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El museo y su edificio

La creación del museo
Algunos testimonios

Un pequeño museo moderno

Fernando Zóbel
Fernando Zóbel

(...) El punto de partida era una excelente colección de arte español de la generación más joven, cuyo propietario, y principal inspirador del proyecto, era Fernando Zóbel, un pintor nacido en Filipinas y formado en Harvard –esta experiencia universitaria bostoniana le imprimió un alto sentido de la exigencia y del rigor–, que desde 1955 había viajado por Europa y España, hasta instalarse aquí definitivamente en 1961.

Desde su llegada empieza su colección española, que afronta como un deber moral, consciente de la belleza y el valor artístico de una tendencia todavía reciente, la pintura abstracta, y de una generación, la de los cincuenta, en la que advierte una calidad equiparable a la del informalismo europeo o del expresionismo neoyorquino, pero que, a pesar de su buena acogida en el extranjero, no encuentra la proyección nacional que merece. A partir de 1960, y dado el imparable incremento de la colección, Zóbel considera la conveniencia de encontrar una sede que permita presentar esas obras dignamente y difundirlas en un ámbito público. Descartado Madrid, en el invierno de 1962 hace varios viajes a Toledo, tratando de encontrar un local adecuado. Pero no será hasta junio de 1963, en que, en una célebre cena en la que se encontraban, entre otros, Sempere y Torner, éste, que vivía en Cuenca y estaba emparentado con el alcalde de la ciudad, comenta la oportunidad que ofrece la rehabilitación de unas viejas casas medievales en la parte alta, que aún no tenían destino. Una visita a Cuenca y la disposición del Ayuntamiento a ceder el edificio despertaron su entusiasmo y el inmediato propósito de abrir en esta pequeña ciudad del interior castellano el museo de arte abstracto.

El 30 de junio de 1966, en una celebración informal y amigable, con champán francés y langostinos, se abre finalmente el Museo de Arte Abstracto Español, con una pequeña parte de la colección, unas cuarenta obras, al tiempo que se edita el primer catálogo, con fotos de Fernando Nuño.


María Bolaños, "El futuro empieza hoy. Los comienzos de un pequeño museo moderno", en La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 2006, [extracto])

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Carta de Alfred H. Barr, fundador y primer director del MOMA de Nueva York a Fernando Zóbel

3 de marzo de 1970


Carta del director del Moma de Nueva York a Fernando Zóbel
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Alfred H. Barr en Barcelona, 1967.
Alfred H. Barr en Barcelona, 1967.
Foto: Català Roca

Alfred H. Barr, Jr.
Counselor to the Board of Trustees Tel. (212) 956-2658
3 de marzo de 1970

Querido Fernando:

Muchas gracias por tu nota y el bonito libro sobre el "Museo de Arte Abstracto Español".

Lo que has hecho en Cuenca es sin duda una de las más admirables y ciertamente brillantes obras de arte... un notable equilibrio entre la pintura, la escultura y la arquitectura.

Espero que muchos americanos vayan a visitarlo.


Con un cariñoso saludo,
Alfred Barr

Sr. Fernando Zóbel
Fortuny 12–16
Madrid 4, España


AHB:jsw


Extraordinaria calidad de las obras elegidas

Difícil coleccionar mejor, elegir con más tino dentro del macizo de nuestra generación del cincuenta, aquella generación a la que Zóbel, nacido en Manila, se había incorporado con entusiasmo a mediados de aquella década: exactamente en 1955. Imágenes definitivas, que se nos han grabado por siempre en la memoria.

La capacidad de la pinacoteca conquense para definir y divulgar el canon español de su tiempo, de su generación, una generación entonces todavía en marcha, radicó en esa extraordinaria calidad de todas las obras elegidas, pero también en una notable —por insólita— capacidad para articular "ingredientes" distintos entre sí. El secreto lo compartió desde el principio Zóbel con sus dos principales cómplices intelectuales, sus grandes amigos Torner y Rueda, y con algunos más, por ejemplo sus también colegas y amigos Sempere y Antonio Lorenzo, personaje este último más secreto, pero de indudable entidad intelectual, como lo revelan algunos de sus textos de aquel tiempo.


Juan Manuel Bonet, "Cuarenta años después (Algunos recuerdos conquenses)", en La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 2006, [extracto])


El deber moral de mostrar dignamente el arte abstracto

Hace más de diez años, entusiasmado por la categoría de la obra abstracta de mis compañeros y viendo con pesar que los mejores ejemplares de este tipo de manifestación artística se marchaban al extranjero, me puse a coleccionar cuadros, esculturas, dibujos y grabados. Poco a poco la colección fue cobrando importancia hasta superar a cualquier otra que de arte abstracto español se haya hecho. Me surgió una especie de deber moral de colgarla dignamente y ponerla a la vista del público. (...)

