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La colección

Lucio Muñoz

Madrid, 1929–1998
Estructura verde y negra, 1961Estructura verde y negra, 1961

Lucio Muñoz se incorporó al expresionismo abstracto en 1956 durante una decisiva estancia en París, el París donde Michel Tapié predicaba la buena nueva del art autre. Un par de años después de comenzar a practicar una pintura a la que añadía papeles y tierras, y que por lo tanto según la terminología de la época cabe definir como "matérica", se produjo su encuentro con el material que sería el soporte de la mayor parte de su producción posterior: la madera.

Los años 1960 y 1961 fueron importantes para Muñoz tanto por la difusión internacional que alcanza su obra como por ser el momento en el que empieza a ahondar en su universo plástico. De aquellos años son algunos de sus cuadros más graves, más austeros. Su superficie está cubierta de arañazos, de parches, de huecos, mas no prevalece en ellos la destrucción. En el aspecto cromático también hay sorpresas: dominan el negro, el gris, el pardo y demás colores oscuros, pero entre esos colores se van filtrando, como en sordina, otros más vivos: azules, malvas, rojos, verdes.

Estructura verde y negra es un paisaje abstracto. No quiero decir que la intención de su autor al pintarlo fuera necesariamente evocar un lugar geográfico concreto, pero estoy seguro de que buena parte de los espectadores que lo contemplan lo sitúan, debido a la gama de colores empleados y también a una cierta organización formal, en la categoría convencional de "paisaje".

Si otros artistas de la generación bucearon en los fastos, las ruinas y las tragedias de nuestra historia, Muñoz, también noventayochista a su manera, prefirió mirar hacia los escenarios naturales de esa historia. Como a otros pintores andariegos de la generación, ambas Castillas le atrajeron desde siempre.

Sitial, 1965Sitial, 1965

Esta obra pertenece a un periodo en el que Lucio Muñoz ya andaba tanteando las posibilidades de una obra más objetual. No encontramos ya aquí las laceraciones, las hendiduras que desgarraban la superficie de sus primeras tablas. Formalmente todo está más ordenado. Unos años antes habría sido impensable una composición de Muñoz tan fuertemente apoyada en la geometría.

Sitial tiene, por otra parte, algo de objet trouvé. Como en otros cuadros de esa época, Muñoz parte aquí de una vieja moldura de madera. Ese elegir una pieza encontrada y conferirle presencia artística es una operación que podríamos calificar de arqueológica. Arqueólogos del presente más próximo han sido, en cierto modo, algunos artistas recientes: el Kurt Schwitters de los Merzbau, el Joseph Cornell de las "cajas", la Louise Nevelson de las grandes construcciones de madera o –más cerca de nosotros y de Muñoz– cierto Millares.

Pese a su geometría Sitial es un cuadro inquietante, con ese lado de misterio cotidiano que a partir de un momento van a tener todas las creaciones de Muñoz. Lo cotidiano y lo fantástico, sí, se dan la mano en esta imagen, evocadora de lúgubres penumbras catedralicias. Esa dimensión de cercana inquietud se iba a acentuar en el periodo en el que el pintor creó extraños seres que participan a la vez del reino animal, del mineral y del vegetal, y que se despliegan sobre fondos lunares.

Sitial es también un cuadro que permite apreciar el refinamiento de este pintor de paleta oscura a la hora de introducir, en su universo sombrío y nocturno, ciertos colores más vibrantes, como el rojo y el azul.

Juan Manuel Bonet, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016



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