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La colección

Joan Miró

Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983

Poco tiempo después de llegar Joan Miró a París alquiló en un patio del número 45 de la rue Blomet un estudio que había pertenecido antes al escultor Pablo Gargallo. En ese mismo patio el pintor André Masson tenía también su atelier, donde se reunía un activo grupo surrealista en el que participaban el dramaturgo Antonin Artaud, el crítico y antropólogo Michel Leiris y el propio Miró. Aunque las obras de Miró de esta época fueron muy alabadas por André Breton, sumo pontífice del surrealismo, y hasta 1935 participó regularmente en las exposiciones de su grupo, se aprecia en Peinture (Femme, tige, coeur) así como en otros cuadros de la segunda mitad de la década de los años veinte, una heterodoxia ajena a los dictámenes del surrealismo que es el rasgo sobre el que se afianza la total singularidad e independencia de la pintura de Miró.

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Peinture (Femme, tige, coeur)
[Pintura (Mujer, tallo, corazón)], 1925

Frente a la mayoría de los cuadros de esta época, en los que aún se distinguen objetos, animales y personas detalladamente representados, en esta obra Miró ha prescindido de cualquier tipo de escenario reconocible para mostrar, sobre un fondo cromático azul, indefinido y evanescente, tres elementos que han sido reducidos a esquemáticos símbolos: un corazón, una mujer y el tallo de una planta que parece germinar de una pequeña semilla. Nada de todo ello parece real, sino salido de un sueño que ha sido interpretado con sorprendente libertad de forma, ingenuista y lírica. Sin embargo, el sentido simbólico de los elementos que componen este cuadro-sueño, aleja a Miró de cualquier posición infantil o naïf, como podría parecer en un principio.

Javier Maderuelo

Joan Miró empezó su carrera artística en Barcelona. Estudió primero en la Escuela de Bellas Artes y luego en la academia del noucentista Francesc Galí. Fue miembro de la renovadora Agrupació Courbet. Su obra estuvo influida durante los años diez por Vincent van Gogh, Paul Cézanne, los fauves, las estampas japonesas… Su primera exposición individual tuvo lugar en la Galería Dalmau, en 1918. Al año siguiente marchó a París, donde entró en contacto con Pablo Picasso y donde residiría durante casi veinte años. Su pintura de los primeros años parisinos, figurativa y llena de detalles exactos, le valió el ser incluido por el crítico alemán Franz Roh en su libro de 1925 sobre el "realismo mágico".

"Le perroquet" [El loro], 1937
Le perroquet [El loro], 1937

Miró se incorporó al naciente surrealismo con cuadros como La terra llaurada [El campo labrado] (1923- 1924), Paisatge català (El caçador) [Paisaje catalán (El cazador)] (1923- 1924) o El carnaval de l’arlequí [El carnaval del arlequín] (1924-1925). Uno de sus momentos más creativos es el final de aquella década: primero sus lienzos azules, luego sus Interiores holandeses (1928) y sus primeros objetos. Frente al surrealismo literario y narrativo de Salvador Dalí, Miró se acerca por momentos, al igual que Hans Arp o que Alexander Calder, a la contundencia formal de cierta abstracción geométrica. Las formas orgánicas, el mundo de los pájaros, las estrellas, la simbología sexual, le han proporcionado el material de base de su obra. Sus Carnets catalans [Cuadernos catalanes], publicados en 1976 por Gaëtan Picon, revelan lo metódico que era a la hora de construir sus pinturas, de apariencia tan espontánea.

A comienzos de los cuarenta, y a consecuencia de la invasión alemana de Francia, Miró retornó a su país natal, donde, en Barcelona y Palma, llevó una vida retirada. Paralelamente a su pintura, realizó una abundante obra gráfica, algunas cerámicas y esculturas, muchas de ellas objetos modificados.

Miró pintó Le perroquet el mismo año en el que participó en el pabellón de la República Española en la Exposición de París con su desaparecido Pagès català amb falç [Campesino catalán con una hoz] y en el que ejecutó su sello de propaganda Aidez l’Espagne [Ayudad a España]. Sobre el fondo de un espacio negro-noche, el pintor hace surgir cinco de sus características estrellas y, a base de un poco de rojo, de amarillo y de azul, el papagayo aludido en el título. Pequeña joya y perfecto ejemplo de la capacidad de Miró para extraer poesía de las cosas más simples.

Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.