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Tarsila do Amaral

Tarsila do Amaral HABLA SOBRE ...



La música popular, espejo sentimental del pueblo

(…) es el retrato del pueblo en su máxima expresión. Las otras artes están lejos de representarlo con tanta fidelidad. La música nace con el hombre en su primer grito de recién nacido, en su llanto, que se reduce a notas inconscientes, lo acompaña toda la vida e incluso después de morir lo envuelve en los sollozos de la marcha fúnebre.

La música popular es el espejo sentimental de las multitudes. Refleja el alma voluble de los pueblos, sus tristezas, sus alegrías, sus tendencias psicológicas, sus tradiciones. Es, así, un tratado sonoro de historia universal, en el que los héroes se transforman en ritmos y los grandes hechos de la vida en canciones.

(De “El espejo sentimental de las multitudes”, Diario de São Paulo, miércoles 14 de octubre de 1936)


1923,  “el año más importante en mi carrera”

O Modelo
O Modelo, 1923

Parece mentira… pero fue en Brasil donde tomé contacto con el arte moderno  (como, de hecho, pasó con Graça Aranha) y, estimulada por mis amigos, pinté algunos cuadros donde mi exaltación se complacía en la violencia del color. Tras seis meses en São Paulo volví a París, y el año de 1923 fue el más importante en mi carrera artística. Aún volcada en el cubismo, busqué a André Lhote. Un mundo nuevo se revelaba a mi espíritu angustiado ante los cuadros cubistas de la Rue La Boétie que entonces empecé a visitar. Lhote, como ya pude escribir, era la conexión entre el clasicismo y el modernismo. Su dibujo vigoroso, actualísimo, se basaba en Rembrandt, en Miguel Ángel, en los maestros del pasado. Era lo que yo necesitaba como transición.(…) Fernand Léger también me dio lecciones ese mismo año de 1923. (…) Albert Gleizes, el pontífice del cubismo, cuyos cuadros de esa época, por su ausencia total de tema, podrían llamarse abstraccionistas, también fue mi maestro. De él recibí la llave del cubismo, que cultivé con amor. Cuando volví a Brasil, en diciembre de 1923,  en la antevíspera de Navidad, concedí al Correio da Manhã, de Río, una entrevista entusiasta sobre el cubismo, y fue entonces cuando dije una frase muchas veces repetida por otros: “El cubismo es el servicio militar del artista. Todo artista, para ser fuerte, tiene que pasar por él”. (…)

(De “Confesión general”, Catálogo de la exposición retrospectiva Tarsila 1918-1950. São Paulo, Museo de Arte Moderna, dic. 1950)


Mi pintura “Pau-Brasil” y “antropofágica”

A Cuca
A Cuca, 1924

Mi  pintura, a la que llamaron “Pau-Brasil”, tuvo origen en un viaje a Minas, en 1924, con doña Olívia Guedes Penteado, Blaise Cendrars, Mário de Andrade, Oswald de Andrade, Goffredo da Silva Telles, René Thiollier, Oswald de Andrade hijo, un niño por aquel entonces, y yo.

El contacto con la tierra llena de tradición, las pinturas de las iglesias y de las viviendas de aquellas pequeñas ciudades esencialmente brasileñas –Ouro Preto, Sabará, São João del Rey, Tiradentes, Mariana y otras– despertaron en mí el sentimiento de “brasileñidad”. De esa época son mis primeros lienzos: Morro da favela, Religião brasileira y muchos otros que se encuadran en el movimiento Pau-Brasil creado por Oswald  de Andrade.

Antropofagia
Antropofagia, 1929

Otro movimiento, el Antropofágico, tuvo su origen en un cuadro que, el 11 de enero de 1928, pinté para regalar a Oswald de Andrade quien, ante aquella figura monstruosa de pies colosales, pesadamente apoyados en la tierra, llamó a Raul Bopp para compartir con él su espanto. Ante ese cuadro, al que dieron el nombre de Abaporu –antropófago– decidieron crear un movimiento artístico y literario situado en tierra brasileña. António de Alcântara Machado fue el primero que se les unió: los tres fundaron la Revista de Antropofagia, cuya repercusión se extendió más allá de nuestras fronteras. En París, el crítico de arte Waldemar George escribió sobre la Antropofagia, Max Jacob y Krishnamurti, con su saludo, mandaron autógrafos que, en facsímil, fueron reproducidos en la revista, en la que colaboraron grandes nombres desde el norte hasta el sur de Brasil. Las adhesiones y demostraciones de simpatía fueron innumerables.

 (De “Confesión general”, Catálogo de la exposición retrospectiva Tarsila 1918-1950. São Paulo, Museo de Arte Moderna, dic. 1950)


Un poema de Tarsila do Amaral


Tedio

Línea recta, infinita, donde la vista errante
Busca en vano tocar un relieve que agrade,
Vago trazo de unión entre error y verdad,
Entre el dolor que apena y el placer embriagante…

Bostezo interminable que profana el sentido
del sentir del Artista… En tu contacto, es cierto,

Ha de quebrar la lira en quejas de saudade
y. tonta, el alma se anega en un hondo letardo…

Con tu aliento hostil una niebla se adensa,
que, despiadada, mengua la luz de mi Creencia
y al aire arroja su ceniza, de tanto en tanto…

Siento el horror de sufrir por no poder sufrir…
Y, consciente, veo la muerte y el lento pudrirse
de mis sueños que hacia la Nada van, rodando…


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