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La colección

Joan Hernández Pijuan

Barcelona, 1931 - Barcelona, 2005

Tras estudiar Bellas Artes en su ciudad natal, en 1956 Joan Hernández Pijuan –que entre 1992 y 1997 sería decano de esa Escuela ya por aquel entonces convertida en Facultad– participó en la fundación del grupo Sílex. Al año siguiente pasó una temporada en París, donde se olvidó de la figuración geometrizante que hasta entonces había practicado y descubrió el informalismo. Por su negrura y dramatismo, por sus contrastes de luz y sombra, por su contenida violencia, sus cuadros de finales de los años cincuenta tienen más que ver con lo que se hacía en aquel momento en el Madrid de El Paso que con el modelo habitual en la escena barcelonesa.

"Fulles sobre violeta" [Hojas sobre violeta], 1963
Fulles sobre violeta [Hojas sobre violeta], 1983

Hernández Pijuan abandonaría luego el expresionismo abstracto e iría a un planteamiento más controlado, más frío. Fue entonces el suyo un universo de papeles milimetrados, de reglas y cartabones, de geometrías en medio de las cuales quedaban apresados aquí una manzana, ahí un vaso y más allá un árbol solitario. Tras llevar esos planteamientos a un grado de sistematización que le acercó a los supuestos del posminimal y de la pintura-pintura, Hernández Pijuan terminó alcanzando una región esencial: floreros, casas, bodegones, todo lírico, libre y esencial.

Fulles sobre violeta es un cuadro característico de la producción más tardía del pintor. Situado a medio camino entre la abstracción y la figuración, rezuma serenidad, mesura, equilibrio. Estas hojas grises, casi fundidas en el violeta citado en el título, hacen pensar en ciertos "frutos sabrosos" de una civilización, la extremo oriental, cuya filosofía de la vida y cuyo arte atraían sobremanera al pintor; hacen pensar, por ejemplo, en un haiku.

Juan Manuel Bonet

Aunque solo ocho años más joven que Antoni Tàpies, Joan Hernández Pijuan pertenece a una generación posterior, pero entre los dos artistas configuran una imagen muy concreta de cierta particular manera de pintar que caracteriza a la modernidad barcelonesa y que podríamos resumir como muros en los que se han grafitado signos. Se trata, en la obra de ambos artistas, de cuadros muy vacíos, con escasas intervenciones, signos primarios muy simples, que trasladan el interés plástico de la obra a las cualidades de la superficie de los fondos, sin menospreciar el valor de las figuras que se recortan sobre ellos.

"Paisatge amb casa i arbres" [Paisaje con casa y árboles], 1989
Paisatge amb casa i arbres [Paisaje con casa y árboles], 1989

La trayectoria de Hernández Pijuan nos lleva desde el expresionismo y la pintura de acción hasta unas obras donde se hace evidente el espacio como un vacío ordenado sobre una trama de finas líneas milimétricamente trazadas. Paisatge amb casa i arbres, obra de época tardía, resume esta evolución y muestra la plenitud de su pintura. De forma sintética presenta las siluetas muy estereotipadas de un par de árboles y de una casa, representados según las convenciones más usuales.

Estas figuras se encuentran encerradas en un rectángulo oblongo y jalonadas por una cenefa en la parte superior y una tersa línea en la inferior; de esta manera todo el conjunto ofrece una sensación de horizontalidad, propia del paisaje, y destila la serenidad del orden de una geometría que no es evidente.

Las líneas con las que ha trazado estas esquemáticas figuras no han sido pintadas, sino que, mediante la técnica del grattage, el artista ha levantado con mano segura y firme la capa de pintura blanca, cuando estaba aún tierna, permitiendo que emerja un color oscuro que se encuentra oculto bajo ella.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.