José Manuel Caballero Bonald Autobiografía intelectual

José Manuel Caballero Bonald

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José Manuel Caballero Bonald y Julio Neira
José Manuel Caballero Bonald, dirección
Poeta, novelista, ensayista, memorialista y Premio Cervantes 2012, José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) acude a la Fundación a ofrecer su “Autobiografía intelectual”, a repasar su itinerario vital y creativo. Y lo hará en diálogo con Julio Neira, catedrático de Literatura Española de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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  1. José Manuel Caballero BonaldJosé Manuel Caballero Bonald

    Poeta, novelista y ensayista, nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1926. Estudió Astronomía en Cádiz y más tarde Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid. Pertenece al grupo poético de los 50 junto a José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo y Jaime Gil de Biedma, entre otros. Vivió fuera de España por varios años y a su regreso trabajó en el Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española. Obtuvo el Premio Boscán y de la Crítica de Poesía en 1959, el Biblioteca Breve en 1961, el de la Crítica de Novela en 1975, el de la Crítica de Poesía en 1978, el Plaza y Janés en 1988, el Premio Andalucía de las Letras en 1994, el XIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía en 2004, el Premio Nacional de Letras en 2005, el Premio Nacional de Poesía 2008 y el Premio Cervantes 2012. En 1996 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía. De su obra poética se destacan: Las adivinaciones (1952), Memorias de poco tiempo (1954), Pliegos de cordel (1963), Vivir para contarlo (1969), La costumbre de vivir (1975), Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981), Tiempo de guerras perdidas (1995), Diario de Argónida (1997), Copias del natural (1999) y Manual de infractores (2005). Su última obra es Oficio de Lector (2013).

  2. Julio NeiraJulio Neira

    Nacido en Madrid, en 1954, es catedrático de Literatura Española de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Doctor en Filología desde 1981 con una tesis pionera sobre el poeta surrealista malagueño José María Hinojosa, ha publicado numerosos libros y artículos en las principales revistas filológicas y en volúmenes colectivos sobre las figuras de la poesía española contemporánea; entre otros sobre Manuel Altolaguirre, Emmilio Pardos y la revista Litoral, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Luis Cernuda, José Moreno Villa, Gerardo Diego, José María de Cossío, Blas de Otero, José Hierro, José Antonio Muñoz Rojas, Ángel González, Luis García Montero, Lorenzo Oliván, etc. A él se debe el primer tratado universitario sobre problemas ecdóticos (La edición de textos: poesía española contemporánea (2003) y es un destacado editor de epistolarios entre poetas contemporáneos. En 2007 obtuvo el Premio de Investigación del Consejo Social de la Universidad de Málaga por su estudio Manuel Altolaguirre, impresor y editor, publicado en coedición con la Residencia de Estudiantes. También es autor de los volúmenes de ensayos La quimera de los sueños. Claves de la poesía del Veintisiete (2009) y Trasluz de vida. Doce escorzos de Gerardo Diego (2013), del estudio Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (2012), así como de la antología Geometría y angustia. Poetas españoles en Nueva York (2012).


    En el último decenio ha compaginado la investigación filológica con la gestión cultural. Entre 2003 y 2008 fue director del Centro Cultural Generación del 27 de la Diputación de Málaga. Entre 2008 y 2011 fue Coordinador General del Centro Andaluz de las Letras (Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía). Y entre febrero de 2011 y junio de 2012 ha sido Director General del Libro Archivos y Bibliotecas de la Junta de Andalucía. Reincorporado a su cátedra a principios del presente curso, prepara un estudio sobre José Manuel Caballero Bonald.

     

     

     

     

     

José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) es sin duda la personalidad actual más importante de las letras españolas, y la unánime satisfacción con que ha sido acogida la concesión del Premio Cervantes del 2012 así lo corrobora. Aprendió a amar la aventura desde niño a través de las novelas de Salgari, Verne, Stevenson, London, Conrad, etc., y estudió para marino, hasta que comprendió que la aventura no estaba en el mar, con ser este fuente de inesperados peligros, sino en la literatura, lo que decidió su irrevocable vocación de escritor.

