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Otto Dix
Autorretrato con caballete

Autorretrato con caballete, 1926

En el punto culminante de su carrera, cuando en la metrópoli berlinesa se consagra como uno de los protagonistas más controvertidos del arte alemán del momento, Dix se muestra en el Autorretrato con caballete de 1926 como espía y testigo principal de la era de Weimar. Su misión es poner al descubierto y levantar acta de lo que sucede. Mirada furiosa y pincel afilado son los escalpelos con los que el artista cirujano disecciona su época. Desde el punto de vista técnico y psicológico, el cuadro es una obra maestra del retratista de personas. Pura pintura al temple, finísimas veladuras, colores pálidos, primacía del dibujo. Dix muestra sus dotes artísticas con la máxima humildad.

Al comienzo de su breve período vital berlinés, Dix muestra un autodominio férreo en este retrato oficial, en el que la bata de pintor es sustituida por el traje de etiqueta y la pajarita. De un modo que pasa casi inadvertido, Dix cita a su modelo, Alberto Durero, con esa mano abierta bajo el pecho, que también se atribuyó éste en un autorretrato programático realizado hacia 1500. Este gesto, con el que, en los maestros alemanes antiguos, Cristo llama la atención sobre su herida en el costado, se convierte en estigma de los sufrimientos del artista por sus contemporáneos.
Textos: Ulrike Lorenz



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