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La colección

Pablo Serrano

Crivillén (Teruel), 1908–Madrid, 1985
Bóveda para el hombre, 1962Bóveda para el hombre, 1962

Miembro del grupo El Paso, del que en compañía de su esposa, la pintora Juana Francés, se separó al poco de su fundación, Pablo Serrano aportaba a la vanguardia abstracta española de los cincuenta una dilatada experiencia anterior vivida principalmente al otro lado del Atlántico, a una y otra orilla del Río de la Plata.

Junto a obras abstractas como esta Bóveda para el hombre –ya el título matiza, "humaniza" la abstracción de la pieza– el escultor realizó numerosas obras abiertamente figurativas. Ello nos da la medida de su eclecticismo. En los sesenta, su Cabeza de Antonio Machado destinada a Baeza (Jaén) se convirtió en un símbolo, en una imagen emblemática. Luego vendrían, ya de cuerpo entero, Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, Gregorio Marañón.

También hay que mencionar sus Entretenimientos en el Prado (1974), sobre temas de Diego Velázquez y Francisco de Goya. Por ese lado, más que por el de su obra más abstracta, es por donde Serrano conecta con las preocupaciones comunes de su generación.

En la otra vertiente de su obra, la abstracta, Serrano se comportó siempre como un artista programático. Le gustaban los manifiestos, las proclamas, las ceremonias. A finales de los cincuenta propuso la Quema del objeto y antes había proclamado su Drama. El fin de estas series era la búsqueda del vacío a través de la destrucción del objeto.

Bóveda para el hombre, escultura en bronce patinado de tamaño relativamente pequeño, tiene algo de espacio habitable, de espacio de convivencia o de comunión. El material de base con el que está construida la bóveda, destinada luego a ser fundida, es el ladrillo. La estructura finalmente se disgrega. "En el fondo el hombre –escribió el escultor a propósito de estas piezas– no es ni más ni menos que el animal en busca de la cueva para su refugio".

Juan Manuel Bonet, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016