Una visita a Cuenca nos dejó convencidos de que las Casas Colgadas reunían todas las condiciones deseadas y algunas más que ni siquiera habíamos imaginado. (...)

En esta labor colectiva intervinieron desde el primer momento Gustavo Torner, codirector del museo; Gerardo Rueda, conservador; Antonio Lorenzo, Eusebio Sempere y Fernando Nuño, conservadores honorarios del mismo, sin particularizar aquí la entusiasta ayuda ofrecida por muchos artistas y aficionados, tanto españoles como extranjeros.


Fernando Zóbel, Cuenca, febrero 1966, texto del primer catálogo del Museo.


Queríamos que se vieran de verdad las obras expuestas

Fernando Zóbel
Fernando Zóbel

[Ad] Reinhardt creo que se dolía del aspecto de cementerio de los museos tradicionales, cuajados de obras que se miran beatamente, pero que no se ven. Un museo puede ser muchas cosas: espectáculo, espacio de intervención, centro didáctico, emisora de propaganda, etc. El nuestro, esencialmente, quiere ser un lugar donde se puedan contemplar, con todo lo que ello implica. No pretendemos más, pero quizá sea mucho. Quizá sea más de lo que pretenden la mayoría de los museos que conozco, distraídos por su coleccionismo, sus programas didácticos, etc. Toma en cuenta que el museo de Cuenca lo hemos hecho entre un grupo de artistas y que todos estábamos de acuerdo [en] que lo esencial y más difícil de lograr era que se vieran de verdad las obras expuestas. Y algo de eso creo que se ha conseguido. Puede ser nuestra mayor satisfacción.


Fernando Zóbel, entrevista con Pancho Ortuño, Guadalimar, n° 35, Octubre 1978, pág. 34


Exquisito dentro de la pobreza

Fernando decía que [el museo] tenía que ser lo más exquisito posible, pero sin que pareciera que quería parecer un museo de una capital. Debía ser exquisito dentro de la pobreza, y sin ostentación, pero con todo el refinamiento posible. Acabamos llegando a la conclusión de que tenía que ser una mezcla de la museografía norteamericana, fría, con una cierta gracia italiana; en fin: equilibrado.


Gustavo Torner, "«Todos los espacios y todos los tiempos...» (Una conversación con Gustavo Torner)", , entrevista realizada por el director de Exposiciones de la Fundación Juan March en mayo–junio de 2006, en La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 2006, [extracto])


Supuso el reconocimiento de unos artistas ignorados por su país

(...) la historia del museo camina en paralelo al quehacer artístico de una generación de pintores que dirigieron sus pasos hacia la abstracción en un contexto social, político y cultural adverso, escasamente receptivo a cualquier atisbo vanguardista. Es conocido que el triunfo internacional de estos artistas apenas tuvo repercusión a nivel local, y, por tanto, la aparición del pintor Fernando Zóbel en el contexto español como coleccionista y mecenas de sus compañeros fue de suma importancia, porque, por primera vez dentro de España, la obra de esos artistas era valorada y apoyada hasta el punto de merecer la creación de un museo. En este sentido, el museo fue un logro muy relevante, porque supuso el reconocimiento de unos artistas ignorados por su propio país y, de modo especialmente significativo, por la forma de mostrarlos al público.


Ángeles Villalba, "Enseñar a «ver», aprender a «ver». Fernando Zóbel antes y después de 1966" en La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 2006, [extracto])


Enseñó a mirar un nuevo tipo de arte

A mi modo de ver, no se destaca lo suficiente lo que significó esta benéfica iniciativa promocional como esquema normativo de contemplación, como el instrumento crítico de visión que enseñó a mirar un nuevo tipo de arte. Más allá, pues, del anecdótico estímulo económico o del énfasis moral que suponía sancionar en el ámbito carismático de un museo una forma de concebir el arte, entonces muy polémica, hay que situar el gesto ejemplar de haber creado el observatorio pictórico preciso para entender algo tan problemático como la pintura desnuda.


Francisco Calvo Serraller, "Fernando Zóbel: La razón de la belleza", en Zóbel (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 1984 [extracto])


Surgió como algo experimental

El museo surgió como algo experimental, sin que yo nunca me plantease su permanencia. Y era el albergue de cuanto yo había coleccionado con ilusión y esfuerzo. Pero pronto se vio que funcionaba cara al público, que valía la pena preocuparse por su supervivencia. Y ahí empezaron mis problemas. Durante mucho tiempo me he preguntado acerca del mejor modo de asegurar su continuidad. Y al fin llegué a la conclusión de que sólo la Fundación Juan March podría conservar y ampliar de manera conveniente el concepto cimental de este museo.


Fernando Zóbel, entrevista realizada por José Miguel Ullán, "El pintor justifica la donación de su colección a la Fundación Juan March", El País, Madrid, 23 de enero de 1981. Recogido en La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, (catálogo exposición, Fundación Juan March, Madrid, 2006.


