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Enmarcar a Arcimboldo*

Giuseppe Arcimboldo es uno de los pintores que mejor encarnan el espíritu manierista. Su arte es análogo a la arquitectura practicada por Miguel Ángel, uno de los primeros exponentes del manierismo: una reinterpretación juguetona y anárquica de lo clásico, que deforma y exagera diversos elementos rehaciéndolos con imaginación e inventiva.


Detalle de Flora meretrix - Giuseppe Arcimboldo
Giuseppe Arcimboldo
Detalle de Flora meretrix, ca. 1590
Colección particular

Este conjunto de obras de diversa índole ‒arquitectónicas, talladas, de orfebrería y gráficas‒ creadas en las décadas de 1550 y 1560 ilustra el nexo estilístico en el que Arcimboldo desarrollaba su labor, y nos indica cómo pudieron ser los marcos originales de sus retratos. Aún hay otra técnica significativa en esa época que muy bien pudo servir como influencia para esta cuestión: las pietre dure o taracea en piedra dura. Esta técnica se redescubrió durante el Renacimiento; en un primer momento, se copiaron las piezas de piedra incrustada y los mosaicos de la Roma clásica, y luego se reinterpretaron al gusto de la época.


Los materiales también diferían de los mármoles jaspeados en tonos terrosos que empleaban las taraceas en piedra de la Roma clásica y el Renacimiento. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII, los artistas que trabajaban con pietre dure imitaron el uso manierista de los pigmentos, armonizando los vivos colores de piedras semipreciosas como ágata, amatista, lapislázuli, malaquita o cristal de roca, e incluso llegaron a superponer láminas de alabastro transparente sobre los óleos y dibujos para enriquecerlos todavía más. La variedad de los materiales empleados amplió enormemente la paleta de tonos y matices, lo que alejó aún más esta técnica artesanal de los originales diseños abstractos de las pietre dure.


Estas obras de arte intrincadas y coloristas generaron un nuevo estilo de enmarcado cuya inspiración provenía de diversas fuentes: por un lado, de los festones decorativos en pietre dure de muebles y paneles; por otro, de los retablos arquitectónicos exentos elaborados con mármoles multicolores; y, por último, de los bargueños que combinaban paneles pintados y enmarcados con franjas de taracea y columnas de piedras semipreciosas. Este conjunto de influencias dio lugar a dos tipos de marco: los marcos de edículo o tabernáculo con taracea de madera o de falso mármol policromado, y los marcos cassetta de friso ornamentado con engastes planos y cartuchos de piedra. Ambos estuvieron de moda desde mediados del siglo XVI hasta bien entrado el XVII, periodo durante el cual fueron cobrando una complejidad casi de orfebrería.


No parece probable que los surrealistas retratos de Arcimboldo estuvieran enmarcados de este modo; sin embargo, es posible que los rodeara la versión cassetta de estos marcos con incrustaciones de gemas verdaderas y pintadas.


Se atribuyen al historiador del arte Federico Zeri los dos característicos marcos en pietre dure de los retratos de Arcimboldo que nos ocupan. Viendo la disparidad de las soluciones que se habían dado al problema de enmarcar a Arcimboldo, Zeri decidió salirse de las sendas trilladas y producir un diseño muy personal basado en los marcos en pietre dure de las Kunstkammer, en el que la armonía de color de las piedras fuera eco del colorido de cada cuadro. Los marcos, con molduras grises ebanizadas, son lo suficientemente anchos para proporcionar un límite definido en torno a cada cuadro; presentan tonos luminosos y juguetones, en el mismo espíritu que las flores de las que se componen los retratos; recalcan el aspecto eminentemente decorativo de la obra de este pintor; y poseen la suficiente autenticidad histórica para proporcionar una respuesta más que aceptable a un problema que parecía irresoluble.



* Extracto del ensayo de Lynn Roberts y Paul Mitchell publicado en el catálogo de la exposición