Inicio > Arte > Cuenca > La Colección > 

La colección

Soledad Sevilla

Valencia, 1944
Las meninas, 1983Las meninas, 1983

El cubismo introdujo en el espacio del cuadro un nuevo orden visual basado en la imposición de una retícula que fragmenta las imágenes y ofrece visiones descoyuntadas de los objetos que en él se representan. Una vez aceptada la imagen cubista, las estructuras reticulares, enrejadas, cuadriculadas o tramadas han resultado ser de enorme utilidad compositiva al permitir a los pintores mostrar a través de ellas sus particulares visiones del mundo. Este tipo de estructuras está presente en las obras de artistas tan diferentes como Piet Mondrian o Jackson Pollock. Asimismo se encuentran en la obra de Soledad Sevilla, quien se apoya en finas tramas de líneas que tejen superficies de color que configuran planos en los que un discreto efecto óptico insinúa la vibración de la luz.

Una vez establecido el procedimiento operativo, el cruce de tramas de líneas paralelas, la estructura reticular ordena y contiene cualquier forma, figura o volumen que se desee. En este caso, la artista, inmersa en los presupuestos de la posmodernidad, se apropia de una imagen icónica de nuestra cultura occidental: el célebre cuadro de Velázquez Las meninas. Después somete la obra velazqueña a un filtrado abstracto en el que se diluyen los personajes, los objetos reconocibles y los elementos anecdóticos para decantar los elementos que conforman el espacio cúbico de la estancia que es sustituido por cuatro planos de color que vibran ante los ojos del espectador. La eficacia visual del cuadro de Sevilla pone en evidencia la sólida construcción compositiva del de Velázquez, ya que después de haber sido sometido a simplificaciones y distorsiones el espacio cúbico velazqueño, con sus tensiones y jerarquías, resulta perfectamente reconocible.

Javier Maderuelo, en Catálogo Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Fundación Juan March, Madrid, 2016