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La destrucción creadora. Gustav Klimt, el friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte. 6 octubre 2006 - 14 enero 2007
La polémica en torno a Klimt y la lucha por la libertad del arte

Una querella sobre el arte y la libertad artística

“Retrospectivamente, las controversias en torno a Klimt pueden considerarse como una querella de carácter general sobre la concepción del arte y sobre la libertad artística. Y, de hecho, fueron precisamente los partidarios de Klimt los que convirtieron la querella en una cuestión de principios. Aquel escándalo artístico de comienzos del siglo XX en la Viena del umbral de la modernidad exhibe, en efecto, todas las características de la típica dinámica de esos procesos: la agitación intencionada de los ánimos, la manipulación de las opiniones y el abuso de la controversia con un objetivo, en parte, muy distinto. Pues muy pronto quedó claro que no se trataba solo de un debate artístico, cultural o moral, sino de una controversia política que se movía entre el universalismo, el fomento de la unidad de Estado, el nacionalismo y el antisemitismo.

Nunca se apreciará suficientemente la importancia que tuvo la lucha por la libertad del arte que sostuvieron Klimt y sus compañeros de la Secession. De manera consecuente con todo ello, la evolución del arte tomaría en Viena una dirección distinta a la que tomó en otras metrópolis del arte: no la dirección de la abstracción, sino la de un mayor verismo, más drástico, frente a la realidad. Y son precisamente los pintores expresionistas como Gerstl, Kokoschka o Schiele quienes asumen ese Ethos de sinceridad incondicionada.”

Stephan Koja, Introducción. El Friso de Beethoven y la controversia sobre Klimt (extracto), en el catálogo.


Gustav Klimt: “Una situación denigrante para los verdaderos artistas”

“No hay situación más dolorosa para un artista, y naturalmente entiendo este concepto en sentido muy estricto, que crear obras, y recibir dinero a cambio, para un cliente que no le apoya plenamente con la cabeza y el corazón. Eso no lo aguanto y hace ya mucho tiempo que busco la ocasión de librarme de una situación, que considero absolutamente denigrante para los verdaderos artistas. (...)
De los mismos sentimientos timoratos nació el brusco rechazo al proyecto diseñado por la Secession para la Exposición de San Luis. No; he sido siempre, y sobre todo, una terrible molestia para el Ministro, y con el paso que ahora doy le eximo, de una vez por todas, de la extraña protección que me ha dispensado. Tampoco volveré nunca, sobre todo con este Ministerio, a participar en una exposición oficial, salvo que mis amigos me obligasen a hacerlo. Basta de censura. No buscaré otra ayuda que la mía propia. Quiero liberarme. Quiero dejar atrás todas estas molestas ridiculeces que retrasan mi trabajo y recuperar mi libertad. Rechazo toda ayuda del Estado, renuncio a todo.”

De una entrevista con Berta Zuckerkandl-Szeps, en 1905, a raíz de la decisión del artista de recuperar sus obras, entregadas  al Ministerio de Educación. (catálogo)


Hermann Bahr: “Callar es convertirse en cómplices”

“Los pensadores, los artistas, sólo son una parte de la cultura. Ellos crean. Pero la otra parte tienen que ponerla las personas cultas. Es a éstas a quienes corresponde transmitir lo creado, las ideas o sentimientos, y conseguir que sean eficaces y fructifiquen en el pueblo. Si faltase esta actividad transmisora de los intelectuales, los artistas y los pensadores penderían sobre el vacío. Y entonces, ¿qué ocurriría si nuestros artistas dijeran un día que aquí desperdician sus fuerzas, que en nuestro país no se dan las condiciones necesarias para el arte y la cultura?
Ninguno de ellos necesita quedarse aquí, ninguno está atado aquí por sus intereses materiales, cualquiera puede irse mañana mismo. Si se quedan, será solamente por un sentido del deber muy estricto y por una elevada y noble forma de patriotismo. Pero en el momento en que percibieran que les resulta imposible desarrollar su actividad artística porque les falta la actividad transmisora de los intelectuales, este sentido del deber ya no tendría razón de ser. Entonces, tendrán derecho a irse y a buscarse una patria mejor.
(…) En mi opinión, el que calla ante tales atentados contra el arte se convierte en cómplice. En mi opinión, la masa de mediocres no sería tan perversa si los intelectuales no fueran tan cobardes. En mi opinión, cuando está en juego la libertad del arte y hay que proteger a los artistas, cada hombre tiene la obligación de ponerse en pie y alistarse. Yo ya lo he hecho. ¡Ahora les toca a ustedes!”

Del Discurso sobre Klimt, 1901 (extracto), en el catálogo.

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