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Exposición en Madrid

LOS PAISAJES AMERICANOS DE ASHER B. DURAND (1796–1886)

1 octubre 2010 – 9 enero 2011

Los árboles como obsesión

Pinos, montaña North, Catskill, Nueva York
Asher B. Durand.
Pinos, montaña North, Catskill, Nueva York, 1848
The New–York Historical Society

De los dos leitmotivs —los árboles y las rocas— que estimulaban la obra de Asher B. Durand, los árboles pueden considerarse su "magnífica obsesión". Los estudios de árboles al aire libre le servían como práctica naturalista y ejercicio espiritual. De las más de trescientas láminas de Durand que hay en la colección de la New-York Historical Society —la mayor parte de sus dibujos—, al menos ciento cincuenta y siete son estudios de árboles, y más de cien son paisajes en los que destacan árboles o grupos arbóreos.


Grupo de árboles
Asher B. Durand.
Grupo de árboles, 1855-1857.
The New–York Historical Society

Fascinado por los árboles como iconos naturales, Durand escribió con elocuencia sobre ellos en sus "Cartas sobre la pintura paisajística" para The Crayon (1855). En este manifiesto sobre la pintura norteamericana hace referencia a ellos veinte veces, y además menciona los bosques y el follaje. Para él los árboles eran el vehículo mediante el que podía desvelar lo ideal a través de lo real, y abogaba por dibujarlos a "lápiz" (grafito) sobre papel, una receta que siguió de forma compulsiva.

Durand no estaba solo en su obsesión por los árboles. Desde el movimiento romántico internacional de finales del siglo XVIII hasta el realismo de artistas como Gustave Courbet (1819-1877) y German Biedermeier, los árboles salpicaban los paisajes a modo de almenaras icónicas. Parejo a Durand, Caspar David Friedrich (1774-1840) estaba obsesionado con dibujar árboles solos, en grupo o en hileras y los incluyó de manera destacada en muchas de sus pinturas así como en sus grabados. Al igual que Durand, también tenía fijación por las piedras.

El hijo del artista, John Durand (1822-1908), documentó los hábitos de su padre a la hora de dibujar y la obsesión con los árboles que prosiguió en su obra posterior. John lo describía "deteniéndose en el campo donde... los troncos y las ramificaciones de árboles particulares, las masas verdes a media distancia y los contornos de las montañas certificaban su búsqueda de lo bello". Acerca de las costumbres de su padre anotaba:

Cuando hallaba árboles en grupo, seleccionaba el que le parecía, por edad, color o forma, más característico de su especie o, en otras palabras, el más bello... [é]l eliminaba todos los arbustos y demás árboles que interferían en la impresión que le había ejercido el elegido. Todo estudio realizado al aire libre... se contemplaba como una especie de escena teatral en la que un árbol o un aspecto de la naturaleza en particular podía considerarse la figura principal... dando mayor relieve al objeto más interesante.

Estudio de árboles y rocas
Asher B. Durand.
Estudio de árboles y rocas,
Catskill Clove, Nueva York
, 1850.
The New–York Historical Society
Estudio de árbol, Newburgh, Nueva York
Asher B. Durand.
Estudio de árbol,
Newburgh, Nueva York
, c. 1849.
The New–York Historical Society

Por encima de todo, los árboles que dibujó Durand en su madurez fascinan desde un punto de vista visual, pues sus diversos trazos de grafito evocan, de un modo mágico, la infinita variedad de texturas y movimientos de aquellos, y a veces incluso sus sonidos cuando son agitados por el viento.


(Extracto de Una magnífica obsesión: los árboles de Durand como centinelas espirituales de la Naturaleza, por Roberta J. M. Olson, en el catálogo)