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El arte británico, sorprendentemente universal


Nocturno:
azul y plata- luz de Cremorne
, 1872

El arte británico, aprendemos a lo largo del ensayo principal del catálogo, a cargo de Richard Humphreys, comisario invitado de la exposición, es el que encontramos en 1477 en Eton College, Berkshire; en el lejano Pomeiooc, en Norteamérica, en 1585; en la catedral de San Pablo en Londres hacia 1712; en Lucknow (India) en 1784; en los Talleres Omega de Roger Fry en 1913; en la Whitechapel Gallery de Londres en 1956 o en el estudio de Bacon en South Kensington en los años 60.

Lejos de las excesivas rigideces de la pertenencia a escuelas nacionales, a un país, un estado, una nación o un imperio —y sin necesidad de aventurar rasgos de una más que dudosa psicología del arte y de las naciones, de una especie de "fisiognómica nacional"—, una de las primeras sorpresas que depara tal aproximación es comprobar una especie de localismo universal: como delatan sus nombres, un considerable número de artistas extranjeros hizo de Gran Bretaña su lugar de residencia y de trabajo (el artista británico Wyndham Lewis —a quien la Fundación dedicó una exposición en 2010— había nacido en las costas de Nova Scotia en el yate de su padre, un norteamericano). La crónica del arte específicamente británico lo presenta, de entrada, como sorprendentemente universal, y, aun poseyendo innegables rasgos propios, las obras de sus protagonistas han nacido y han evolucionado al compás de los acontecimientos históricos y artísticos.

La muestra se ha perfilado a modo de companion, ese género de libros tan prácticos (y tan anglosajones) que introducen al conocimiento y al disfrute de un aspecto concreto del saber. Se trataba de ensayar una suerte de A March Companion to British Art, eligiendo y reuniendo una serie de obras que guiaran y acompañaran al público y al lector en su recorrido —un recorrido visual con abundantes referencias literarias— por cinco siglos de arte británico: desde la actividad iconoclasta de los pietistas en el siglo XIV y la pintura civil de Hans Holbein, hasta la obra de verdaderos iconos del arte inglés de los sesenta a los ochenta, como Henry Moore, Francis Bacon, David Hockney, Peter Blake, Richard Hamilton o Richard Long.