Web oficial de la Fundación Juan March

Caspar David Friedrich: arte de dibujar

16 octubre 2009 - 10 enero 2010

Un acercamiento diferente y novedoso

Tres piezas excepcionales de Caspar David Friedrich –Primavera, Verano y Otoño, de la serie Las estaciones del año (1803-, tres dibujos a la sepia que, perdidos durante decenios, se habían encontrado en 2004, pudieron contemplarse en primicia mundial (poco después de su presentación en una pequeña muestra organizada en 2006 en Berlín) abriendo la exposición La abstracción del paisaje. Del Romanticismo nórdico al Expresionismo abstracto de la Fundación Juan March en 2007. Esta institución se propuso entonces dedicar una exposición a una figura tan significativa para el arte universal como la de Friedrich, a quien en España sólo se le ha dedicado una muestra monográfica, la del Museo del Prado en 1992, y hacerlo desde una perspectiva que recogiese la investigación más actualizada y supusiera también un acercamiento novedoso e interesante para el público.
El resultado es este proyecto, llevado a cabo con la asesoría científica de quien es hoy la máxima especialista en la obra sobre papel de Caspar David Friedrich, Christina Grummt. La idea de la exposición es, pues,  mostrar la sustantiva belleza de su obra sobre papel, que ha quedado a la sombra de sus grandes obras, los paisajes sublimes que han convertido a Friedrich en una cima del Romanticismo. Y, además, desvelar la peculiaridad del “arte de dibujar” del artista, la función que cumplían los pequeños dibujos de nuestro artista –y, en concreto, sus curiosos bocetos y sus pormenorizados estudios nach der Natur (“según la naturaleza”), mayoritarios en esta exposición–, en la economía de su trabajo artístico, en relación a sus pinturas “acabadas”, a sus grandes y célebres paisajes al óleo.
Las casi 70 obras de esta exposición son creaciones de delicada belleza, minuciosamente ejecutadas en plena naturaleza. Y además, muchas de ellas fueron, más tarde, utilizadas y reutilizadas por el artista como las piezas de un moderno sistema de arquitectura pictórica con el que construir, lejos ya de la naturaleza –en el taller–, los sublimes paisajes que han hecho de él el pintor más célebre del Romanticismo alemán.

Un modo de trabajar muy “contemporáneo”

El molino del rey en el pago de Plauen

Caspar David Friedrich. El molino del rey en el pago de Plauen, c. 1802. © Städtische Galerie Dresden, Kunstsammlung, Dresde. Foto: Franz Zadnicek


Dibujados en cuadernos o en hojas sueltas, a lápiz o pluma, durante largas sesiones de trabajo o durante sus viajes, al hacerlos Friedrich no tenía en mente una pintura definida; de modo que, estrictamente, no se trata de dibujos “preparatorios”. Más bien son fragmentos dibujados de la naturaleza, de la misma naturaleza que el artista “leía” como un libro escrito por Dios el día de la Creación, una convicción sin la que, como escribe Helmut Börsch Supan en el catálogo de la exposición, no se puede entender la obra de Friedrich. Éste organizó con esos fragmentos dibujados un auténtico “depósito” de recursos pictóricos, un “Baukastensystem” (Werner Busch), “un sistema modular” con el que componer unos paisajes que, como tales, no eran la exacta figuración de su modelo natural.
El interés de este sistema de trabajo no es sólo el de sorprender esa especie de bricolaje con fragmentos,  que casi estamos tentados de llamar “contructivista” que Friedrich practicaba. Sus estudios y dibujos “según la naturaleza” –minuciosos, detallados, perfectamente datados en día y hora y llenos de anotaciones que le permitieran después recordar exactamente las condiciones en las que había hecho cada uno– atestiguan, además de su peculiar proceso de trabajo, la devoción pietista por la naturaleza que guió su vida, y que le llevaba a ver, incluso en el fragmento más ordinario de vida, la huella de lo sobrenatural. Una huella que debía ser cuidadosa, piadosa y fielmente registrada. Y de ahí obtienen los dibujos de Friedrich su significado. Friedrich no pintaba en plena naturaleza; en la naturaleza solo dibujaba; y es en sus dibujos, por tanto, donde se produjo el trato primordial del artista con una naturaleza cargada de significado, donde encontramos la huella inmediata del sentimiento que le inspiró.

El Caspar David Friedrich que emerge de las obras presentadas en esta exposición es, además del adusto artista romántico que nos ha legado la tradición, un pintor y un dibujante con un modo de trabajar muy “contemporáneo”.

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