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LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE. DEL ROMANTICISMO NÓRDICO AL EXPRESIONISMO ABSTRACTO
5 octubre 2007 - 13 enero 2008
LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE. DEL ROMANTICISMO NÓRDICO AL EXPRESIONISMO ABSTRACTO

UNA EXPOSICIÓN CON ARGUMENTO

La partida de nacimiento de La abstracción del paisaje. Del romanticismo nórdico al expresionismo abstracto es, aunque remota en el tiempo, perfectamente identificable. En 1972, un profesor norteamericano de cuarenta y seis años, el historiador del arte Robert Rosenblum, fue invitado, como Slade Professor of Fine Art en la Universidad de Oxford, a pronunciar las ocho conferencias públicas correspondientes a esa distinción, con la sugerencia de que éstas tuvieran un carácter “general y especulativo”.“Para la mayoría de los historiadores del arte, especialmente en el mundo de habla inglesa –contaría Rosenblum después– no habría sido un trance muy corriente: para bien o para mal, nos hallamos más a gusto en los valles seguros de los hechos que en las precarias cumbres de las ideas, y nos da más satisfacción probar una fecha que construir una síntesis histórica nueva”.

Max Ernst, Sol
Max Ernst, Sol
Colección privada
Sin descuidar los datos y los hechos, se propuso, efectivamente, ensayar una síntesis histórica novedosa. Conocido y celebrado ya por entonces, había publicado en la revista Artnews, en 1961, un pequeño artículo –que este catálogo ofrece por primera vez en español– bajo el sugerente título de “The Abstract Sublime”. Allí había planteado la conexión existente entre la tradición romántica del norte de Europa y la corriente que, en aquel momento, era todavía la vanguardia de la vanguardia pictórica: el expresionismo abstracto norteamericano.

Rosenblum decidió, para las Slade Lectures, ampliar ese argumento, y dictó las ocho conferencias cubriendo el lapso temporal que va desde El monje a la orilla del mar, de Caspar David Friedrich (ca. 1809-10) hasta el ciclo de pinturas creadas para la que después sería denominada la “Capilla Rothko” de la Menil Collection en Houston (ca. 1970), ocupándose de toda una tradición pictórica del norte en la que se inscribirían, además de los románticos alemanes, Turner, Constable, van Gogh, Munch, Kandinsky, Mondrian, Klee, Nolde o Ernst, entre otros. Las conferencias, recogidas después en su libro La pintura moderna y la tradición del romanticismo nórdico. De Friedrich a Rothko, de 1975 (publicado en España en 1993) constituyen un fresco fascinante de la historia de la pintura y de la cultura europea y americana de dos siglos.


Un argumento ambicioso

Carl Gustav Carus, Niebla matutina, ca. 1825
Carl Gustav Carus, Niebla matutina, ca. 1825. Staatliche Museen su Berlin, Alte Nationalgalerie, Berlín
Como es evidente, se trata de un argumento ambicioso: recorre más de dos siglos de historia, recoge la obra de muchos nombres sonoros de la historia del arte e implica temas y conceptos erizados de dificultades, de las que Rosenblum era muy consciente: piénsese, por ejemplo, en las trabas historiográficas de su propuesta (que apunta “a otra posible, e importante, versión de la historia del arte moderno que podría perfectamente complementar la historia oficial que tiene su escenario casi exclusivo en París, desde David y Delacroix hasta Matisse y Picasso”); o en el tratamiento de autores relativamente desconocidos entonces; o en las dificultades metodológicas de la iconografía (el propio Rosenblum cita el peligro interpretativo denunciado por Panofsky de la “pseudomorfosis”, es decir,  de las falsas similitudes formales); o en lo pionero de la relación que establece entre lo sublime y lo abstracto (adelantándose veinte años a Jean François Lyotard, por cierto) o en su audacia al vincular, como historiador del arte, cuestiones filosóficas, religiosas e incluso geográficas con las artísticas y estéticas.

La lectura que se hace en ese libro de la historia del paisaje y la abstracción desde Friedrich a Rothko es tan brillante como desconocida para el público culto pero no especialista. Y, más allá de las polémicas, las distorsiones, los matices o las críticas que el libro haya podido suscitar, hay algo muy evidente: que el argumento desarrollado por en esas páginas lo tenía todo para constituirse en la columna vertebral de un proyecto expositivo.


Un modo de “leer” el arte moderno

Edvard Munch, Dos mujeres en la orilla, 1898
Edvard Munch, Dos mujeres en la orilla, 1898. Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett

Inspirarse en ese libro para concebir la exposición no ha consistido, naturalmente, en aplicar rígidamente su propuesta, sino en seguir libremente un modo de “leer” la historia del arte moderno que no sólo ofrecía la posibilidad de presentar a la contemplación del público una serie de obras maestras –y, en algunos casos, excepcionales­–, sino que proporcionaba además, y de manera visualmente convincente, claves reflexivas sobre la historia del arte y la cultura, sobre la evolución del pensamiento religioso, filosófico, estético (e incluso político: es la época de la que se ocupa el How New York Stole The Idea of Modern Art, de Serge Gilbaut), en dos continentes y durante los dos últimos siglos.

De entre los temas tratados por Rosenblum, se decidió optar por el  motivo del paisaje y restringir la selección de obras, salvo en un par de casos, a un género tan secreto a veces como la obra sobre papel: dibujos en técnicas variadas, bocetos al óleo sobre cartón, grabados. Se procedió entonces al rastreo del paisaje y su evolución en ambos continentes (lo que condujo a las obras de los luministas americanos del XIX, poco tratados por Rosenblum y menos prodigados en Europa), respetando el lapso temporal propuesto por él, aunque haciendo una cala en dos artistas contemporáneos: Anselm Kiefer y Gerhard Richter.

Ya en una fase muy inicial del trabajo se estableció el contacto con el profesor Rosenblum, para exponerle el proyecto y pedirle que contribuyera con un texto. Respondió modestamente que no solía mirar atrás, y entonces se le planteó la posibilidad de publicar en español su The Abstract Sublime (“it would be exactly the right place to give the text”, contestó con amabilidad) y de hacerle una entrevista que le sirviera para hablar, casi cuatro décadas después, de sus actuales ideas sobre la abstracción del paisaje. Esa entrevista, a la que gentilmente se prestó en dos momentos, en Málaga y en Madrid, durante el año 2006, es la que se publica, a modo de epílogo, en el catálogo, como un homenaje póstumo.