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La colección

Pablo Palazuelo

Madrid, 1915–Galapagar (Madrid), 2007
Ascendente (Un dado cubista), 1954Ascendente (Un dado cubista), 1954

En el verano de 1954, cuando ya había emprendido una exitosa carrera como pintor abstracto en París, Pablo Palazuelo decidió, tal vez inducido por su amigo Eduardo Chillida, iniciarse en el arte de la escultura. Surgió así una pequeña pieza en barro que, en principio el artista tituló Un dado cubista. En septiembre de ese año llevó la pieza a la fundición Codina de Madrid y realizó un vaciado de ella en bronce. El título Ascendente, con el que ahora se conoce, expresa un propósito o un deseo, ya que el "dado cubista" ha sido desplegado, sus caras se abren, una de ellas asciende girando hacia arriba pero, en general, la obra, a pesar de su pequeño tamaño, resulta maciza y pesada. El modelado, con su áspera extura, acentúa la pesantez de la masa compacta y opaca del bronce.

Ese otoño de 1954, el artista le enseñó Un dado cubista a Louis Clayeux, director de la Galerie Maeght, y este le contestó que a él no le gustaban las esculturas realizadas por pintores, con lo cual parecía que se cerraba una posibilidad de expansión en la obra de Palazuelo hacia el campo tridimensional de la escultura. Pero este no se amilanó y hacia 1962, siguiendo la evolución de su pintura, empezó a siluetear dibujos y a realizar maquetas. Con unas tijeras recortaba superficies sobre finas chapas de metal que luego plegaba, de esta manera daba alas a sus planos dibujados, que adquirían tres dimensiones. En Ascendente, con el intento de despliegue de su volumen, se encuentra el germen de este nuevo tipo de escultura madura, serena y elegante, surgida en los años setenta.

Javier Maderuelo, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016

Omphale V, 1965-1967Omphale V, 1965-1967

Pablo Palazuelo, que iba para arquitecto, se dio a conocer como pintor en el Madrid de los primeros años cuarenta. Entonces se situaba dentro de las coordenadas muy moderadamente modernas de lo que pronto se conocería como "Escuela de Madrid". Ya en los cincuenta, y trasladada su residencia a París, Palazuelo comenzó a practicar una pintura abstracta, rigurosa, despojada de cualquier referencia naturalista.

Utilizando la geometría como punto de partida llegó a unos resultados singulares, de difícil ubicación en una escuela o tendencia. Una de las razones que explican esa dificultad radica sin duda en la actitud poco formalista del pintor. Si repasamos su biografía, si nos adentramos en el denso intercambio de cartas con el poeta francés Claude Esteban, su mejor exégeta, advertimos que aunque para el pintor ha tenido importancia el conocimiento del cubismo (Juan Gris) o de los pioneros de la abstracción (Paul Klee, Vasili Kandinsky), tanta o más la han tenido ciertas aventuras espirituales. "Para el hombre –ha escrito Palazuelo– la mirada es solamente una etapa hacia la visión, que es conocimiento".

He dicho antes, "utilizando la geometría como punto de partida". Un cuadro grave y reconcentrado como Omphale V es significativo al respecto. Lo geométrico es aquí trampolín hacia otra cosa. Es esta una geometría "orgánica". La propia pincelada no es la pincelada neutra e inexpresiva de los racionalistas a ultranza. De nuevo en palabras de Palazuelo: "La acción de pintar es consciente e inconsciente alternativamente". El color de sus obras nada tiene de los colores industriales a los que suelen recurrir los pintores op. Por otra parte, tampoco nadie perteneciente a esa escuela habría titulado Omphale un cuadro. Omphale en Delfos era "el ombligo del mundo".

Proyecto para un monumento II, 1977Proyecto para un monumento II, 1977

Hay a lo largo del siglo XX una ya larga tradición de lo que podríamos llamar "escultura de pintor", esto es, de escultura realizada por creadores cuyo principal campo de actividad es la pintura. En el propio museo nos encontramos los casos de Eusebio Sempere y Gustavo Torner.

También Pablo Palazuelo descubrió en un determinado momento las tres dimensiones. Su primera escultura, Ascendente, realizada en bronce, data de 1954 y tiene bastante en común con alguna de su amigo Eduardo Chillida.

En los años sesenta se suceden de manera más continuada las esculturas en las que, a partir de planos de metal plegados, se definen ámbitos espaciales. A veces esas esculturas estuvieron pensadas en función de su ubicación en lugares concretos, alguna de ellas para ser emplazada bajo un artesonado.

Pero será en la década siguiente cuando Palazuelo se dedique con mayor intensidad a esta segunda vocación. Por momentos, y como ha podido comprobar el visitante de sus exposiciones, la escultura le ocupa casi por completo.

Proyecto para un monumento II, realizado en acero cortén, es característico del trabajo de Palazuelo en este campo. Es una escultura aérea, dinámica, inmaterial, que sugiere la idea de vuelo. Lo ha expresado, con poética precisión, Claude Esteban: "Gaviotas apenas agarradas a la roca cuyas alas baten todavía, atraídas ya por la infinidad del viento y el soplo salobre de alta mar".

La paradójica ingravidez de este monumento nos conduce a otra pieza de ese mismo año, también propiedad de la Fundación Juan March, Rêve de vol (1977), esto es, Sueño de vuelo.

Juan Manuel Bonet, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016