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América Fría11 de febrero - 15 de mayo de 2011

Leo Matiz: USA Abstracto – 1950. Plata en gelatina, impresión vintage
Leo Matiz: USA Abstracto – 1950.
Plata en gelatina, impresión vintage

UN RELATO FASCINANTE

La exposición abarca un arco temporal definido por dos viajes de retorno de Europa a América: 1934, cuando Joaquín Torres–García regresa definitivamente a Montevideo tras su periplo europeo (y norteamericano), y 1973, año del viaje del venezolano Jesús Rafael Soto para asistir a la inauguración del museo que lleva su nombre en su ciudad natal, Ciudad Bolívar.

Situadas entre esas fechas de los viajes que establecen el comienzo y el final de la muestra, las obras (y los documentos) de la exposición trazan un recorrido cronológico y geográfico que es también un relato, el de unas aventuras artísticas e intelectuales tan fascinantes como desconocidas; en efecto, durante más de cuatro décadas, en el centro y el sur de América se inventó un lenguaje plástico que, con evidentes referencias a la herencia abstracta, concreta, constructivista, neoplasticista e incluso suprematista de la vieja Europa, la trascendía y acentuaba con énfasis propio.

Coloritmo 45A
Alejandro Otero:
Coloritmo 45A – 1960
Pintura Duco sobre madera

El relato de esta exposición comienza en Uruguay, el país de Joaquín Torres–García, con su vigorosa apuesta por un arte de esencia constructiva. Continúa con la atrevida ruptura del marco–ventana y la enérgica afirmación de la discontinuidad de la pintura con el mundo natural por parte de artistas como Rhod Rothfuss y Carmelo Arden Quin y se expande en las peculiares prosecuciones del constructivismo y la abstracción geométrica por parte de los argentinos de Madí, el perceptismo y el invencionismo.

En paralelo, en Brasil se crean dos agrupaciones de arte concreto en dos ciudades tan diversas entre sí como São Paulo y Río de Janeiro; en esta última, la abstracción y la pintura geométrica irán alcanzando, conforme llega la década de los sesenta, una condición más orgánica, más cálida, más "sensível".

En Venezuela, Alejandro Otero, Jesús–Rafael Soto y Carlos Cruz–Diez se decantan por lo abstracto iniciada ya la década de los cincuenta y en París; mientras, en Cuba, la abstracción geométrica, menos conocida aún si cabe que las corrientes abstractas del resto de los países y pronto afectada por el triunfo de la Revolución, se desarrolla sobre todo en torno a su figura de mayor estatura internacional, Sandu Darie, y de dos mujeres: Loló Soldevilla y Carmen Herrera.

En las casi cuatro décadas señaladas como arco temporal de la exposición se inserta el trabajo de muchos pintores y escultores, pero también el de fotógrafos —quizá menos conocidos— y arquitectos: ha sido característica inicial de este proyecto que la fotografía abstracta latinoamericana —Gaspar Gasparian, Leo Matiz, José Yalenti, Marcel Gautherot, Haruo Ohara, entre otros— ocupara en ella un lugar preeminente. Y que también obtuviera un lugar relevante la arquitectura, desde la que, como matriz para la "integración de las artes" (una propuesta del venezolano Carlos Raúl Villanueva en la estela de los postulados de Le Corbusier), se idearon y realizaron en América proyectos casi sin parangón: la Brasilia de Niemeyer, los edificios de Mies van der Rohe para Cuba o la Ciudad Universitaria de Caracas, del propio Villanueva, que lograría convocar para su proyecto a muchos de los artistas de la abstracción geométrica.

Fundación Juan March
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