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Job

Job, 1946

En 1946 Dix regresa de su cautiverio francés a la dividida Alemania de posguerra y, a diferencia de muchos compañeros de la modernidad, emprende una ruptura radical con su propia evolución estilística y métodos artísticos. Tira por la borda “los trastos renacentistas” y retorna a sus propios inicios: al expresivo y simbólico incremento de los aspectos expresivos en la técnica alla prima. El neoexpresionismo y el alegorismo cristiano del Dix tardío son hasta hoy motivo de disputa y controversia. El pintor encuentra en Job, el gran hombre resignado del Antiguo Testamento, una figura ejemplar y trágica y un símbolo dolorosamente actual de culpa y expiación en un mundo destruido. Con la expresiva reinterpretación de la iconografía cristiana, y tras la inseguridad existencial, Dix vuelve a garantizarse una realidad transformada a nivel metafórico. Con el lenguaje formal de su expresionismo verista de posguerra plasma imágenes de su época de enorme agudeza y densidad expresiva. Su Job no es únicamente lamento, sino que plantea la cuestión de la responsabilidad y dignidad del individuo.
Textos: Ulrike Lorenz



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