mujeres, Una vida de calidad y La voluntad de vivir. Es coordinadora de Historia de la ética (en tres volúmenes).

La filosofía no ha sido hasta ahora de gran ayuda para profundizar en el fenómeno del envejecimiento. A los filósofos les ha interesado el ser humano como sujeto del conocimiento y como artífice de la moral y de la política. Los filósofos de la moral se han detenido a pensar sobre grandes temas como la libertad, la virtud o el deber, pero no han reflexionado sobre la vulnerabilidad y la finitud humana. Sólo los estoicos, y algunos de sus admiradores –como Montaigne o Schopenhauer- condescienden a hablar de las distintas formas de la finitud humana una de cuyas expresiones más evidentes es la decrepitud y la decadencia que acompañan a la vejez. Aceptar las limitaciones de la edad y, al mismo tiempo, sacarle el máximo partido a la experiencia vivida; ver la vejez no sólo como problema, sino como oportunidad, es la perspectiva desde la que la filosofía práctica debería abordar la cuestión del envejecimiento.

Cada época y cada cultura tiene su propia concepción del envejecimiento.  La pregunta que hay que plantearse es qué significa envejecer en nuestro mundo y en nuestro tiempo. Qué significa el envejecimiento para el sujeto que envejece; qué significa para una sociedad cada vez más envejecida, pero poco dispuesta a dar visibilidad a la vejez; cómo hay que afrontar el envejecimiento desde la política y cómo hay que hacerlo desde la ética. Existe una tendencia a circunscribir el fenómeno del envejecimiento en el ámbito de la medicina. Es un reduccionismo, pues envejecer no es una enfermedad, aunque suele ir acompañada de enfermedades y dolencias. El envejecimiento plantea interrogantes que están relacionados con las grandes preguntas de la filosofía: el sentido de la vida, la identidad personal, la relación con el otro, la justicia social o la autonomía de la persona. Interrogantes que deben abandonar la abstracción y ser contrastados con una realidad que no puerde ser ignorada si pretendemos que la filosofía nos ayude a vivir mejor.