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Caspar David Friedrich: arte de dibujar

16 octubre 2009 - 10 enero 2010

La  perspectiva romántica de Caspar David Friedrich

De entre los procedimientos utilizado por Friedrich para conducir al espectador a un estado de contemplación –lo que lograba “aplicando principios … cuya eficacia el espectador experimenta en la medida en que su mirada, gracias a ellos, no deambula por el cuadro, sino que se mantiene en la visión del todo” (Werner Busch)–, deben destacarse las modificaciones que introducía el artista al aplicar las reglas de los tratados clásicos de perspectiva, modificaciones hechas desde la mentalidad del artista romántico, y que las anotaciones de sus dibujos revelan claramente.

Lo que revelan estas anotaciones, aparentemente menores y casi maniáticas, es que Friedrich no quiso construir sus paisajes según la clásica perspectiva central; en sus obras encontramos más bien una diferencia “horizontal” entre el Diesseits y el Jenseits, “el más acá” y “el más allá” del horizonte; funciona en su obra, así, “el principio primordial de un primer plano delimitado y un trasfondo ilimitado de cualidad totalmente distinta” (Helmut Börsch-Supan).

En los dibujos de Friedrich, pues, la perspectiva clásica ha sido “romantizada”, preparando el camino para sus grandes obras contemplativas. En éstas, este nuevo modo de escenificar los paisajes puede ir más allá del compromiso fiel con la realidad que atestiguan sus dibujos, “en la medida en que … genera efectos que superan, al menos en la recepción por parte del espectador, lo real” (Werner Busch).

Arquitecturas y ruinas

Vista general de una construcción ovaladas
Vista general de una construcción ovalada, entre 1814 y 1825. Germanisches Nationalmuseum, Graphische Sammlung, Núremberg.
Sección de una construcción ovaladas
Sección de una construcción ovalada, entre 1814 y 1825. Germanisches Nationalmuseum, Graphische Sammlung, Núremberg.

Friedrich hizo numerosos esbozos de edificaciones y otros tantos los dedicó a algo tan típicamente romántico como sus ruinas. En sus arquitecturas domina cierta precisión instrumental: son dibujos con la exactitud que requiere un croquis que otros han de seguir para construir algo, como en el caso de la iglesia de Stralsund (CAT. 4 a 7).

En sus ruinas, en cambio, llenas de anotaciones y profusamente usadas después para las grandes pinturas de paisajes contemplativos tan característicamente suyos, asistimos con melancolía a lo contrario: a la decadencia y el carácter efímero de la obra de los hombres en medio de la Naturaleza.

Plano de planta de una estructura oval con una torre delante y parque contiguo
Plano de planta de una estructura oval con una torre delante y parque contiguo, entre 1814 y 1825. Germanisches Nationalmuseum, Graphische Sammlung, Núremberg.
Plano de planta de una estructura oval con una torre delante
Plano de planta de una estructura oval con una torre delante, entre 1814 y 1825. Germanisches Nationalmuseum, Graphische Sammlung, Núremberg.
La naturaleza

Los estudios y dibujos “según la naturaleza” de Friedrich, muy detallados, perfectamente datados en día y hora y llenos de anotaciones que le permitían recordar exactamente las condiciones en las que había hecho cada uno, atestiguan, además de su novedoso proceso de trabajo, su devoción pietista por la Naturaleza que guió su vida. Esta visión le llevaba a considerar el fragmento más ordinario de vida como una huella del más allá, que debía ser piadosa y fielmente registrada.

La Naturaleza y los sentimientos que ésta inspira en el alma del hombre –según Friedrich la “única fuente verdadera del arte”– conforman el escenario primordial en el que se desarrolla su obra y, literalmente, sus dibujos. De ahí el registro minucioso de cada detalle: árboles literalmente “retratados” (Helmut Börsch-Supan); roquedos en los que el contraste de luces y sombras forma una cruz, minúsculas plantas, costas y playas, el preciso colorido de un arroyo o la pendiente exacta de una loma del valle del Elba. En la vivencia del paisaje tomó forma el fundamento de su pintura y de su vida: como escribió, “debo rendirme a lo que me rodea, unirme con las nubes y con las piedras, para ser lo que soy”.

Figuras

Las figuras y su movimiento no fueron nunca la especialidad de C. D. Friedrich, cuyas grandes obras casi carecen de acción y desarrollo narrativo y sus escasos personajes suelen comparecer en actitud contemplativa; a veces dibujaba las figuras que precisaba en papel de calco, que después usaba para transferirlas a los óleos, como en los estudios  CAT. 67, 68 y 69 presentes en la exposición. Pero, salvo algunos retratos de familia, Friedrich no cultivó el género: incluso cuando son figuras relativamente grandes resultan absorbidas por la fuerza de los grandes espacios y su sugerencia de infinitud.

Hombre con un bastón y mujer, dos niñas
Hombre con un bastón y mujer, dos niñas,c. 1825. Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett, Berlín.
Hombre sentado
Hombre sentado, c. 1822. Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett, Berlín.
Mujer con portavela y niñ
Mujer con portavela y niño, c. 1825. Kunsthalle Mannheim, Graphische Sammlung.