Pompeya, pasado y presente. La investigación y los problemas de supervivencia de un yacimiento excepcional Ciclos de conferencias Historiografía, mito y arqueología.
Las ciudades en la antigüedad mediterránea

Pompeya, pasado y presente. La investigación y los problemas de supervivencia de un yacimiento excepcional

  1. Este acto tuvo lugar el
Albert Ribera

Para los millones de turistas que todos los años visitan Pompeya, y para el público en general, esta ciudad es el paradigma de una ciudad romana. Pero las cosas muchas veces no son lo que parecen y, en nuestro caso, este tópico responde, sólo en parte, a la realidad. Nuestro objetivo principal será trazar los elementos básicos de esta urbe y exponer los graves problemas que presenta su conservación. Pompeya se extendía por casi 70 hectáreas, de las que están excavadas un 60%. Los métodos de trabajo han cambiado mucho desde mediados del siglo XVIII, cuando se empezó a desenterrar la ciudad tras su descubrimiento. En un principio, la finalidad era encontrar objetos artísticos, que engrosaban las colecciones reales, y los edificios se volvían a cubrir. Posteriormente, ya se fueron dejando a la vista las construcciones que se iban encontrando, aunque el objetivo prioritario siguió siendo el hallazgo de piezas de valor. Incluso las pinturas murales y los mosaicos se arrancaban y se trasladaban al Museo de Nápoles. Sólo a partir de la unificación de Italia y el nombramiento de Fiorelli como responsable, hacia 1860, se podría empezar a hablar del inicio de un método de excavación y, lo que es más importante, de documentación, adecuado con los tiempos. Con anterioridad, las cosas no se habían hecho muy correctamente y se perdió una gran cantidad de información. Por ejemplo, no se conoce la procedencia de muchas de las abundantes piezas menores (monedas, cerámicas, vidrios, pequeñas esculturas, útiles metálicos, etc….) que aparecieron y en los registros hay bastantes errores, fallos que aún se observan en el mismo Museo de Nápoles.

En el momento de la famosa erupción del 79 d.C., Pompeya era una ciudad romana y sus habitantes hablaban y escribían en latín, su arquitectura y sus costumbres funerarias respondían a los patrones romanos y su modo de vida sería como el de cualquier otra ciudad costera de la Italia coetánea. Esta situación, sin embargo, sólo empezó a generarse, y de forma especialmente traumática, 160 años antes, en el 80 a.C., cuando Roma instaló allí una colonia romana de veteranos, la Colonia Cornelia Veneria Pompeianorum, para recompensar a sus antiguos legionarios y, al tiempo, castigar a la ciudad, que había ofrecido fuerte resistencia durante la Guerra Social y luego se había adherido a Mario en su conflicto civil con Sila, a la postre vencedor. La creación de esta colonia fue un acto punitivo en todos los sentidos. La instalación de la colonia supuso que, bruscamente, se convirtiera, a su pesar, en romana. Los nuevos colonos sustituyeron a la elite local en el gobierno e impusieron las leyes, la lengua y las instituciones romanas. Los recién llegados se hicieron con las propiedades y ocuparon las casas de los pobladores originales, que durante varias décadas se vieron relegados en todos los aspectos, especialmente en la vida política.

Por todo esto, la ciudad que ahora vemos no responde a los estereotipos de una urbe romana, sino al resultado final del dominio romano sobre un asentamiento de origen indígena, en este caso samnita, sin que ello signifique que los romanos fueran portadores de una cultura urbana de un nivel superior, más bien al contrario, ya que Pompeya era parangonable a otros centros urbanos de la órbita helenística.

Un urbanismo prerromano
La compleja trama urbana de Pompeya, tanto la de los barrios hipodámicos, como la de otros más irregulares, procede de la época samnita, o arcaica, así como la mayor parte de sus edificios públicos y santuarios, que en época romana sufrieron modificaciones y adaptaciones menores. Las murallas, con sus remodelaciones, también pertenecen a la época prerromana y se usaron precisamente para protegerse de los ataques romanos.
La mayoría de las viviendas también se configuraron en sus líneas básicas en las décadas previas a la llegada de los romanos. En muchas de las casas, a las fases romanas corresponde parte de la decoración parietal y musivaria y algunos tabicados o reformas, siempre dentro de un esquema y estructura de la etapa anterior. Urbanísticamente, la Pompeya que fue sepultada por el Vesubio era una ciudad samnita, trazada y formada en sus líneas esenciales antes de la llegada de los romanos. La heterogeneidad de la trama urbana pompeyana difiere de la ortogonalidad habitual en las ciudades de fundación romana.

