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La colección

Néstor Basterretxea

Bermeo (Vizcaya), 1924–Fuenterrabía (Guipúzcoa), 2014
Progresión, 1959Progresión, 1959

Esta pieza, que data de 1959, marca un hito en la carrera artística de Néstor Basterretxea ya que fue realizada el año en el que abandona la pintura para dedicarse exclusivamente a la escultura, género con el que ha conseguido merecidos éxitos.

La obra, realizada sobre una plancha cuadrada de pizarra, es todavía un plano, como el del lienzo del cuadro tradicional, sobre el que el artista ha dibujado unas figuras. Sin embargo, la materialidad pétrea de la pizarra, su opacidad, color y peso remiten a la idea de escultura, al igual que las figuras que no han sido pintadas ni, estrictamente hablando, dibujadas, sino grabadas, surcando la negra piedra con útiles de escultor.

Estas figuras, por su parte, revelan un tema importante en esta época: la necesidad de realizar un arte abstracto que no fuera ni de origen surrealista ni expresionista, fuentes en las que bebía el informalismo. Tanto en el Equipo 57 como en el Grupo Gaur (cofundados ambos por Basterretxea) algunos escultores, entre ellos Oteiza y Chillida, abrazaron la idea, durante los años cincuenta, de desarrollar algunos de los presupuestos del constructivismo que habían quedado ocultados por el éxito del expresionismo abstracto.

Las figuras que vemos en esta obra retoman el origen geométrico del constructivismo: trazadas con líneas rectas forman figuras trapezoidales que se agrupan siguiendo ritmos entrecortados. Pero frente a las corrientes más normativas y puristas, estas superficies geométricas parecen inquietas, ligeramente desplazadas del centro, muestran su irregularidad y, ocupando los extremos de la obra, evidencian un vacío en la parte superior que manifiesta una irreductible posición contra el orden jerárquico.

Javier Maderuelo, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016