Inteligente criterio museístico

El Museo de las Casas Colgadas de Cuenca ha adquirido gran notoriedad, en España y fuera de ella, en el corto tiempo transcurrido desde su inauguración, hace ahora año y medio. Ello se debe, sin duda, a estas tres razones: a su localización en Cuenca y, dentro de ella, en un paraje tan pintoresco y curioso como el de sus famosas Casas Colgadas; a la realización en sí misma del museo, con cuanto comporta de acierto en su instalación, ordenación arquitectónica e inteligente criterio museístico; y, finalmente, al propio contenido del museo que, como reza su subtítulo, se atiene a presentar una colección del arte abstracto español.


Rafael Santos Torroella, "El Museo de las Casas Colgadas– Una lección museística", EL NOTICIERO UNIVERSAL. Barcelona, 19 de julio de 1967. Cita recogida en el catálogo citado.


El museo muestra una manera de ver

Estos cuadros son suficientes para apreciar la categoría de la generación abstracta española, que es en lo que el museo se ha especializado, aunque cuenta también con una representación seleccionada de artistas jóvenes. Algunas obras de los "Nueva Generación" aclaran lo que está sucediendo ahora en la escena española. (...) El museo muestra una manera de ver, afortunadamente porque es lo que da coherencia. Los responsables son Zóbel, Torner y Rueda. Puede pasar un buen rato hablando con cualquiera de los tres.


Juan Antonio Aguirre, "Plano del Museo de Cuenca", ARTES, n° 100, Madrid, septiembre de 1969, págs. Cita recogida en el catálogo citado.


Ejemplo de fidelidad a un estilo

El Museo de Arte Abstracto, en Cuenca, figura en lugar destacado entre los principales museos internacionales de arte contemporáneo.Y no es por la cantidad de obras que figuran en sus instalaciones. Es por su carácter específico, por el informe que facilita el absolutismo de su tendencia, por la selección de las obras expuestas, por su emplazamiento en las llamadas Casas Colgadas y el acierto en la distribución de las piezas y, entre muchas otras cosas, por presentar una panorámica de la pintura española, exclusivamente, en la determinada y universal tendencia de la abstracción. Esta fidelidad a un estilo presenta a este museo con una fisonomía de un claro y acusado perfil. Son frecuentes los museos en los que los más diversos estilos se confunden a través de las salas que albergan de manera atropellada buenos artistas opuestos, desde la figuración a la abstracción, (...)
El museo de las casas colgadas recoge solamente una tendencia —la abstracción— la unidad que se presenta y, sobre todo, la selección y extraordinaria ubicación de cuadros y esculturas, sin el aburrido proceso de obras en filas, como ocurre en la generalidad de los museos, determinan el logro de una valoración ejemplar.


Eduardo Westerdahl, "Museo de Arte Abstracto", EL DíA, n° 11.811. Santa Cruz de Tenerife, 19 de abril de 1977. Cita recogida en el catálogo citado.


Un sentido selectivo insobornable

[El Museo] ha conseguido reunir setecientas obras de 150 artistas españoles contemporáneos, cuyo único punto en común, aparte de los ya reseñados, es el de haber creado piezas no figurativas de calidad probada. Esto último nos pone directamente en la pista de lo que creo se puede considerar como la característica esencial de la trayectoria de este museo: su sentido selectivo insobornable. Pues, en efecto, así hay que calificar todas y cada una de las decisiones que han configurado su trayectoria, desde el original acierto de su emplazamiento hasta el entonces revolucionario diseño de su estructura expositiva, iniciativas que se debieron a la influencia benéfica de Gustavo Torner, como también así hay que calificar el que se eligiera un tema monográfico para la colección o que se evitara caer en el difícil compromiso de los regalos, que alivian tanto desde un punto de vista económico como desvirtúan desde el estético.


Francisco Calvo Serraller, "Fernando Zóbel: los beneficios de una pasión", EL PAíS, Madrid, 27 de enero de 1981. Cita recogida en el catálogo citado.


Un diálogo entre artistas

(...) el Museo de Arte Abstracto Español fue un acontecimiento sin parangón porque se trató de un diálogo entre artistas. Su propietario lo era, como lo fueron sus colegas que amistosamente le ayudaron en la empresa, algo, sin duda, encomiable por la desinteresada generosidad de todos ellos, pero, sobre todo, algo asombroso porque todos estos "trabajaron" sobre lo más difícil: sobre sí mismos; es decir: sobre lo que hacía su propia generación e, inercialmente, lo que pudieran aportar las siguientes.


Francisco Calvo Serraller, "El Grupo de Cuenca y la historia del arte español". En El grupo de Cuenca. Caja de Madrid, Madrid, 1997.



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