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Naturaleza muerta con velo de viuda

Naturaleza muerta con velo de viuda, 1925

Las naturalezas muertas son escasas en la obra de Dix anterior a 1945. Casi siempre el artista medita en ellas sobre la caducidad de lo terreno y de la belleza. También ésta, que surge poco antes de su traslado a Berlín, es una alegoría de la fugacidad rica en alusiones. El palo apoyamano del artista, imprescindible para la técnica de veladura de los maestros antiguos, se ha convertido –al modo de una columna vertebral– en sostén del esqueleto y del tocado. Lleva una cofia forrada de blanco, con un velo de viuda que rodea con levedad el fragmento de un muy estropeado esqueleto docente. Con este ser fantasmal Dix inventa un doble símbolo de la muerte. De la pared cuelga una máscara en escayola del artista pintada de azul, ejecutada por su hermano, estucador de profesión. Al ponerle ojos y cejas y pintarla con carmín de labios, Dix le confiere la demoníaca viveza de un vampiro. El tema del velo de viuda, con y sin viuda, en diferentes técnicas y matices temáticos, por el que Dix entre 1922 y 1925 siente auténtica pasión, revela también un aspecto de aguda actualidad. Desde el estallido de la Primera Guerra Mundial, las prostitutas en Alemania utilizaban la erótica de la viuda como macabra táctica de seducción. Este sentido ambivalente aguza la visión de Dix sobre la ambivalencia de la existencia: “Sí, eso también es un gusto por lo grotesco: ¡En el mundo todo es siempre dialéctico! ¡Los extremos se tocan!”.
Textos: Ulrike Lorenz



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