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La colección

Manuel Millares

Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas), 1926 - Madrid, 1972
Sarcófago para Felipe II, 1963Sarcófago para Felipe II, 1963

Desde el título mismo, Sarcófago para Felipe II, Manuel Millares deja claro en qué contexto se inscribe este cuadro monumental y fúnebre, uno de los más importantes de cuantos realizó a lo largo de los años sesenta.

1963, 1964 y 1965 fueron años decisivos en la producción del artista. El pintor atravesaba una fase que podríamos definir como realista, en la que necesitaba precisar más que nunca los objetivos que había empezado a definir a finales de los cincuenta en textos como "El homúnculo en la pintura moderna", aparecido en el número que Papeles de Son Armadans dedicó a El Paso.

Felipe II, y de un modo más general la España Negra, fue en aquellos años fuente de inspiración para no pocos de nuestros artistas. Además de Millares, se inspirarían en aquel monarca Antonio Saura, Manuel Rivera y el Equipo Crónica.

Hay en este Sarcófago un lado funerario, solemne, arcaico, que nos habla de la afición del pintor por la arqueología. Recordemos el interés que ya de joven manifestaba por las momias guanches del Museo Canario de Las Palmas, su ciudad natal. Hay, sí, en su personalidad una vertiente oscura, de hombre fascinado por los pudrideros, por los despojos, por las ruinas, por las tumbas y las excavaciones. Todo ello aflora aquí, y sería demasiado simple pretender explicar una imagen tan poderosa como esta como una mera "crítica". Vemos también en esta obra la conciencia del artista de ser parte de esa tradición, con la que mantiene una mezcla muy peculiar de amor y odio. La crítica, por lo demás, va más allá de una circunstancia política concreta: es de raíz ética.

Galería de la mina, 1965Galería de la mina, 1965

Si en Sarcófago para Felipe II (1963) acompañamos a Manuel Millares en su recorrido por el laberinto de la memoria escurialense, en este cuadro más pequeño y prieto en su factura le vamos a seguir por la "galería de la mina". No es la única vez que tal metáfora aparece en la obra de Millares. Como la arqueología, que fue una de sus pasiones, la minería también es una actividad que requiere remover la tierra, horadarla, construir protecciones contra sus desprendimientos.

Naturalmente todo esto son metáforas, maneras de hablar de una obra que, como otras muchas del arte moderno, es difícil de "explicar" con palabras. Y sin embargo, al igual que Sarcófago para Felipe II sugiere la imagen de un sepulcro con un cadáver tendido en su centro, esta Galería de la mina no deja de ser contemplable, con la indispensable ayuda de su título, como un espacio figurado en el que la zona baja aparece virgen de pintura y transitable, mientras que sobre ella se recorta amenazante el perfil de las tradicionales arpilleras rotas y recosidas de Millares.

Como siempre en la pintura del canario, nos quedamos admirados, a la postre, de ver cómo un tema tan duro, y unas técnicas que cuando aparecieron fueron denostadas por algunos y alabadas por otros como una manifestación de feísmo, dan como resultado un cuadro de una sobrecogedora belleza, de un gran equilibrio, incluso podríamos decir que de una rara serenidad. De tal clase de misterios, de trasmutaciones, está hecho el arte.

Antropofauna, 1971Antropofauna, 1971

Siempre que pienso en la última etapa de la obra de Manuel Millares, tempranamente fallecido en 1972, lo primero que me viene a la mente es la rotunda y hermosa definición que de ella dio el crítico portugués José Augusto França: "La victoria del blanco".

No es que no hubiera blancos en la obra de Millares antes de ese periodo final. Los había, y rosas, y grises. Nunca el negro sepulcral fue en su obra tan negro como para dominarlo todo. Nunca dejó de haber, en ese universo torturado, espacios blancos: los vemos por ejemplo en Galería de la mina (1965).

A medida que se avecinaba su muerte, Millares, con la salud ya maltrecha, fue situándose en una región de una serenidad mayor que cualquiera de las atravesadas por él con anterioridad. Frente a la visión negra del "homúnculo", frente a la etapa realista de Sarcófago para Felipe II (1963), frente a la sátira antifranquista de Artefactos para la paz (1964), el periodo final, el de Neanderthalios y Antropofaunas, es una hermosa clausura en lo blanco, en lo universal. Para entender la genealogía de tales obras puede sernos útil saber que la muerte del artista estaba próxima y también conocer el viaje que el pintor realizó al Sahara, viaje en el que tomó muchos esqueletos de animales al borde de la carretera.

Estos nuevos planteamientos, por lo demás, no excluyen la permanencia de ciertos motivos formales recurrentes en su obra, ni la presencia de otras pinturas con la misma negrura habitual, como vemos en Homenaje a Miguel Hernández (1967). Mención especial merece también la carpeta de 1971, Descubrimiento en Millares 1671 –diario de un arqueólogo imaginario del Siglo de Oro– editada precisamente por este museo.

Juan Manuel Bonet, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016



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