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LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE. DEL ROMANTICISMO NÓRDICO AL EXPRESIONISMO ABSTRACTO
5 octubre 2007 - 13 enero 2008
LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE. DEL ROMANTICISMO NÓRDICO AL EXPRESIONISMO ABSTRACTO

EL  PAISAJE ROMÁNTICO DEL NORTE DE EUROPA
De Friedrich a Constable

La experiencia artística del paisaje lleva, desde Petrarca hasta hoy, el sello de la subjetividad; el hombre es parte de esa naturaleza que aislamos del todo cósmico y llamamos "paisaje”

L
o que le abrió los ojos [a Rosenblum] fue comprender que la modernidad del siglo XX no se limitaba a esa autoconciencia artística condensada en la fórmula de “l’art pour l’art”. A Rosenblum le interesaba la cuestión del sentido de la actividad artística en una época que ya no reconoce verdades de fe inapelables, y descubrió que la incertidumbre llena de interrogantes de esa época se manifestaba en “la atribulada fe en la función del arte” (“the troubled faith in the function of art”) en torno a 1800. Así fue como se topó con “los dilemas religiosos planteados por el Romanticismo (“the religious dilemmas posed in the Romantic Movement”).
 Tres décadas después parece haber llegado el momento de plantearse de nuevo cuál es el sentido propio de la “tradición romántica del norte”.”
[...]

“Al parecer, Petrarca fue el primero en experimentar conscientemente la naturaleza como un fenómeno bifocal: como un territorio empírico y, a la vez, como un paraje del alma. Más tarde Caspar David Friedrich enfiló la senda de la equivalencia entre el espíritu y la materia que también seguiría Kandinsky, al plantearse las preguntas “¿es todo materia?¿es todo espíritu?” Y hay otra pregunta más, que ya contiene su respuesta: “¿es posible que las diferencias que establecemos entre materia y espíritu no sean sino gradaciones ...?””

Werner Hofmann en “Las partes y el todo” (catálogo de la exposición)



El ciclo de Las estaciones del año de 1803 es el incunable del romanticismo alemán, la matriz de la evolución de C. D. Friedrich, desde sus vistas realistas de la naturaleza hasta el paisaje como una alegoría configurada constructivamente.

Caspar David Friedrich, El invierno, ca. 1803
Caspar David Friedrich, El invierno, ca. 1803. Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett, Berlín

Las estaciones del año, las horas del día, las edades del hombre son temas universales en la historia del arte y la cultura europeas. Sin embargo, mientras en el periodo anterior a 1800, ya fuese en la exaltación de los himnos o en la admonición de la aflicción, hacían referencia a la vinculación del hombre con el eterno ciclo de la naturaleza y la voluntad de su Creador, hacia 1800 se produjo un cambio de perspectiva: los ciclos de la naturaleza se convirtieron en el reflejo, en la representación del espíritu y el carácter del sujeto. La literatura, la filosofía y la estética de la época ofrecen numerosos testimonios al respecto. En el campo de las artes visuales el primer ciclo de Las estaciones del año, realizado en 1803 por Caspar David Friedrich (1774-1840), marca el paso de un gran género tradicional a un concepto de la modernidad.”
[...]

“El ciclo de Las estaciones del año de 1803 no es uno más; es el incunable del Romanticismo alemán: desde la manera de dibujar y manejar el pincel, pasando por la dirección de la luz y la construcción de la superficie y el espacio con sus simetrías formales, sus umbrales de visibilidad, elementos triplemente repetidos, gradaciones, etc., hasta composiciones simbólicas abiertas –la cruz en la roca, la alta montaña alpina, las elevadas ruinas de Eldena junto al mar. El ciclo constituye la matriz que da origen a toda la evolución posterior del arte de Friedrich y a corrientes con él emparentadas de la primera mitad del siglo XIX; el punto de inflexión en la obra de Friedrich, desde la representación realista de un paisaje hasta la concepción de un paisaje caracterizado por una estética metódicamente concebida, cargado de significado alegórico y perfectamente construido.” [...] Bajo la forma clásica de un ciclo de las horas del día y las estaciones del año que engloba la historia de la naturaleza, la humanidad y la cultura, se representan diversos estados de ánimo, así como la trayectoria vital y de formación cultural del individuo.”

Hein Th. Schulze-Altcappenberg en “En la cuna del Romanticismo. Las Estaciones de C. D. Friedrich de 1803” (catálogo)



El norte no es sólo un lugar geográfico: también es una dimensión cultural, y la pintura de paisaje del siglo XIX, con sus connotaciones nacionales, es sólo una de sus evidencias

John Constable, Estudio de nubes sobre un paisaje amplio, 1830
John Constable, Estudio de nubes sobre un paisaje amplio, 1830. Victoria & Albert Museum, Londres

“La formación y la transformación de imágenes y discursos acerca del Norte han tenido, desde la Edad Media hasta los actuales debates en torno a Europa, una importancia muy significativa para la comprensión de lo propio y de lo ajeno por parte de las culturas europeas. [...] En Occidente, la visión humanista de la cultura grecolatina –una cultura del Sur a la que se contraponía la incultura del “bárbaro” Norte– ha sido la dominante hasta el siglo xviii.”

“Los discursos hegemónicos han impugnado, por principio y durante largo tiempo, el derecho a la igualdad e incluso el derecho a existir del sujeto potencialmente ‘nórdico’. [...] A consecuencia del entusiasmo por Ossian, y es apenas un ejemplo, los mitos nórdicos ocuparon a partir de un determinado momento histórico el mismo lugar en el arte y la literatura que había disfrutado la mitología grecolatina. Con esa progresiva orientación hacia lo "nórdico" fue haciéndose posible la oposición a las tradiciones cristianas. En los albores de la Modernidad esas relaciones se alteraron de nuevo y de una forma tan sustancial que parece justificado plantearse hasta qué punto lo "nórdico” no será una metonimia de lo "moderno” (y viceversa), mientras que, en cierto modo, lo “meridional” y lo latino han devenido los arcaicos contrafuertes de la civilización del Atlántico Norte. [...]”

Bernhard Teuber, Olaf Mörke y Víctor Andrés Ferretti, en  “Imaginatio Borealis”. Para una topografía cultural de lo “nórdico” (catálogo)