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Exposición en Madrid

El gusto moderno
Art déco en París, 1910-1935

26 marzo28 junio 2015

La exposición El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935, presente en la Fundación Juan March entre el 26 de marzo y el 28 de junio, y a la que este catálogo acompaña, quiere ofrecer la oportunidad de conocer, juzgar y disfrutar del que ha sido llamado "el último estilo total" de la historia: el difícilmente definible art déco. Ésta es la primera muestra que se le dedica en España y también la primera en celebrarse fuera de un museo generalista o de artes decorativas, en una institución con un programa de exposiciones centrado fundamentalmente en el arte moderno.

El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935 no es –y al mismo tiempo sí es– una exposición "de" artes decorativas. Compuesta por más de trescientos cincuenta objetos, la muestra cuenta con sobresalientes ejemplos de piezas adscribibles a las artes decorativas, pero ha sido muy precisamente concebida y desarrollada en abierto desafío a la ya tradicional separación –tan estricta como demasiado fácil para ser verdadera– entre las bellas artes y las artes decorativas (o aplicadas), típica de nuestra conciencia estética contemporánea, musealizada y moderna en el estricto sentido histórico de esta palabra. La exposición quiere cuestionar la casi total ausencia del art déco en la historia del arte moderno, en sus manuales y también en la práctica curatorial, y vindicar –tal y como ha ocurrido en algunos casos ejemplares a partir del revival déco que se produjo a partir de los años setenta– no solo la obvia belleza del art déco, sino el interés y la complejidad cultural y artística de su peculiar carácter moderno.


Henry Sauvage. Exposición Internacional de Artes Decorativas Modernas. París. Pavillon Primavera. 1925
Henry Sauvage. Exposición Internacional de Artes Decorativas Modernas. París. Pavillon Primavera. 1925

El "estilo" –o más bien la mezcla de estilos e influencias– que llamamos art déco empezó a desperezarse en París, la entonces capital del arte moderno, alrededor de 1910, en buena parte como reacción contra el art nouveau, que había vuelto al simbolismo del XIX y a la naturaleza como fuente de inspiración de las artes. Los cultivadores del déco tenían la pretensión, moderna por definición, de crear algo nuevo, pero al mismo tiempo concentraron en sus prácticas una enorme variedad de fuentes e influencias, que iban desde los estilos nacionales históricos –en el caso de Francia, los de los siglos XVIII y XIX– hasta las tradiciones vernáculas, pasando por las de otras épocas y otros países como la Grecia arcaica, Egipto, África, México, Japón o China, sin olvidar el influjo ejercido por las primeras vanguardias –en especial el cubismo–, pues como ya había ocurrido con los cultivadores del nouveau, los representantes del nuevo estilo estaban absolutamente al día de las corrientes artísticas más actuales.

Un claro ejemplo de ello fue el proyecto La Maison cubiste, presentado en el Salón de Otoño de París de 1912, con un programa decorativo que constaba de una fachada a tamaño natural diseñada por Raymond Duchamp-Villon –facetada en planos, como si de una obra de Pablo Picasso, Juan Gris o Georges Braque se tratara–, que incluía interiores decorados por Louis Süe y André Mare, Maurice Marinot, Jacques Villon, Roger de la Fresnaye y Marie Laurencin, y en cuyas paredes colgaban pinturas de los dos últimos, y de otros artistas como Marcel Duchamp, Fernand Léger o Albert Gleizes.

Junto a esta característica capacidad de asimilar y reelaborar una gran variedad y disparidad de fuentes e influencias, quizá el rasgo más característico del art déco fuera su intención de ser "moderno" y, por tanto, evitar las imitaciones directas. Pero quiso ser moderno –respondiendo a las condiciones impuestas por los avances técnicos, el progreso industrial, las comunicaciones y la planificación urbana de la ciudad del nuevo siglo– sin seguir los estrictos principios de lo que se ha denominado "modernidad" o "movimiento moderno", unos principios que excluían lo decorativo y toda forma ornamental, consagrando como líneas directrices la funcionalidad y la forma abstracta.