Autor prolífico, pero exigente de la calidad del acabado de sus obras, ha publicado once libros de poemas, cinco novelas, dos libros de memorias y numerosos libros de ensayos etnográficos (el vino, el baile, las costumbres de la Baja Andalucía, la Sevilla del Siglo de Oro, pintura, etc.), además de cuentos, relatos de viaje y estudios literarios  que, junto a su labor como investigador de las raíces puras del  cante flamenco, le convierten en una de las principales figuras intelectuales de nuestro tiempo. Toda su obra literaria, tanto la de ficción como la memorialista e incluso la ensayista, está concebida a partir de dos vectores convergentes: un germen autobiográfico, que proporciona al conjunto una inusual coherencia argumental, y una inequívoca convicción de que la literatura es ante todo una experiencia del lenguaje y que es sólo en la escritura donde tiene lugar el acto creador. Su voluntad de estilo confiere a sus obras una identidad inconfundible.

Su fecundidad creadora y la pulsión de rebeldía que le caracterizan desde la juventud hicieron de la suya una poesía insumisa a las pautas estéticas de cada época, y la han llevado más allá de los límites temporales que él mismo fijaba. Así, cuando se creía cerrado su mundo poético con Diario de Argónida (1997), el imperativo ético que siempre ha dirigido su trayectoria personal le impelió a escribir Manuel de infractores (2005), un libro donde la indignación ante la injusticia de la guerra y de la acción del gobierno Aznar se manifiesta con clamorosa rotundidad y enérgica claridad expresiva. Le siguió La noche no tiene paredes (2009), una reconsideración de episodios personales que leyeron en clave conclusiva y de cierta reconducción estilística a posiciones más comunicativas. Pero, en un magistral pulso a todo, en Entreguerras (2012) nos ofrece un libro inusual en nuestra tradición poética: un testimonio autobiográfico de más de tres mil quinientos versos, con precisa estructuración y espléndida potencia verbal, que es al tiempo examen de conciencia, legado de experiencias, y manifiesto de lealtad a una concepción barroca del lenguaje poético. Se trata de la culminación de un ciclo de senectute sin parangón en el último siglo por su calidad y su vitalidad creadora.

En la narrativa de Caballero Bonald se funden vida y ficción en dosis variables. En sus ficciones es posible identificar algunos episodios biográficos que operan junto a mecanismos argumentales fabulados en el desarrollo de la narración, desde el conocimiento directo del mundo de las viñas y las bodegas en Dos días de setiembre (1962), a las vivencias del Coto de Doñana en la tenida por más irreal y mitológica Ágata ojo de gato (1974), dos novelas a mi juicio dignas de los más relevantes lugares en la narrativa española contemporánea; e incluso los síntomas patológicos cerebrales que sufre el protagonista de Campo de Agramante (1992).

Los dos volúmenes de memorias, Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001),  constituyen magníficos ejemplos de su arte de narrar la propia vida, donde la ficción viene a auxiliar las lagunas de la memoria o directamente los olvidos, voluntarios o azarosos, de ahí el acertado título de su refundición en un solo tomo: La novela de la memoria (2010).

El conjunto de su obra nos permite recomponer una personalidad inconformista, tenaz defensora de los derechos humanos, intransigente con la injusticia social, cuya posición política se ha identificado siempre con lucha por la libertad, lo que le llevó a una participación activa en la oposición al franquismo, en la que se inició junto a Dionisio Ridruejo, con quien compartió prisión durante un mes en 1966, y en la que colaboró luego con el Partido Comunista, al que, sin llegar a militar nunca, representó en diversos órganos colectivos durante la transición. Si en la literatura de Caballero Bonald es claramente perceptible el compromiso con una estética de la calidad estilística, no lo es menos su compromiso con la ética de las convicciones, de la lucha por la libertad democrática y la justicia, que se manifiesta en la defensa de los menesterosos y desfavorecidos, de los republicanos represaliados de la posguerra y de los gitanos oprimidos durante siglos. La suya es una voz que ha sabido mantener la dignidad y la integridad personal durante su larga trayectoria. No encuentro mejor paradigma vital, social y literario para las futuras generaciones.