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El mundo en que se gestan las Cruzadas

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José Enrique Ruiz-Doménec

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  1. José Enrique Ruiz-DoménecJosé Enrique Ruiz-Doménec

    Nació en Granada. Es catedrático de Historia Medieval y director del Instituto de Estudios Medievales en la Universidad Autónoma de Barcelona. Académico numerario de la Real Academia de Buenas Letras y de la Reial Acadèmia de Doctors de Catalunya. Fue elegido el representante español en la comisión de “veintisiete historiadores para Europa”, uno por país de la Unión Europea.

    Es autor de varios centenares de artículos en las más prestigiosas revistas internacionales y de en torno a una cuarentena de libros, los últimos: Escuchar el pasado, 2012; Europa, las claves de su historia, 2010, varias veces reeditado y traducido al francés; Catalunya, España. Encuentros-desencuentros, 2011; Personajes intempestivos de la historia, 2011; y Entre historias de la Edad Media, 2011.

    En 2012 ha sido nombrado titular de la cátedra Edmundo O´Gormann en Méjico, cátedra que por primera vez es concedida a un europeo. También ha ejercido de guionista y director de documentales para televisión.

Pasado el año mil, tras comprobarse que los terrores del milenio habían sido infundados y no se había acabado el mundo, unas asambleas de obispos en el sur de Europa proclamaron la “paz de Dios” como el bien superior de la sociedad. Se enfrentaron así con la nobleza feudal y sobre todo con sus hombres de confianza, los caballeros, que habían hecho de la guerra una razón de vida. El conflicto moral se convirtió pronto en un litigio político. La situación se agravó con la reforma de la iglesia auspiciada por el papa Gregorio VII, “la reforma gregoriana”, que motivó un duro enfrentamiento entre el poder secular representado en la figura del emperador Enrique IV y el poder eclesiástico representado por el propio papa que dio origen al suceso de Canossa donde el primero se sometió a la autoridad del segundo. En ese ambiente se buscó un ideal que permitiera conjugar los intereses de la nobleza y de la iglesia, y ese ideal fue la cruzada, donde la iglesia santificaba la guerra como forma de vida siempre y cuando se hiciera al servicio de la fe. Así, los caballeros matamoros tipo Roldán, el héroe de los cantares de gesta que llevan su nombre, se convirtieron en caballeros de Cristo, “milites Christi”, abrazando la cruz y comenzando la larga empresa de la conquista de Tierra Santa.