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La destrucción creadora. Gustav Klimt, el friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte. 6 octubre 2006 - 14 enero 2007
Las pinturas para la Universidad de Viena

En 1894, Gustav Klimt y su colega el pintor Franz Matsch fueron invitados a realizar pinturas para el techo del Aula Magna de la nueva Universidad de Viena con representaciones simbólicas de las cuatro Facultades tradicionales en las universidades europeas de la época: teología, filosofía, derecho y medicina. Klimt se encargó de la Filosofía, la Medicina y la Jurisprudencia. La primera que terminó fue Filosofía. En 1901 acabó Medicina y en 1907 terminaría la versión definitiva de Jurisprudencia. Cuando los cuadros se expusieron entre 1900 y 1905 en la Secession, fueron objeto de furibundos ataques en la prensa, siendo tachados de pornografía. A tal punto llegó el escándalo y las protestas que Klimt acabó por retirar las tres pinturas y renunciar al encargo.


Filosofía

El Mundo como Voluntad

En Filosofía, Klimt mostraba que aún era hijo de la cultura teatral. Nos presenta el mundo como si lo viéramos desde el patio de butacas, un theatrum mundi de la tradición barroca. Sin embargo, mientras el theatrum mundi barroco estaba claramente dividido en cielo, tierra e infierno, en esta obra la tierra parece haber desaparecido, disuelta en una fusión de las dos esferas restantes. Los cuerpos enredados de la humanidad doliente van a la deriva lentamente, suspendidos sin propósito definido en un vacío viscoso. En la oscuridad cósmica –las estrellas están mucho más atrás– aparece una Esfinge pesada y somnolienta que no se ve y que es nada más que una condensación del espacio atomizado. Sólo el rostro situado en la base de la pintura sugiere, con su luminosidad, la existencia de una mente consciente: es  la  Wissen (Sabiduría).

La visión del universo de Klimt es la de Schopenhauer: el Mundo como Voluntad, como energía ciega en una ronda incesante de nacimiento, amor y muerte carentes de significado. La Wissen de Klimt es fría y dura. En sus ojos misteriosamente luminosos, esta sacerdotisa filosófica
muestra una actitud distinta: una sabiduría, a la vez impetuosa y glacial, que afirma el Mundo de la Voluntad.

Carl E. Schorske, Viena Fin-de-Siècle (extracto), en el catálogo.


Medicina

La ambigüedad biológica del hombre

Klimt presentó el campo de acción de la medicina como una fantasmagoría de humanidad semidormida, hundida en una instintiva rendición a medias, pasiva ante el fluir del destino. La muerte habita en el centro de este río de vida y su velo negro se arremolina entre los cuerpos enredados de los vivos. Al igual que en Filosofía, en primer plano aparece la figura de una sacerdotisa que se interpone entre los espectadores y el theatrum mundi existencial de Klimt: Higeia. Orgullosa, alta y poderosa, Higeia es la última de las mujeres de tipo protector andrógino que señala el período medio de Klimt (1897-1901). Como la mayoría de las anteriores –dos de las tres Ateneas, Nuda Veritas y Wissen–, Higeia mira de frente, imperiosamente, al espectador, como si nos obligara  a reconocer la visión existencial que aparece a sus espaldas.En su postura hierática y a través de los símbolos que la tradición griega le adjudicó, la Higeia de Klimt meramente proclama la ambigüedad de nuestra vida biológica. Este personaje concuerda con la inquietud por el hermafroditismo y el redespertar homosexual de Fin-de-Siècle: expresiones de liberación erótica por un lado y, por el otro, temor masculino a la impotencia. Klimt proclama la unidad entre vida y muerte, la interpretación de vitalidad instintiva y disolución personal.

Carl E. Schorske, Viena Fin-de-Siècle (extracto), en el catálogo.


Jurisprudencia

La Justicia, víctima indefensa

El tema –la ley propiamente dicha, el rasgo más reverenciado de la cultura liberal austríaca– era propicio para la agitada voluntad de Klimt de hacer una declaración subversiva. Originalmente consideró a la Justicia libre de las ambigüedades de Filosofía y Medicina. Cuando en 1901, tras la controversia en la Universidad, reanudó los trabajos para Jurisprudencia, Klimt modificó drásticamente su concepción. Del cielo recorrido por las brisas en la primera versión, la escena se había trasladado a un infierno sin aire. La figura central ya no es una Justicia encumbrada, sino una víctima indefensa de la ley. Mientras en la primera versión el foco era celestial, en la segunda es infernal, subterráneo e incluso submarino.

Las furias que presiden la ejecución son a la vez femmes fatales de Fin-de-Siècle y ménades griegas. Klimt las dotó del carácter cruel y de gorgona de las ménades clásicas. Los verdaderos “guardianes de la ley” no son las figuras idealizadas de la parte superior de la pintura, sino esas furias serpentinas. En torno a ellas, en el hueco vacío del infierno, gruesos remolinos de pelo se enredan y se rodean en una tremenda fantasía sexual.

Carl E. Schorske, Viena Fin-de-Siècle (extracto), en el catálogo.