Web oficial de la Fundación Juan March

Diseño: Bonifacio  Alfonso Diseño: Bonifacio  Alfonso Diseño: Bonifacio  Alfonso Diseño: Bonifacio  Alfonso

Serie de carteles en colores diferentes con  el logotipo
del museo.
Diseño: Bonifacio Alfonso

Funda del primer catálogo del museo, 1966

Funda del primer catálogo
del museo, 1966.

Cubierta del tercer catálogo del museo, 1974

Cubierta del tercer catálogo del museo, 1974

La ciudad abstracta. 1966: el nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español

UN MUSEO PIONERO Y SINGULAR


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El canon español de la época

Cuarenta años después, la colección inaugural del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca sigue causando asombro. Difícil coleccionar mejor, elegir con más tino dentro del macizo de nuestra generación del cincuenta, aquella generación a la que Zóbel, nacido en Manila,  se había incorporado con entusiasmo a mediados de aquella década: exactamente en 1955. Imágenes definitivas, que se nos han grabado para siempre en la memoria (…) La capacidad de la pinacoteca conquense para definir y divulgar el canon español de su tiempo, de su generación, una generación entonces todavía en marcha, radicó en esa extraordinaria calidad de todas las obras elegidas.

Juan Manuel Bonet, 40 años después (Algunos recuerdos conquenses) (extracto), en el catálogo.

Relación íntima con las obras

(…) [La intimidad] era una de las condiciones más apetecidas por este museo: huir de la monumentalidad y conservar intacto el efecto de un ámbito privado, donde al espectador le resultase más fácil entablar una relación corporal, íntima, con la colección, hablarse de tú a tú con las obras, sin intermediarios ni muletas.
(…) Se trataba de alentar una experiencia fundada sobre la intensidad estética, sobre la meditación pictórica, donde el placer contase más que el saber.
(…) Este enfoque insistía en el aislamiento físico y estético de las obras —que, más que los propios artistas, eran los verdaderos héroes del museo—, colocadas bien separadas entre sí, dotadas de una luz específica, según sus cualidades formales y materiales, situadas sobre un muro de textura y tono cuidadísimos, procurando que en su recorrido el espectador las saborease una a una, a la vez que iba deduciendo el diálogo que se establecía entre ellas por su cercanía relativa.

María Bolaños, “El futuro empieza hoy”. Los comienzos de un pequeño museo moderno, en el catálogo de la exposición.

Niños a la entrada al museo, ca. 1966.

Niños a la entrada al museo, ca. 1966.
Foto Jaime Blassi



Jeroglífico de primores estéticos

El Museo de Arte Abstracto Español ocupa buena parte del conglomerado arquitectónico que, conocido por todos como “las Casas Colgadas”, se ha convertido en el emblema urbano por excelencia de Cuenca. Su promotor, Fernando Zóbel, quiso unir su colección artística personal, de la más rabiosa contemporaneidad, con un compuesto edificado de espectacular ubicación paisajística, alguna de cuyas secciones cuenta con más de medio milenio de antigüedad. (…)
Pocos recorridos museísticos resultan tan inolvidables como el de este laberinto de informalismos que es el Museo  de Arte Abstracto de Cuenca. Para la conversión de los escépticos hacia la creación contemporánea, ninguna receta sería más oportuna que el peregrinaje al museo de las Casas Colgadas. Sea en las angostas escaleras, en la oscura estancia restallante de color y sugestivas lejanías o en la amplia sala con otras abstracciones rocosas como fondo, en cada recodo de este jeroglífico de primores estéticos surge de continuo la sorpresa (….).

Pedro Miguel Ibáñez, Breve apunte histórico sobre las Casas Colgadas, en el catálogo de la exposición.



Enseñó a mirar un nuevo tipo de arte

A mi modo de ver, no se destaca lo suficiente lo que significó esta benéfica iniciativa promocional como esquema normativo de contemplación, como el instrumento crítico de visión que enseñó a mirar un nuevo tipo de arte. Más allá, pues, del anecdótico estímulo económico o del énfasis moral que suponía sancionar en el ámbito carismático de un museo una forma de concebir el arte, entonces muy polémica, hay que situar el gesto ejemplar de haber creado el observatorio pictórico preciso para entender algo tan problemático como la pintura desnuda.

Francisco Calvo Serraller, Fernando Zóbel: la razón de la belleza. Catálogo exposición Fernando Zóbel, Fundación Juan March, Madrid, 1984.



Exquisito dentro de la pobreza

Fernando decía que [el museo] tenía que ser lo más exquisito posible, pero sin que pareciera que quería parecer un museo de una capital. Debía ser exquisito dentro de la pobreza, y sin ostentación, pero con todo el refinamiento posible. Acabamos llegando a la conclusión de que tenía que ser una mezcla de la museografía norteamericana, fría, con cierta gracia italiana, en fin: equilibrado.

Gustavo Torner“Todos los espacios y todos los tiempos” (Una conversación con Gustavo Torner), entrevista realizada en mayo-junio 2006, publicada en el  catálogo de la exposición.

Sala del museo

Sala del museo

Cuidado hasta el mínimo detalle

Recuerdo que la primera vez que fui a visitar el Museo, casi recién inaugurado (todavía no conocía  a Fernando Zóbel), lo primero que me sorprendió fueron las escaleras que subían hasta media altura, abriéndose hacia la sala, donde colgaba la obra cinética de Sempere, con la escultura de Chillida un poco a la izquierda y a la derecha el cuadro grande de Canogar –que entonces estaba en ese primer espacio, si mal no recuerdo–. Todo esto lo podía observar a la vez que adquiría mi ticket de entrada, que fue otra de mis sorpresas. De repente me encontré ante esas espléndidas obras de Chillida, Canogar y Sempere y en mi mano el ticket de entrada al Museo, perfectamente cuidado y diseñado, en un papel de color, con el grosor justo, y el anagrama del Museo perfectamente impreso.
En aquella España de entonces, dura para el buen gusto, en donde las entradas a cualquier espectáculo o museo eran un simple trozo de papel ínfimo, impreso de cualquier manera, era difícil encontrar, a veces, la calidad y dignidad de los trabajos bien hechos. Fue como si hubiese entrado en otro ámbito, diferente a lo acostumbrado, en donde todo estaba cuidado hasta el más mínimo  detalle. Con este recuerdo guardé aquel ticket de entrada entre mis papeles durante mucho tiempo.

Rafael Pérez –Madero, Fernando Zóbel: el Museo y la obra gráfica, en el catálogo de la exposición.

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