Leptis Magna, la ciudad libia del emperador Septimio Severo Ciclos de conferencias Las ciudades en la antigüedad mediterránea (II)

Leptis Magna, la ciudad libia del emperador Septimio Severo

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Antonio Alvar

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  1. Antonio AlvarAntonio Alvar

    Es catedrático de Filología Latina de la Universidad de Alcalá, institución en la que ha ocupado los cargos de director del Departamento de Filología, director de la biblioteca y vicerrector de Extensión Universitaria. Es profesor del Máster en Arqueología y Gestión de Patrimonio en el Interior Peninsular de la Universidad de Alcalá.

    Ha recibido el Premio Nacional de Traducción (1992) por Obras de Décimo Magno Ausonio. Doctor en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, como investigador se ha formado en las universidades Complutense de Madrid y Autónoma de Madrid, State University of New York, Sorbona de París y KU de Lovaina. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y director académico de Liceus-Portal de Humanidades.

    Entre sus temas de investigación se encuentran la poesía latina desde la Antigüedad Clásica hasta el Renacimiento y el humanismo renacentista; también ha realizado publicaciones en otros dominios de la Filología Latina (Lingüística, Epigrafía, Numismática, etc.). Ha publicado los libros La Universidad de Alcalá de Henares a principios del siglo XVI (1996), Exilio y elegía latina: entre la antigüedad y el renacimiento (1997), El español en Venezuela: estudios, mapas, textos (2001) El español en México. Estudios, mapas, textos (2010), ambos en colaboración con Manuel Alvar y Florentino Paredes García, De Cátulo a Ausonio: lecturas y lecciones de poesía latina (2009). Ha coordinado, recientemente, La vida a escena: ayer y hoy del teatro clásico (2015) y La Biblia Políglota Complutense en su contexto (2016).

Leptis Magna, situada en la costa libia cerca de Trípoli, es una fundación fenicia pero conoció su máximo esplendor durante el imperio romano y, en particular, en el s. III bajo el reinado de Septimio Severo, nacido en ella. En efecto, ese emperador la monumentalizó de manera espléndida y generosa, haciendo traer los más bellos materiales constructivos de lejanos lugares, hasta convertirla en una de las ciudades más hermosas del Mediterráneo. Sin embargo, sus habitantes apenas pudieron gozar de sus encantos más de un siglo pues diversas catástrofes naturales arruinaron el sueño del emperador africano, de modo que a finales del bajo imperio la ciudad estaba prácticamente abandonada. Poco a poco fue quedando cubierta por las arenas del desierto cercano, hasta desaparecer por completo. En el s. XVII fue reencontrada y desde entonces atrae y cautiva tanto a sus visitantes como a los estudiosos, pues es, a pesar de su azarosa existencia, uno de los enclaves arqueológicos mejor conservados del mundo romano.