La exposición quiere cuestionar la casi total ausencia del art déco en la historia del arte moderno, en sus manuales y también en la práctica curatorial, y vindicar –tal y como ha ocurrido en algunos casos ejemplares a partir del revival déco que se produjo a partir de los años setenta– no solo la obvia belleza del art déco, sino el interés y la complejidad cultural y artística de su peculiar carácter moderno

La diversidad de fuentes privó al art déco de un cuerpo único de rasgos estilísticos. Desde las flores estilizadas y la importancia de la luz o de las fuentes ya presentes en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas celebrada en París en 1925, hasta el Modern Jazz y el Streamline del diseño industrial norteamericano que se impuso entre los años treinta y cincuenta en todo el mundo, al art déco se le puede reconocer cierta unidad, sin embargo, por su culto a la calidad, su incorporación de las formas de vida modernas, la celebración de lo nuevo, de la sensualidad juvenil y también del consumo. Además, el déco cultiva como procedimiento generalizado cierta amplificación del detalle y del efecto, la elección de materiales exóticos, la calidad de su factura y un dominio maestro de las técnicas de seducción del gusto del público. Lo que conocemos como art déco fue un estilo moderno, pero alternativo a la vanguardia; significó una modernidad más pragmática y ornamental que utópica y funcionalista, y se convirtió en el gran estilo del deseo y el gusto modernos, tan característicos de las sociedades occidentales y del capitalismo de las primeras décadas del siglo XX, a pesar de lo cual ha estado casi ausente de la historia canónica del arte moderno, una ausencia que esta muestra impugna decididamente desde su misma concepción.

La iniciativa del gobierno francés de celebrar la Exposición de 1925 –originalmente programada para 1916– con el fin explícito de restablecer la primacía internacional de los productos de la industria francesa del lujo, supuso un verdadero trampolín para el art déco. La Exposición acaparó la atención mundial (y las críticas) y provocó enseguida la difusión del estilo por todo el mundo, una influencia global que se prolongaría al menos hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. La Exposición fue un gran éxito de público, aunque muchos de sus críticos creyeron que se había perdido la oportunidad de desarrollar un estilo industrial, democrático –los pabellones más llamativos estaban dirigidos a la élite adinerada–, paralelo y alternativo al comercio de lujo y el consumo diferenciado de lo que Thorstein Veblen llamó "la clase ociosa". En París, sus principales consumidores fueron las mujeres jóvenes de clase alta aficionadas a la moda y los couturiers que trabajaban para ellas, algo de lo que los espectaculares apartamentos de Jacques Doucet, Suzanne Talbot o Jeanne Lanvin son claros ejemplos.

Puede decirse que el art déco nació en París tras el fin de la Primera Guerra Mundial y se prolongó en el tiempo hasta que las consecuencias del Crack de Wall Street de 1929 se hicieron sentir también en Francia, a partir de 1931. Hacia 1929 comenzaría a abrirse paso en su seno otra sensibilidad, más en tránsito hacia la otra modernidad, que reaccionaba contra el lujo excesivo y la voluptuosidad ornamental de buena parte del primer art déco. En paralelo a un retorno en todo el mundo a cierta austeridad en las artes decorativas y la construcción, un grupo de jóvenes artistas –evolucionados o disidentes del primer déco y miembros de la posterior Union des artistes modernes (UAM) fundada en París en 1929– comenzó a trabajar de un modo más sobrio, utilizando acero y cromo tubular como principales materiales, influenciados por el movimiento moderno que, desarrollado en Holanda y Alemania, en Francia representaba principalmente Le Corbusier, quien había sido el principal antagonista del nuevo estilo ya antes de 1925. Hasta aquí el relato histórico del primer art déco, del que esta exposición se ocupa desde un punto de vista muy específico: el de su inclusión en la historia del arte moderno.


