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La colección

Manuel H. Mompó

Valencia, 1927 - Madrid, 1992

Manuel Hernández Mompó se formó en la Escuela de Bellas Artes de Valencia en el más estricto academicismo de los difíciles años cuarenta. La evolución de su trabajo nos puede ilustrar sobre la manera en la que la mimesis de la realidad se va deformando, por medio de los principios de la abstracción, hasta convertir el cuadro en un mundo particular que se aleja de los referentes del mundo exterior del que parte. Este proceso condujo al pintor desde la representación de temas urbanos y paisajes a la sucesiva deformación y desarticulación de las figuras que se van diluyendo en la superficie del cuadro, perdiéndose en la escena la ilusión de profundidad y la apariencia de objetualidad de las figuras, para mostrar trazos gestuales y superficies cromáticas.

"Romería", 1963
Romería, 1963

Posiblemente, el título de este cuadro, Romería, hace referencia a un tema que se insinúa pero que no se hace explícito, ya que aquí se ven pinceladas de tonos claros, con predominio de los verdes, los azules y los rosados, que no llegan a concretar figuras o formas definidas sobre esa superficie coloreada en la que aparecen grafitis que tampoco llegan a formar palabras o frases. Hay que realizar algún esfuerzo para distinguir lo que parecen signos: una cruz o una flecha que, en realidad, no hacen referencia a nada específico. Nos encontramos ante un ejemplo de lo que en la Escuela de París, ciudad en la que residió el artista entre 1954 y 1957, se llamó "abstracción lírica". Efectivamente, el interés del cuadro se centra en la poética que destila el dinamismo de la composición y los suaves deslizamientos de los matices cromáticos.

Javier Maderuelo

Manuel Hernández Mompó estudió Artes y Oficios y Bellas Artes en su ciudad natal. Buscó luego ventanas que le permitieran asomarse al exterior. Anduvo por Francia, Holanda e Italia, y sus cuadros empezaron a tener algo de diario íntimo de esos viajes, de sus vivencias cotidianas. A comienzos de los sesenta, estaba ya claro que su proyecto era personal, y que podía ser emparentado, mejor que con ningún otro proyecto estético español coetáneo, con la obra de Paul Klee, Joan Miró o Julius Bissier.

"Estelas en un paisaje", 1979
Estelas en un paisaje, 1979

Los años no alterarían sustancialmente la voluntad de Hernández Mompó de hacer una pintura libre y lírica, en la que la alegría y el humor, no reñidos con una suave melancolía, lo impregnan todo. Hernández Mompó fue el pintor de la vida, de la calle, del aire libre, del mar, del cielo, de los niños, de las flores, de Ibiza y de Mallorca, islas a las que arribó huyendo de Madrid. En 1968 recibió el Premio de la Unesco en la Bienal de Venecia. En su tierra natal le dedicaron retrospectivas la Sala Parpalló en 1984 y el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) en 1991.

De las transparencias y armonías de los años sesenta –durante los cuales pinta la que a mi modo de ver es su obra maestra, Semana Santa en Cuenca (1964), que se conserva en el Museo de Arte Abstracto Español de la ciudad castellana– pasa Mompó a la blancura de su trabajo posterior, menos narrativo, más esencial, en el que se acentúa la tentación caligráfica.

Estelas en un paisajees como una escritura dispersa. Azules, amarillos y rojos a punto de disolverse en un blanco cegador. El pincel se desplaza con entera libertad sobre el lienzo, traza líneas que se quiebran, define estelas de volúmenes nebulosos, anota sombras fugitivas. En este cuadro aéreo no "sucede" casi nada, pero esa casi-nada está expresada con la gracia y la finura habituales de este pintor de la luz.

Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.