Delfos, la morada de Apolo Ciclos de conferencias Historiografía, mito y arqueología.
Las ciudades en la antigüedad mediterránea

Delfos, la morada de Apolo

  1. Este acto tuvo lugar el
Miguel Ángel Elvira Barba

Multimedia

  1. Miguel Ángel Elvira BarbaMiguel Ángel Elvira Barba

    Es catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Cursó la carrera de Filosofía y Letras (secciones de Historia del Arte y Literatura Hispánica) en la Universidad Complutense de Madrid. Se doctoró con una tesis en 1978 sobre el arte de Alejandría en el siglo III a. C., obtuvo por oposición el título de profesor adjunto de Arqueología en 1982), y ha proseguido su carrera docente, ya como profesor de arte antiguo, desde 1986.

    Ha sido jefe del Departamento de Conservación de Escultura en el Museo del Prado (1997-1999) y, más tarde, director del Museo Arqueológico Nacional (2000-2004). Su actividad científica y divulgadora se extiende en campos muy diversos, que abarcan las culturas de la Antigüedad Clásica (con particular incidencia en Grecia y Etruria), el arte bizantino y el coleccionismo de esculturas antiguas en los siglos XVII y XVIII. Ha comisariado diversas exposiciones, nacionales e internacionales, y ha publicado más de quince libros: Arte clásico (1996), Ex Roma lux (1997, catálogo de exposición en colaboración con Marta Carrasco), El Cuaderno de Ajello y las esculturas del Museo del Prado (catálogo de exposición, 1998), Guía de escultura clásica. Museo del Prado (1999, en colaboración con S. Schröder), Arte y mito. Manual de iconografía clásica (2008), Las esculturas de Cristina de Suecia. Un tesoro de la Corona de España (2011), Manual de arte griego. Obras y artistas de la Antigua Grecia (2013), Arte etrusco y romano: del Tíber al Imperio universal (2017) y Los mitos en el Museo del Prado (2018).

    Entre sus distinciones y títulos, cabe señalar que es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla y del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín.

Desde el periodo micénico, Delfos fue a la vez una pequeña ciudad y un centro religioso. Al principio, fue su carácter urbano el que dominó, con murallas, restos de casas y necrópolis. Muy pocos restos señalan que por entonces hubiese una actividad cultual superior a la de otras ciudades; y, sin embargo, hay razones para pensar que, inmediatamente bajo los muros y junto a una fuente –la Casótide- pudo ya entonces instalarse una adivina. Más tarde, tras unos siglos de los que poco sabemos, se instaló allí un santuario de Apolo, que se apropió de ese oráculo, convirtiéndolo en una parte esencial de su culto. Desde entonces, la población quedó oscurecida por el carácter religioso del lugar: sin duda suministró los sacerdotes y la adivina –la pitia délfica-, pero el santuario tomó el carácter de panhelénico, abierto a todos los griegos, y dominó la comarca, impidiendo el desarrollo de una verdadera polis independiente junto a él. Por tanto, lo que cumple es estudiar este santuario, recorrerlo, visitar sus monumentos principales y, sobre todo, aproximarse al curioso fenómeno de la posesión divina que hacía entrar en éxtasis a la mujer que emitía los oráculos.