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La colección

Elena Asins

Madrid, 1940-Azpíroz (Navarra), 2015
Desarrollo, 1977Desarrollo, 1977

Para los pitagóricos, los números y sus relaciones representaban la armonía del universo. Esas relaciones están presentes en las proporciones y los ritmos de la arquitectura y la música y, por supuesto, subyacen en las estructuras en las que se apoyan la poesía y la pintura. Estas ideas sobre el número y sus cualidades eurítmicas han animado a Elena Asins a servirse de series numéricas que, transformadas en sus cuadros, se convierten en grupos de tersas líneas.

En muchos casos sus obras, como si fueran partituras musicales, desarrollan un tema que se expone por medio de finísimas e inmateriales líneas que presentan una estructura rítmica, como sucede en esta obra donde una serie de rectas, verticales y paralelas entre sí, se van cruzando a intervalos no enteramente regulares con otras líneas, generándose así una secuencia de interferencias que marca una difusa diagonal en el conjunto de irreductibles paralelas.

La obra, de una longitud desmesurada, cuatro metros, en relación con el grosor de las líneas del trazo, tiene dos posibles lecturas. La primera se produce al acercarse el espectador al papel. A una distancia próxima las líneas se perciben con total nitidez y se puede seguir de izquierda a derecha el desarrollo progresivo de la serie. Esta forma de contemplar el cuadro reclama un tiempo que aproxima la obra plástica al texto literario o, mejor, a la partitura musical. La otra posibilidad es contemplar la obra desde lejos, en un solo golpe de vista, tal como se suele percibir la pintura. Entonces las finas y calibradas líneas pierden su entidad y la superficie muestra en extensión su macroestructura, una gran diagonal que cruza el cuadro, como una etérea nube, del ángulo superior izquierdo al inferior derecho.

Javier Maderuelo, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016