Charlotte Perriand. Silla Gueridon, c. 1927. Musée des Beaux-arts de la Ville de Reims © C.Devleeschauwer
Charlotte Perriand. Silla Guéridon, c. 1927. Musée des Beaux-arts de la Ville de Reims © C.Devleeschauwer

El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935 se organiza en ocho secciones, cronológicas y temáticas, a través de las que se narra un fenómeno tan fascinante como poco conocido. En espacios y ambientes de distinta envergadura, la exposición combina reconstrucciones y recreaciones con más de trescientas cincuenta piezas de pintura, escultura, mobiliario, moda, joyería, perfumería, cine, arquitectura, vidrio, cerámica, laca y orfebrería, además de tejidos, encuadernaciones, fotografías, dibujos, planos, maquetas, carteles publicitarios y revistas, que testimonian el gusto moderno y el aire de un tiempo –los años veinte y treinta en París– tan difíciles de captar como presentes en nuestra cultura contemporánea.

Buena parte de las obras seleccionadas se caracterizan por dos notas: muchas de ellas son obras valiosas y poco conocidas, pero de autores célebres; otras son igualmente valiosas, pero de autores desconocidos para el gran público. Numeroso es en todo caso el conjunto de artistas, artistas-decoradores, diseñadores, couturiers, interioristas, arquitectos, artesanos o ensembliers que definieron el déco con la tarea coral de sus creaciones: más de 122 autores cuyas obras se presentan en estas páginas. A través de esas obras, el relato expositivo comienza buscando los orígenes del art déco en el París de la primera década del siglo XX, revisando el cubismo como una de sus fuentes y ofreciendo una panorámica del lujo y la funcionalidad de los interiores franceses de los años veinte. Después, plantea un recorrido por la Exposición Internacional de París de 1925. La muestra es exhaustiva a la hora de exponer los objetos resultantes de los procesos de seducción para el consumo y creación de nuevos hábitos sentimentales, corporales e intelectuales que el art déco ejerció sobre la moda, la perfumería, los complementos y los objetos decorativos durante los años veinte y treinta; la muestra se demora en la presencia de lo exótico en el art déco –centrada en la Exposición Colonial de 1931 en París– y llega hasta mediados de los años treinta, cuando la peculiar modernidad del art déco se reúne y se mezcla con aquellas nuevas formas –las de Charlotte Perriand, Le Corbusier o Eileen Gray– habitualmente identificadas con la modernidad, de cuya historia el decó, curiosa e injustamente, parece casi no haber formado parte.


Lo que conocemos como art déco fue un estilo moderno, pero alternativo a la vanguardia; significó una modernidad más pragmática y ornamental que utópica y funcionalista, y se convirtió en el gran estilo del deseo y el gusto modernos, tan característicos de las sociedades occidentales y del capitalismo de las primeras décadas del siglo XX

El catálogo de la muestra reúne además un significativo conjunto de ensayos y textos que componen una visión del art déco al mismo tiempo amplia y detallada, que proporcionará a los lectores una completa introducción a nuestro tema. El proyecto ha contado con el profesor Tim Benton como comisario invitado y con la colaboración de Ghislaine Wood como asesora especial: ambos fueron responsables de la exposición Art Déco, 1910-1939, celebrada en el Victoria and Albert Museum en 2003. Los ensayos fuertemente interpretativos de Benton –convocado por la Fundación Juan March a la vista no sólo de su conocimiento del tema, sino sobre todo de su aproximación a él desde el conocimiento de la modernidad y sus figuras, singularmente la de Le Corbusier–, José Miguel Marinas y Tag Gronberg se combinan con los acercamientos en detalle de Emmanuel Bréon, Ghislaine Wood, Évelyne Possémé, Hélène Andrieux, Agnès Callu, Carole Aurouet y –para el peculiar caso español– Francisco Javier Pérez Rojas.

El lector encontrará también, junto a la pormenorizada catalogación de todas las piezas, un amplio abanico de ilustraciones –casi un millar–, muchas de ellas reveladoras de un art déco sorpresivo: un art déco oculto, desconocido, no vulgarizado y de una sofisticada calidad: un arte que deseaba, en muchos casos, difundirse hasta democratizar y universalizar lo que hoy se puede llamar con precisión "el gusto moderno".

Horario y Lugar