Web oficial de la Fundación Juan March

Wyndham Lewis (1882-1957)

5 febrero – 16 mayo 2010
Fundación Juan March
Castelló, 77. Madrid

Horario
Lunes a sábado: 11.00 a 20.00 hs.
Domingos y festivos: 10.00 a 14.00 hs.

Visitas guiadas gratuitas
Miércoles: 11.00 - 13.30 hs.
Viernes: 16.30 - 19.00 hs.

Visitas de colegios
Lunes: de 11.00 a 13.30 hs.
La Fundación ofrece visitas guiadas gratuitas para grupos escolares (máximo de 25 alumnos), previa reserva en el teléfono 91 435 42 40 (ext. 296)



SEIS APROXIMACIONES A WYNDHAM LEWIS

(Textos extractados de los diversos ensayos del catálogo)

El modernista más importante y fértil de Inglaterra

Wyndham Lewis
Chica sentada (Gladys Anne Hoskyns), 1922. Colección privada.

Desde el Renacimiento hay pocos artistas que hayan concebido de manera integral una serie de funciones tan variadas: Lewis quiso ser un maestro en las artes visuales, un analista político, social y cultural, un novelista y un crítico filosófico y estético. Es el modernista más importante y fértil de Inglaterra y sus logros en cada uno de estos campos están entre los más altos, aunque la altura alcanzada en cada uno de ellos sigue siendo motivo de polémica. En el campo de la pintura, su actividad como motor fundamental del Vorticismo, el movimiento de vanguardia más importante de Inglaterra, le aseguró un lugar en la historia del arte británico.
Durante una prolífica carrera de casi 50 años, Lewis escribió, pintó y tomó partido en polémicas públicas como si Inglaterra participara plenamente en la cultura europea, una suposición que le hizo parecer excéntrico a ojos de los ingleses; sin embargo, visto desde fuera, es probable que no haya nadie a quien se parezca más que a su predecesor inglés, William Blake, también pintor y escritor. Al igual que Blake, era un enemigo de lo insulso, de lo tolerable y de lo transigente, y como Blake, un maestro visionario de la línea, que rechazaba todo lo borroso y mal definido.

Frente a la enorme variedad en la obra de Lewis –una totalidad que, en apariencia, carece de un núcleo–, la estrategia más simple reside en aceptar su diversidad y en apreciar las áreas de esta totalidad que puedan producir deleite; uno de los triunfos de esta exposición consiste en haber reunido lo suficiente en un solo lugar para que esto resulte posible, especialmente en el caso de su obra visual.

(Paul Edwards, en “Mito de Creación“: el arte y la escritura de Wyndham Lewis”)

Un intelectual en primera línea de la vanguardia

Wyndham Lewis
El vorticista, 1912. Southampton City Art Gallery.

La estatura de un autor como Lewis ha quedado ensombrecida por distintas razones a lo largo de su vida, pero también después de ella, convirtiéndose en uno de los escritores menos reconocidos y más criticados de lo que conocemos como Modernismo anglosajón. Durante décadas, la mayor parte de sus obras ha permanecido fuera de circulación y la leyenda que el propio autor se forjó con su máscara de «el Enemigo» lo ha acompañado más allá de su muerte.

Lewis fue un intelectual al que la incertidumbre de la época le jugó una mala pasada. Quiso especular demasiado en sus obras y muchas veces falló. En ese afán de ir por delante, en esa traducción de la palabra avant-garde, Lewis se situó en primera línea y cayó herido de más de una bala. Las editoriales lo rechazaron –entre ellas Chatto and Windus, que tanto y tan bien le había publicado–, los escritores llenaron de abultadas demandas las mesas de sus abogados, los círculos literarios se le cerraron y él, el «Enemigo de las Estrellas», se quedó fuera, en otra galaxia.

La importancia de Lewis como intelectual no debe medirse por el número de críticas arrojadas en estudios sobre el Fascismo, el Feminismo o la Guerra, sino por la profusión de referencias a las aportaciones que realizó con su obra y que encontramos en otros autores de reconocido prestigio. Desde Marshall McLuhan hasta Martin Amis, Lewis ha dejado indiferentes a muy pocos, y todos han sabido rescatar algún aspecto original de su obra que añadir a las suyas.

(Yolanda Morató, en “Wyndham Lewis, un intelectual europeo del siglo XX en claroscuro”)

Wyndham Lewis y la guerra

Wyndham Lewis
Una batería bombardeada, 1919. Imperial War Museum, Londres.

La guerra atraviesa de principio a fin la obra de Wyndham Lewis, es un asunto del que no puede, no sabe, no quiere alejarse: sencillamente porque funciona como el espejo perfecto del tiempo que le ha tocado vivir, que a la manera de la propia guerra moderna, es simple y fundamentalmente estúpido.

