Commentary on a collection

Jorge Oteiza


The artists | The authors of the texts

Caja metafísica

Francisca Pérez Carreño

Catedrática de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de Murcia

Como para otros grandes artistas de la vanguardia clásica para Jorge de Oteiza abstracción era otra palabra para "mística". Oteiza consideraba el arte como un modo genuino y quizá el más adecuado de expresión de las aspiraciones humanas de trascendencia, el lugar de manifestación de lo sagrado. Como en el caso de Malevich, a quien tanto admirara, esta aspiración está ligada al uso de la razón y de la investigación artística formal. Es así porque la abstracción permite evitar aquello que dentro del arte lo desvía de lo verdaderamente importante: el subjetivismo, la anécdota, el sentimentalismo. Por el contrario, la abstracción permite que el arte se una al pensamiento filosófico en la investigación racional de lo real, en la búsqueda de sentido. Como en las vanguardias clásicas, confiar en la capacidad de conocimiento del arte y en la tarea intelectual del artista están en Oteiza ligadas a la justificación ideológica del arte como utopía, a la realización del hombre nuevo. La Caja metafísica de 1957 es el resultado de años de investigación y trabajo sobre estas ideas: ejemplo de fuerza y pureza, de la elevación espiritual a través del arte.

Al contrario de los minimalistas americanos, que en la década posterior buscarán en la geometría el modo de hacer evidentes los rasgos de la experiencia humana del mundo, Oteiza -aunque en ocasiones haya sido considerado un minimalista español- busca en la geometría el modo de trascender esa experiencia intramundana. La geometría platónica le sirve para pensar artísticamente las grandes ideas, que exceden a los modos de percepción y de conocimiento sensibles, aunque sea dotándolas de forma  sensible. El único modo de llevar a cabo la tarea con total coherencia es despojando a estas ideas metafísicas y a su exposición sensible de cualquier rasgo determinante, de anécdotas temporales o espaciales, de argumentos representacionales o detalles personales. Curiosamente, es la escultura la forma artística que permite una expresión más ajustada de alguna de estas ideas. A pesar de su ineludible carácter material, de su literalidad, Oteiza trabaja sobre las posibilidades de espiritualización a partir de uno de los principales elementos descubiertos para ella por la vanguardia: el hueco, el vacío. Sus obras escultóricas abstractas de "desocupación" son ejercicios de activación del espacio tridimensional, como las pinturas de Malevich lo eran del espacio pictórico. La Caja metafísica  de 1957 es uno de sus resultados finales, como lo fuera el Cuadrado negro sobre blanco en 1915 para la pintura.

En una posible comparación con el Cuadrado negro sobre blanco, la Caja metafísica se me presenta como una obra madura, resultado de una serie, en relación a la cual tiene sentido. Su aparente simplicidad formal es en realidad el resultado de una investigación cuyas etapas anteriores -como siempre sucede en arte- le dan sentido. En este caso, la fórmula más sencilla de desocupación espacial es también la más elegante. Como lo era la elipse para las órbitas de los planetas y Kepler sólo lo vio tras ensayar con otras formas geométricas. Homenaje a Malevich de Oteiza activaba el espacio al inducir una percepción del espacio sugerido dentro o fuera de los planos curvados que conforman materialmente la escultura. En otro homenaje a un vanguardista, Homenaje a Mallarmé, es la relación entre los planos, sus intersecciones, los ángulos creados, o el dibujo del contorno y las sombras los que tematizan el espacio. Dentro de una poética vanguardista, el equilibrio, la relación entre la horizontal y la verticalidad, el exterior y lo interior, son trabajados en estas obras a través de la construcción, la relación entre los elementos en la composición. Considero que la Caja metafísica es un paso en esta serie que significa un gran cambio. El cambio reside en que el procedimiento artístico ya no es constructivo, es decir, ya no se persigue crear una unidad a través de la combinación de elementos (en los casos anteriores, planos,) aislados. No se trata, evidentemente, de que la caja no se haya construido, pero el procedimiento mediante el que ha llegado a ser no se recupera en la percepción interpretativa de la obra, como sucede en la escultura constructiva vanguardista. Ahora, la obra es una unidad lograda: una pieza en la que el procedimiento, el trabajo de composición o de ensamblaje de los elementos no es fundamental. Por esa razón las tensiones constitutivas no se dan entre los distintos elementos y el todo, la horizontal y la vertical, ni siquiera entre el hueco y el volumen, o el espacio y el plano. La tensión fundamental parece ser más abstracta, y ya no de índole estrictamente escultórico, sino también filosófica: la tensión entre el ser y la nada.

Así pues, en principio, una caja no es una construcción en el espacio, un ensamblaje o composición, sino un contenedor, un delimitador de espacio. Y en ese sentido, una caja vacía delimita un espacio vacío. Pero no es solo eso la caja de Oteiza, porque ella no retiene un vacío, sino que señala a lo que hay antes, el espacio como lugar, como extensión originaria. El vaciado, o la desocupación, no tienen finalidad en sí mismas, son el modo de señalar el espacio absoluto. Las delgadas paredes de bronce de la Caja metafísica no ocupan un lugar, ni muestran un vacío, no encierran un espacio ni lo rellenan, sino que son el edificio mínimo con que se señala a lo absoluto. Caja metafísica es un cubo geométrico, un cuerpo ideal cuyas depuradas líneas sirven a la creación de un vacío ideal, sagrado, según Oteiza. El cubo es el lugar desde el que pensar lo absoluto, pero también en elque pensarlo, un lugar de "protección espiritual", como en una casa o en un refugio, después de todo. De este modo, la nada a la que aspira a dar forma con la escultura me parece un modo de plasmación de oscuros y primitivos miedos. La pureza platónica de la forma geométrica y el espacio desocupado contribuyen a expresar quizá lo que en el fondo no es sino el mismo sentido de experiencias infantiles como la de la oscuridad, la inmensidad del cielo, la profundidad de un pozo...

La Caja metafísica es el pensamiento plástico de la relación entre el individuo y el cosmos que tiene una expresión formal y también metafísica, pero no olvida en el arte el carácter emocional que tiñe ciertas experiencias de la naturaleza en las que se sugiere la relación entre el individuo y el universo. En el arte abstracto más serio este carácter expresivo no tiene el contenido de una emoción concreta negativa o positiva, pongamos de soledad o angustia, en el primer caso, o de exaltación, en el segundo, de un sujeto ante la naturaleza. Algunos rasgos formales de las Cajas metafísicas sugieren la pertinencia de una interpretación expresiva, que ha sido señalada en ocasiones, es decir, contribuyen a la carga expresiva de esta escultura. Esta expresividad de la escultura no va en contra de su intención como pensamiento estético, sino que retoma el tema central del vacío, la relación del hombre con el universo, y, por tanto, su carácter experiencial. La perfección está reñida con lo sublime; por eso, a pesar de la pureza formal, de la regularidad del cubo que inscribe el espacio, de los ángulos rectos de sus aristas y  vértices, de la nitidez del corte, el espacio desocupado del cubo tiene la forma que le proporcionan los cortes en sus lados. Y es una forma expresiva, en la que ninguna recta es perpendicular o paralela a las otras, ningún corte es previsible, ningún modo de dejar paso a la nada idéntico a otro. Las diferentes Cajas metafísicas son diversas porque no hay un único pensamiento del vacío o de la nada. Por eso, cada Caja metafísica sugiere el pensamiento de la nada a partir de una determinada configuración del corte en lo que hay, de una desocupación concreta del espacio.