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La colección

Josep Guinovart

Barcelona, 1927 - Barcelona, 2007

Durante los años sesenta los artistas plásticos españoles desarrollaron una intensa actividad experimentadora que condujo a la disolución de los límites disciplinares de la pintura. Frente a las propuestas puristas sostenidas por el crítico norteamericano Clement Greenberg, quien reclamaba que la pintura debía ceñirse al ámbito plano del cuadro, sin desbordar los límites de la tela y ajustándose a las propiedades derivadas de los pigmentos, algunos pintores, entre ellos Josep Guinovart, se sirven de la materialidad que ofrece cualquier tipo de objeto tridimensional y reconocible, y no dudan en incorporar a las obras tanto materias amorfas como objetos concretos.

"Sin título", 1964
Sin título, 1964

Así, en los cuadros empiezan a aparecer elementos anteriormente ajenos al arte, con lo que las obras adquieren un volumen y unas cualidades materiales que, por un lado expanden el campo de la pintura hacia lo escultórico y por otro lo orientan hacia el mundo de lo cotidiano, rompiendo el aura de la obra de arte que, desligada del empleo de materiales nobles y técnicas academicistas, se caracteriza por una fisicidad configurada por objetos sencillos o de desecho. De esta manera se postula que los nuevos valores del arte no radican en la nobleza y calidad de los elementos materiales utilizados, ni en la delicadeza de una belleza alambicada y fugitiva, sino en la capacidad sugerente y poética que poseen los objetos más humildes cuando son descontextualizados y presentados al espectador para una observación desfuncionalizada.

En esta obra, Guinovart utiliza un lienzo sobre bastidor, característico de la pintura tradicional, que va a desgarrar en su parte superior para poder anudar al bastidor un trapo que parece sujetar unas simples cajas. Este desgarrón puede ser entendido como una metáfora de la lucha inconformista sostenida por los artistas durante los años sesenta

Javier Maderuelo

Antes de dedicarse a pintar cuadros, Josep Guinovart pintaba paredes, y no abandonó ese oficio –al que muchos años después dedicaría algún cuadro nostálgico– hasta 1951. De la Escuela de Maestros Pintores pasó a Artes y Oficios, y de ahí a Bellas Artes. Hasta mediados de los años cincuenta fue figurativo. Le interesaban entonces el paisaje de Castilla, la pintura de Benjamín Palencia, Federico García Lorca, el flamenco, el circo, el jazz...

De 1957 en adelante, Guinovart asimiló las enseñanzas informalistas. De 1963- 1964 son sendos homenajes a Juan de Valdés Leal y Francisco de Zurbarán. Derivó luego hacia los presupuestos del arte pop, incorporando a sus ensamblajes neodadaístas materiales y objetos diversos: ventanas, viejos marcos modernistas, bombillas, papeles pintados, trozos de mecedoras… Siempre atento al rumor del siglo, en sus vehementes obras de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, habló de Cuba, de Vietnam, de Chile; también de Joan Miró y de Pablo Picasso y la "operación retorno" (1969) del Guernica.

"Homenatge a Salvat-Papasseit", 1963
Homenatge a Salvat-Papasseit, 1963

Posteriormente, además de realizar instalaciones y esculturas al aire libre como la suerte de laberinto que nos encontramos en el Parque del Mar de Palma, Guinovart insistió sobre todo en un sentimiento de comunión con la tierra: véanse por ejemplo sus hermosos montajes de rastrojos, realizados en Agramunt (Lérida) a lo largo de los años 1976 y 1977.

Homenatge a Salvat-Papasseit fue pintado con destino a una exposición colectiva del mismo título, celebrada en 1964 en la Galería Belarte de Barcelona. El mundo de Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), poeta vanguardista de la Barceloneta y figura clave de la primera modernidad catalana, es el punto de partida de un ensamblaje que, por lo heterogéneo de los elementos presentes –entre los que destacan un marco oval y una rueda de bicicleta–, recuerda a los del norteamericano Robert Rauschenberg. No era esta, por cierto, la primera ocasión en que el pintor se acercaba al universo del poeta: un año antes había realizado unas bellas y vigorosas ilustraciones en color para las Poesies [Poesías] de Salvat-Papasseit que editó Ariel. Existe otra versión más pequeña del homenaje, también de 1963, que perteneció a la colección del escritor Joan Perucho.

Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.
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