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La exposición Aleksandr Deineka (1899–1969. Una vanguardia para el proletariado exhibe la obra del artista desde sus inicios en los años 20 hasta sus crepusculares obras de los 50, combinando muestras de su trabajo como grafista, sus extraordinarios carteles y su colaboración en revistas con sus impresionantes obras de formato monumental: escenas de masas entusiastas y de fábricas, de deportistas y agricultores, de la idílica y ensoñada vida soviética– que se revelan —además de como extraordinarias aventuras pictóricas de gran belleza formal— como formidables metáforas de la utopía soviética de la total transformación revolucionaria de la realidad social.

NUEVA APROXIMACIÓN AL ARTE DEL ESTALINISMO

El estalinismo, tradicionalmente asociado a los años más oscuros del régimen soviético —lo que sin duda alguna fue— constituye entretanto un periodo histórico relativamente bien conocido en sus aspectos sociales, políticos, económicos e incluso culturales. Ha sido objeto de revisión histórica (y política) prácticamente desde la posterior llegada al poder de Kruschev. Y por supuesto que, además de con los planes quinquenales para revolucionar la agricultura e industrializar el país, la victoria de la URSS en la segunda guerra mundial, la creciente represión ejercida bajo su mando y, en suma, la radicalidad de su pretensión totalitaria, la época de Stalin suele asociarse, en las artes, al llamado "realismo socialista", el método vigente para todos los artistas soviéticos desde 1932.

Y sin embargo, el amplio despliegue historiográfico general sobre la época de Stalin y el estalinismo contrasta con el relativo desconocimiento del arte de ese periodo y, más allá, de la relación del realismo socialista con los movimientos de vanguardia que le precedieron o con los otros realismos que, en otros países, se desarrollaron en paralelo a él durante los años treinta del pasado siglo. El más bien desconocido arte de la época de Stalin, objeto de escasas exposiciones tanto en la antigua Unión soviética como en Europa o América, resulta con frecuencia clasificado (o expulsado del canon) como un mero ejercicio, poco logrado, de Kitsch academicista y monumental, como un arte derivativo y propagandístico, al servicio de la ideología y la educación de las masas.

Aleksandr Deineka fue miembro de las últimas agrupaciones de la vanguardia constructivista (como Oktyabr u OST) y también agitador comprometido con la revolución y la construcción socialista del país, lo que no evitó que fuera acusado de formalismo, al mismo tiempo que obtuvo permisos para viajar al extranjero y recibió destacados encargos del estado soviético, de cuyas utópicas pretensiones consiguió algunas de las figuraciones y representaciones más logradas.

VANGUARDIA Y REALISMO SOCIALISTA

Esa cierta "ambigüedad" ha sido aprovechada para, mediante una cuidada y amplia selección de obras de artistas de la vanguardia rusa —atendiendo en especial a su desarrollo revolucionario—, de revistas, carteles, libros, documentos y objetos, presentar en Aleksandr Deineka (1899–1969). Una vanguardia para el proletariado la peculiar (y desconocida) lógica de las relaciones entre la vanguardia y el realismo socialista, que se entendía a sí mismo, con toda evidencia, como una suerte de vanguardia artístico–política para el proletariado, más radicalmente sincronizada con la construcción política de la utopía soviética que la propia vanguardia artística: por eso, la exposición traza un arco que parte de la primera ópera futurista —La Victoria sobre el Sol de Kruchionij y Malévich, de 1913— y concluye con la muerte de Stalin en 1953, atendiendo a las más diversas manifestaciones de un arte que permeó todas las esferas de la vida y acompañó los intentos de transformar radicalmente la realidad por parte de un poder político que se concebía a sí mismo en demiúrgicos términos artísticos.

Por eso, además de la amplia representación de la obra de Deineka, la muestra incluye obras —algunas de ellas excepcionalmente significativas— de figuras de la vanguardia como Kazimir Malevich, Aleksei Kruchionij, Vladimir Tatlin o El Lissitzky; de Liubov Popova, Aleksandr Rodchenko, Aleksandra Exter, Gustav Kluzis, Valentina Kulagina, Vladimir Mayakovski, Nathan Altman, Mechislav Dobrokovski, Solomon Telingater o Aleksei Gan; o de otros realistas como Kuzma Petrov–Vodkin, Yuri Pimenov, Dimitri Moor o Aleksandr Samojvalov, entre otros.