Éxtasis Cine mudo El paso del cine mudo al sonoro

Éxtasis

  1. Este acto tuvo lugar el
Oti Rodríguez Marchante, presentación

Éxtasis (1933), de Gustav Machaty. (89 minutos)
Presentación: Oti Rodríguez Marchante

Éxtasis (Ekstase, Checoslovaquia, sonora). Como reacción contra los films “cien por cien hablados”, usó sólo música y ruidos para exponer un drama de liberación sexual protagonizado por la joven actriz Hedy Kiesler (Hedy Lamarr, en Hollywood), quien lució un breve y famoso desnudo, que hizo que su futuro marido intentara retirar todas las copias del film del mercado.

El sábado se proyecta el vídeo de la presentación del día anterior.

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  1. Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

    Periodista y crítico de cine del diario ABC, escribe desde su blog “Una de piratas”. Ha publicado numerosos artículos y varios libros dedicados al cine y a sus protagonistas, como Dos para la tres (1992), Ana Belén (1993) y Amenábar, vocación de intriga (2002). Ha sido colaborador de los programas de televisión ¡Qué grande es el cine! y Cine en Blanco y Negro.

    En 2012 recibió el Premio de Comunicación Alfonso Sánchez de la Academia de Cine; también ese mismo año publicó el libro de cuentos infantiles Adiós a la Tierra de los Colores Vivos.

El director checo Gustav Machaty es un eco, un capirotazo, en la historia del cine, y un siglo después de su siglo aún retumba en ella poderosamente gracias a una película titulada Éxtasis que hizo en los albores de los años treinta (se estrenó en 1933), cuando el cine sonoro sonaba en Hollywood y en el centro de Europa lo que se empezaba a oír era ruido de botas y un presagio de mundo enmudecido. Éxtasis es, hoy, un recipiente único que contiene dos universos contradictorios, el de un cine mudo ya difunto y el de una de esas estrellas que lució ahí por primera vez y para siempre, Hedy Lamarr.  Aunque el sello de ese pasaporte a la eternidad (de ella y de la película) lo estampa una escena nunca antes vista en una pantalla de cine comercial: la jovencísima actriz protagonista (todavía no era Hedy Lamarr, sino Hedwig Eva Maria Kiesler) corría completamente desnuda por el campo. Una escena larga, llena de una perfecta naturalidad y que preludia lo que es la esencia de la película, una mezcla de lírica y de erótica, amplificada aún más en la otra escena no obscena de la pasión carnal con su amante sobre un primer plano de su rostro también absolutamente desnudo. Gustav Machaty no tuvo un gran recorrido tras el cruce de éxito y escándalo de Éxtasis, pero la joven Hedy Kiesler se convirtió unos años después, y ya en el cocedero de Hollywood, en Hedy Lamarr, un prodigio de belleza y sofisticación que paseaba por el cine de la época como un gato por su alfeizar. Pero tras el escaparate de Éxtasis, Lamarr de cuerpo entero, hay también una profunda trastienda insólita para la época sobre los dilemas del amor y del sexo, sobre la pasión, el tiempo y el azar.