Si los futuristas glorificaron la guerra –única higiene del mundo según el famoso y siniestro eslogan que ocupa el punto nueve del primer Manifiesto publicado por Marinetti en 1909– y la entendieron como inmenso espectáculo que proporcionaba al mundo la emoción, fotogenia e intensidad con las que aplastar la rutina burguesa (…), Lewis la considera desde bien pronto, aun antes de tener experiencia bélica alguna, como la más significativa expresión del ansia humana por hacer de la estupidez su más preciada seña de identidad.

Como los grandes filósofos, en lo tocante a la guerra, Lewis no nos enseña a dar con respuestas endebles y satisfactorias –como las de un catecismo– que sean analgésicos de la conciencia dolorida, sino a ahondar en las preguntas que formula hasta obligarnos a dar de bruces con la imposibilidad de conformarse con ninguna respuesta.

(Juan Bonilla, en “Wyndham Lewis y la guerra moderna”)

Lewis y la política

Wyndham Lewis
La masa, 1914-15. Tate, Londres 2010.

Las ideas políticas de Lewis sufrieron una serie de cambios a lo largo del tiempo y no se dejan identificar fácilmente con precisión.(…) Durante su fase vorticista estuvo comprometido con una política emancipatoria utópica que veía la renovación estética como precursora de cambios sociales más amplios. Una década más tarde, en The Art of Being Ruled, abogó por una fusión de comunismo y fascismo, una postura que derivaba de su deseo de centralizar el poder político y (eso esperaba) dejar con ello libres a los artistas para concentrarse en su trabajo creativo.
De acuerdo con su creencia de que los escritores y artistas deberían mantenerse siempre políticamente no alineados, insistió en la necesidad de que la sociedad «fortaleciese la organización de lo que solía llamarse la "República de las Letras"», que consideraba como «el último y precario refugio de la inteligencia civilizada». (…) La defensa de Lewis de una república de las letras que desempeñase un papel dinámico en la esfera pública estaba en consonancia con su idea de la necesaria autonomía del artista, pero también era un reconocimiento de que los artistas eran incapaces de intervenir en la vida política o de moldearla.

(Andrzej Gasiorek, en “Lewis y la política”)

Una extraña síntesis del arte británico y el arte mundial

Wyndham Lewis
De la serie Pequeña crucifixión, III, Colección Hugh Anson-Cartwright.

Infierno, Purgatorio, España, Perú, Nueva York… son sólo algunas de las regiones que Lewis habitó con la imaginación, viajando en el tiempo e intentando modificar las expectativas y hábitos de sus contemporáneos. Hay una sensación de superficie y vacío en muchas de sus formas que paradójicamente contrasta con una sensación de gran profundidad y riqueza, tanto espacial como temporal. Pone en escena sus narraciones con una habilidad enorme, casi clarividente. Muchas veces uno siente que Lewis ofrece muchos más puntos de vista y momentos en el tiempo de lo que es realmente posible.

A lo largo de su vida, Lewis se implicó en el arte británico, el arte europeo y el «arte mundial», en busca de una nueva tradición, con una inteligencia, imaginación y energía asombrosas. Todavía tiene algo de vieja gloria, pero sigue moviéndose con vivacidad y es resucitado una y otra vez, exhibiendo cada vez más vitalidad que nunca.

(Richard Humphreys, en "‘Una extraña síntesis’: Lewis, el arte británico y la tradición universal")

La España sexualizada de Wyndham Lewis

Wyndham Lewis
La rendición de Barcelona, 1936-37. Tate, Londres 2010.

Lewis realizó cuatro dibujos entre 1912 y 1914 cuyo motivo es típicamente español: Figure (Spanish Woman), de 1912; The Courtesan, también de 1912; Spanish Dance, de 1914, y Abstract Composition, en torno a 1914. Estas obras expresan la España sexualizada que Lewis experimentó en 1903 y 1908.

Los dibujos españoles muestran a Lewis dirigiéndose hacia su primer logro importante, el vorticismo, un movimiento cuyas características visuales eran lo estático, la tensión y el distanciamiento. No hay en ellos el flujo del futurismo, ni líneas de fuerza; en su lugar, la energía vorticista se interioriza en las diagonales que constituyen la imagen. (…) Puede decirse que el mundo bretón, salvaje y psicológicamente trastornado, es post-futurista, mientras que los sexualizados dibujos españoles son post-cubistas y pre-vorticistas. La imagen vital francesa es reemplazada por la imagen estática española, y fue esta última la que condujo directamente al vorticismo.(…) El cuadro titulado The Surrender of Barcelona es la postrer y principal declaración visual de Lewis sobre España.

(Alan Munton, en “Wyndham Lewis y España: anarquismo, cliché, imagen”)