Exposiciones celebradas

NOGUCHI

16 abril - 26 junio 1994

El artista: Isamu Noguchi

Foto de Isamu  Noguchi
Noguchi trabajando en su escultura Pequeñas prácticas (1979).
El americano-japonés Isamu Noguchi (Los Angeles, 1904-Nueva York, 1988) fue un artista polifacético: escultor, diseñador de espacios interiores y exteriores, de esculturas luminosas y de mobiliario, creador de bocetos y decorados para el teatro. Por esta amplitud de campos, por los diversos lugares donde trabajó, los muy variados tipos de obra que hizo y la riqueza de pensamiento que desarrolló en tantas vertientes, Noguchi fue un artista siempre a caballo entre Oriente y Occidente, lo antiguo y lo moderno, tradición e innovación, vida y arte. Su obra no se correspondió con el gusto de muchos críticos de arte norteamericanos, ni con el arte de la Escuela de Nueva York que aquéllos apoyaban en el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial. En América se le veía como un producto exótico de Asia, con influencias europeas, y en Japón se le consideraba demasiado occidental. Y es que Noguchi combinó elementos de diversas tradiciones hasta forjar su propia estética. Adoptó el sentido de las proporciones de la estatuaria grecorromana; continuó por la senda de la modernidad, tras los pasos de su primer maestro Constantin Brancusi, y acusó un gran influjo de las tradiciones culturales china y japonesa (sus figuras de cerámica haniwa o sus dibujos en tinta sumi).

Opiniones del artista

La escultura puede hacerse con cualquier cosa y será valorada por sus cualidades intrínsecas como escultura. Sin embargo, en mi opinión, los recursos naturales de la madera y la piedra, que existían antes que el hombre, poseen una mayor capacidad para reconciliarnos con la realidad de nuestro ser. Nos son tan familiares como lo es la tierra (...) Hoy creemos controlar la naturaleza y vemos que acaba por escapársenos. Yo suelo volver recurrentemente a la tierra en mi búsqueda del significado de la escultura (...) Creo en la actividad de la piedra, real o ilusoria. Creo en la gravidez como elemento vital.
Me considero un hombre errante en un mundo que se empequeñece con rapidez. Un artista, ciudadano americano, ciudadano del mundo, que pertenece a todas partes y a ninguna. Mi vida ha abarcado los principales cambios tecnológicos. Y estos cambios quedarán por siempre reflejados en las artes. Los experimentos de ayer son ya hoy un lugar común. Me asaltan muchas dudas acerca de qué valor tendrá el arte ahora que entramos en la era electrónica, cuya corriente nos arrastra a todos. Y en este cambio me gusta pensar que la escultura puede jugar un papel especial -como un antídoto contra lo efímero-, renovándose, sí, pero con una cualidad de permanente frescura en relación con ese resonante vacío que existe dentro y fuera de nosotros.
¿Por qué vuelvo continuamente a Japón, sino por renovar mi contacto con la tierra? Allí sigue intacta la familiaridad con los materiales primarios y la habilidad manual de los japoneses. ¡Qué exquisitamente funcionales son sus herramientas tradicionales! También éstas serán pronto desplazadas por la máquina. Pero entretanto acudo allí, como un mendigo o un ladrón, buscando el último calor de la tierra.