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David y el Reino

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Joaquín Sanmartín

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  1. Joaquín SanmartínJoaquín Sanmartín

    (Zaragoza, 1941) Realizó estudios de Hebraística, Asiriología, Egiptología, Hititología y Teología en Roma, Innsbruck y Münster.
    Es catedrático emérito de Filología Semítica de la Universidad de Barcelona y, en la misma Universidad, coordinador del Grupo Consolidado de Excelencia “Lingüística Oriental” y miembro del Instituto Universitario de Estudios del Próximo Oriente Antiguo, el cual dirigió durante doce años. Sus líneas de investigación son la filología semítica comparada, y la morfología y lexicografía de las lenguas paleosemíticas y semíticas medias (especialmente acadio, ugarítico, fenicio, hebreo). Ha dedicado su atención a los aspectos culturales del Próximo Oriente Antiguo (religión, sociedad y economía) y publicado más de 200 títulos entre artículos científicos y libros, entre ellos la edición, traducción y estudio de los Códigos legales de tradición babilónica (1999) y la Epopeya de Gilgameš, Rey de Uruk (2005, 2 eds. 2010). Es coautor de Keilalphabetische Texte aus Ugarit con Manfried Dietrich y Oswald Loretz (1976, 3 eds. 2013) y del Diccionario de la lengua ugarítica I y II con Gregorio del Olmo (2 vols. 1996 y 1998, traducido al inglés en 2004) .

Siempre que hablamos de Historia, hablamos de la “construcción” de una historia. Los textos sobre los que suele construirse hoy la Historia del antiguo “Israel” –en este caso de la figura de David y su Reino– pueden ser abordados desde diferentes perspectivas. Unas, sacralizando el texto como la fuente de la verdad, mientras que otras, más críticas con el valor de las “fuentes”, prefieren preguntarse por el sentido que a esos relatos quisieron darles sus autores, y por los objetivos ideológicos que esos autores perseguían. En muchos casos, por fin, se ha prescindido de toda curiosidad histórica, en un sentido u otro, y proyectado al personaje en los cielos del arte (como Michelangelo) o en los infiernos de la literatura (como Faulkner).

Todo parece indicar que las fuentes no nos facilitan el acceso a una serie de “acontecimientos” del pasado (la realidad histórica) en directo, sino en primer lugar al “sentido de la historia” –o percepción de la realidad histórica– que tenían quienes compusieron los textos. Si esto fuese así, el resultado de este estudio sería que el cuadro que de David y de su Reino nos pinta el texto bíblico es básicamente una construcción artificial motivada por los intereses teológicos y políticos de los autores de esos relatos y por las expectativas de su público.

David y el reino es una versión más del gran mito de la Historia. Su estudio exige abordar las estructuras mayores de la narrativa bíblica en los libros “históricos”, dando un repaso a las diversas tradiciones davídicas. Básicas son, en este aspecto, las figuras del “rey” (malk) en el ámbito del Próximo Oriente Antiguo y en la visión deuteronómica del judaísmo. La actitud histórico-crítica nos exige también examinar de cerca los modelos mentales de la Arqueología y la Literatura “bíblicas”.

David y el reino es, también, la historia de un mito. La figura de David es el motor de toda una teología política y una política teológica. La “Casa de David” y “Judá” resumen las esencias del judaísmo tardío, y del mesianismo que está en las raíces mismas del cristianismo. Dos mil años más tarde, el “escudo de David”, disfrazado de estrella, es el símbolo del judaísmo y del Estado de Israel.