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La colección

Antonio Lorenzo

Madrid, 1922–2009
Número 396, 1964Número 396, 1964

Si hay un miembro de la generación española de los cincuenta al que le cuadra el calificativo de "paisajista abstracto", ese es Antonio Lorenzo. Número 396, que resplandece en la sala negra del museo y nos atrae como un imán, es un buen ejemplo de la capacidad de este pintor sensible para crear, con medios puramente plásticos, el equivalente de un paisaje.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde se reencontró con Daniel Vázquez Díaz, del que había sido discípulo durante la guerra, Lorenzo conectó pronto con los medios renovadores. En la nota autobiográfica incluida en el catálogo de su muestra de 1965 en las salas de la Dirección General de Bellas Artes –muestra en la que esta obra figuró en un lugar destacado– señala que en ese año "comienza las experiencias de pintura abstracta, influido por el contacto con pintores americanos y algún español, Gerardo Rueda especialmente".

Lorenzo, que jamás perteneció a grupo alguno, expuso varias veces en Fernando Fe, una de las galerías renovadoras del Madrid de aquel momento, y estuvo presente en numerosas colectivas importantes. Además de como pintor, ha destacado en el campo del grabado: en 1970, el museo editó su libro de aguafuertes Diez variaciones sobre un mismo tema. También hay que recordar sus agudos textos sobre otros miembros de la generación. En 1963 escribió un libro sobre los dibujos de Fernando Zóbel y en 1965 un texto incluido en el mencionado catálogo... sobre Antonio Lorenzo.

En Número 396 Lorenzo crea, por medio de empastes, un espacio. Un espacio estructurado, ordenado, en cuyo borde inferior hay –de ahí la sensación paisajística– unos núcleos que definen un horizonte.

Juan Manuel Bonet, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016