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La colección

José Guerrero

Granada, 1914 - Barcelona, 1991

Artesano en su adolescencia, José Guerrero se convirtió en pintor durante los años treinta, en los que pasó por las aulas de la Escuela de Artes y Oficios granadina. Completó su formación, inmediatamente después de la guerra, en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Expuso con artistas que luego quedarían incorporados a lo que se empezaba a conocer como la "Escuela de Madrid". Pero él ya andaba por los caminos de Europa.

Guerrero dio el salto a la abstracción en el Nueva York de 1950. Ciudadano norteamericano desde 1953, se incorporó a la segunda generación del action painting.

"Black Boundary" [Frontera negra], 1963
Black Boundary [Frontera negra], 1963

Sucesivos viajes a España a comienzos de los sesenta reavivaron en Guerrero el uso de unos motivos españoles, andaluces, que durante los años de aclimatación neoyorquina habían estado como adormilados, tanta era la fuerza del nuevo clima estético en el que había ingresado. Una de las cumbres de ese periodo es La brecha de Víznar (1966), elegía en memoria de Federico García Lorca, a quien había conocido fugazmente en la Granada de los años treinta, y a cuyo hermano Francisco trató asiduamente en Nueva York.

La primera individual española del Guerrero abstracto la organizó Juana Mordó en el Madrid de 1964; dos años más tarde obra suya fue incluida por Fernando Zóbel en la colección del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. A comienzos de los setenta, pintó la serie Fosforescencias, en las que el motivo central eran cerillas alineadas de color incandescente. La retrospectiva madrileña que el Ministerio de Cultura le dedicó en 1980 coincidió con el momento de su mayor influencia sobre los abstractos más jóvenes.

Black Boundary fue pintado cuando se produjo su reencuentro con España, con su memoria española. El negro es un color recurrente en la pintura de Guerrero, tanto que tituló su exposición de 1958 en la Betty Parsons Gallery The Presence of Black [La presencia del negro]. Pero ni aquellos cuadros ni esta Black Boundary tienen nada del pesimismo de El Paso.

Juan Manuel Bonet

Desde que José Guerrero se trasladó a Estados Unidos y abandonó el género paisajístico para dedicarse a cultivar una abstracción basada en las cualidades cromáticas, sus pinturas carecen de referencias figurativas. Sin embargo, entre finales de los años sesenta y principios de los setenta realizó un extenso número de cuadros, que denominó en su conjunto Fosforescencias, entre los que se encuentra Crecientes (Serie Amarillo), cuyo origen surge de una situación anecdótica que, sin embargo, le permite a Guerrero determinar una forma concreta para sus obras. Realizando un viaje en avión entre Nueva York y Estocolmo, Guerrero tiene entre sus manos una cajita de cerillas planas. De la prolongada observación de este objeto durante el tedio del viaje surge la idea de dotar de una estructura compositiva a sus colores, tal como Jasper Johns había hecho en 1954 sirviéndose de la imagen de la bandera de Estados Unidos.

"Crecientes (Serie Amarillo)" [La pequeña hoz], 1970
Crecientes (Serie Amarillo), 1970

La utilización de una estructura geométrica en forma de caja de cerillas permitirá a Guerrero contener y ordenar las desbocadas pinceladas que caracterizaban los cuadros de la década anterior, prestando una atención más específica a la vibración de los colores, al problema del límite entre superficies cromáticas y a los matices de intensidad lumínica, tal como sucede con el amarillo en este cuadro.

Parte de este conjunto se exhibió en 1971-1972 en la mítica Galería Juana Mordó de Madrid, y provocó un fuerte impacto entre los jóvenes artistas que entonces pretendían modernizar la pintura española. Estos reconocieron a Guerrero, durante los años setenta y ochenta, como un maestro indiscutible que les ayudó a volver a los principios de la pintura pura.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.