Una ciudad en obras
Antes de la erupción, en el 62 d.C., otro desastre natural se había abatido sobre la ciudad, un potente terremoto. Gran parte de sus desperfectos aún no se habían reparado cuando entró en acción el volcán 17 años después. En muchos lugares se aprecia el fuerte impacto sísmico, tanto a nivel estructural como funcional. Bastantes edificios públicos no habían sido reconstruidos, especialmente los de mayor envergadura, caso del antiguo templo Dórico y la basílica. Otros, sin embargo, gracias a la munificencia privada, fueron totalmente restaurados y revalorizados, como el templo de Isis. Algún edificio importante quedó inacabado, como las nuevas y grandes termas centrales, levantadas sobre el espacio de varias casas.
En muchas casas hubo importantes remodelaciones por los daños del terremoto. Muchos muros fueron reparados, reforzados o levantados de nuevo, con un amplio uso del ladrillo, opus latericium, que sería el principal signo distintivo de las numerosas obras que siguieron al movimiento sísmico. Las decoraciones parietales de muchas viviendas también se sustituyeron en ese momento, de ahí el predominio del IV estilo, propio de esos tiempos. Son numerosos los hallazgos relacionados con reparaciones de las casas, especialmente de enlucidos, sorprendidos por la furia del Vesubio. Los efectos colaterales del terremoto también estarían detrás del cambio de funcionalidad de algunos espacios, en un principio destinados a vivienda, y en esta fase final habilitados a tareas productivas con la instalación de prensas y balsas para la transformación de alimentos. El tapiado de los accesos a las tabernae exteriores también es frecuente, lo que significaría la venta de estos lugares comerciales, en principio dependientes de los propietarios de la casa. Estas forzadas remodelaciones, tendentes a extraer beneficios económicos, se deberían a las dificultades por las que pasarían muchos pompeyanos tras la destrucción de sus casas.

Pompeya se considera, con razón, como la muestra mejor conservada que nos ha llegado de una ciudad romana, consideración tan cierta como matizable, visto el estado aun deteriorado de algunos edificios y casas de la ciudad en el momento de la erupción. La definición exacta de la realidad de Pompeya sería la de un centro de estructura urbana samnita, pero de aspecto exterior romano. Sobre su estado de conservación, hay que dejar constancia que los efectos del terremoto aún eran muy palpables en el momento de la erupción y no estamos, pues, ante una ciudad intacta sino ante una que estaba inmersa en un largo proceso de reconstrucción.

La supervivencia de Pompeya
En la actualidad, a pesar de lo que dicen las guías turísticas, la mayor parte de las más de 800 casas romanas no son accesibles al público, incluidas algunas de las más importantes. Predominan los graves problemas de seguridad por el deterioro de los edificios, amén de otros de diversa índole relacionados con la accesibilidad y la vigilancia. La gran extensión de Pompeya, un clima muy lluvioso y húmedo, la proliferación de plantas, la intemperie provocada por la falta de techados y los terremotos, se aúnan para crear un marco complicado a la hora de pensar en el futuro de este extraordinario lugar. Por si esto ya fuera mucho, la acción antrópica muchas veces aún ha sido peor. Todos los años, unos dos millones de turistas invaden, recorren y, voluntaria o involuntariamente, deterioran las calles, las paredes y los pavimentos de las pocas casas que están abiertas al público. Recientemente, se ha asistido a una aceleración de este deterioro, manifestado mediáticamente por los derrumbes de varias fachadas de la Vía de la Abundancia, que es un lugar muy concurrido por los turistas, de ahí que haya tenido especial trascendencia. Pero esta situación no es nueva, lo especial ha sido que haya tenido lugar en una zona muy frecuentada e imposible de ocultar a los visitantes, y que, además, los avatares de este desastre probablemente tengan que ver con obras recientes de la misma administración. Desde hace muchos años, una buena parte de la superficie de la ciudad esta clausurada por peligrosa.

Ante esta situación, se están empezando a tomar algunas medidas extraordinarias, como la llegada de fondos de la unión europea. Existe una larga tradición de misiones de investigación arqueológica, tanto italianas como extranjeras, pero ya no lo son tanto las dedicadas a su conservación y protección. En el deteriorado estado actual de Pompeya, habría que intentar fomentar las iniciativas en este sentido. Todo esfuerzo en esta línea siempre será poco para paliar este enorme desafío.

 

  1. Albert RiberaAlbert Ribera

    Nació en Valencia en 1956. Arqueólogo del Ayuntamiento de Valencia, es desde 2003 Jefe  de la Sección de Arqueología de esta entidad y, desde 2008, director del Centro Arqueológico de l’Almoina. Licenciado y Doctor en Arqueología por la Universidad de Valencia. Es autor de tres libros monográficos: Las anforas prerromanas valencianas (1982), Valencia romana: informe preliminar (1983) y La fundació de València (1998) y editor y coautor de 17 monografías, además de numerosos estudios científicos en revistas especializadas españolas y extranjeras. Ha dirigido más de 50 campañas de excavaciones, la gran mayoría en la ciudad de Valencia, destacando las de la Almoina, el Saler y la Malvarrosa, así como las de la Casa de Ariadna y la Via degli Augustali en Pompeya. Ha sido profesor de Técnica arqueológica en el Máster de la Universidad Politécnica de Valencia sobre Rehabilitación del Patrimonio e impartido cursos y conferencias en diversas universidades españolas.