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Tarsila, Brasil, Europa

Tarsila do Amaral (Capivarí, 1886-São Paulo, 1973), la “caipirinha vestida por Poiret” (Oswald de Andrade), es una de las máximas figuras de las vanguardias latinoamericanas y el emblema del modernismo brasileño. Exótica, sofisticada y cosmopolita, durante dos intensas estancias en París cumplió con lo que llamó su “servicio militar” en el cubismo y se alimentó de las corrientes de la vanguardia europea como una civilizada antropófaga. De vuelta a su país, la digestión de aquel banquete y el reencuentro con los colores y las formas de su infancia en las tierras del interior del Brasil darían lugar, en torno a 1920, a la época más deslumbrante de su pintura, tan “estructuralmente” brasileña (Haroldo de Campos) que hoy tendemos a imaginar el Brasil en función de la obra de Tarsila.

Antropofagia
Antropofagia, 1929

Tarsila viajó por Europa y por todo el mundo y pasó dos temporadas decisivas en París, hizo parte de su estudios en España, cuando niña, y pasó fugazmente por nuestro país posteriormente, cuando su carrera de artista ya había comenzado. Esa fugacidad ha sido también, de algún modo, la cifra de la presencia de la artista y de su obra fuera del Brasil. A pesar de que algunas de sus obras forman parte de colecciones públicas europeas (Grenoble, San Petersburgo, Madrid) su obra sólo ha podido verse en algunas de las recientes muestras colectivas de revisión de las vanguardias latinoamericanas celebradas en Europa y América en la última década, o en colectivas como la organizada por la Fundación La Caixa en 1997 (en torno al trío formado por Frida Kahlo, Amelia Peláez y la propia Tarsila) o el IVAM en el año 2000. Pero no había habido, hasta ahora, ninguna exposición individual dedicada a su figura en nuestro país. Casi lo mismo cabe decir del resto de Europa y los Estados Unidos.

Autorretrato I
Autorretrato I, 1924

Esta exposición y el catálogo que la acompaña  subrayan las relaciones de Tarsila en la capital francesa, su aprendizaje con pintores como André Lhote, Albert Gleizes o Fernand Léger, su amistad con algunos poetas de vanguardia, especialmente con Blaise Cendrars. Sobre el fondo del nacimiento del "modernismo" brasileño en general, y paulista en particular –con especial incidencia en la decisiva “Semana de Arte Moderna de 1922”–, la muestra narra el modo tan peculiar que tuvo la pintora, una figura central del movimiento antropófago –cuyo símbolo sería su cuadro Abaporu (1928), al que aquel mismo año se sumará su Antropofagia–, de conciliar lo asimilado en Europa con una mirada al Nuevo Mundo recién redescubierto.

Algo más que una exposición monográfica al uso

Las 37 pinturas y las 69 obras sobre papel de Tarsila que componen la muestra, más las 25 obras de otros 10 autores y la cincuentena de objetos históricos y documentos de época –fotografías, libros, revistas, catálogos, carteles, etc…– reunidos en ella, la convierten en algo más que en una exposición monográfica al uso. Respecto a la intensidad, la exposición se la debe a Tarsila: salvo tres de ellas, las 106 obras suyas en exposición fueron realizadas en algo más de diez años, entre 1922 y 1933, los años fulgurantes de su carrera de artista.

© De todas las obras de Tarsila do Amaral: Tarsila do Amaral Empreendimientos (www.tarsiladoamaral.com.br)