Inicio > Arte > Cuenca > La Colección > 

La colección

Lucio Muñoz

Madrid, 1929 - 1998

Lucio Muñoz es el pintor más sobresaliente del informalismo español que no formó parte del grupo El Paso, sin embargo, su obra figura siempre en antologías y exposiciones junto a la de los artistas que constituyeron este grupo, tanto por su afinidad plástica como por la cronología del desarrollo de su trabajo.

"La ventana", 1963
La ventana, 1963

En 1955 abandonó la pintura figurativa y se interesó por las posibilidades plásticas de la materia, comenzando por utilizar polvo de minerales y pigmentos secos que mezclaba con colas y barnices. Sin embargo, el soporte habitual de la pintura, el tradicional lienzo, le resultaba blando e inapropiado para llevar a cabo estas experiencias por lo que en 1958, un año después de la fundación de El Paso, empieza a extender la materia sobre tablas de madera que, en un principio, solo fueron utilizadas como mero soporte eficaz. Muy rápidamente empezó a explotar las posibilidades del propio soporte, abriendo grietas en la madera con gubias, quemando con sopletes su superficie y levantando las capas superficiales para desvelar la estructura íntima de los tableros armados que utilizaba.

En la obra titulada La ventana se pueden observar algunos de estos procedimientos que le permiten mostrar la estructura reticular de un tablero que, al ser despellejado, muestra sus costillas, sugiriendo la forma de una ventana. De esta manera la obra de Muñoz cobra un carácter dramático que se ve acentuado por la restricción cromática a la que sometió su paleta durante muchos años, al dejarla reducida a una gama de colores oscuros, terrosos y pardos.

Javier Maderuelo

Lucio Muñoz, compañero en la Escuela de Bellas Artes madrileña de algunos de los realistas más destacados de su generación, tuvo su primer contacto con la vanguardia gracias al postismo, castizo movimiento fundado por el pintor y poeta Eduardo Chicharro hijo. Hasta 1955 Muñoz realizó una pintura figurativa. A partir de esa fecha empezó a evolucionar hacia la abstracción.

En el París de 1956 descubrió el informalismo. En los lienzos plenamente abstractos que realizó a su vuelta a España incorporó tierras, telas, papeles pegados, objetos... No había de pasar mucho tiempo antes de que descubriera las posibilidades expresivas de un material que le acompañaría toda la vida: la madera.

"Homenaje a Pastora Pavón", 1969-1970
Homenaje a Pastora Pavón, 1969-1970

Las tablas de Muñoz de finales de los años cincuenta constituyen uno de los momentos fuertes de nuestro expresionismo abstracto. De dominante oscura, bajo sus negros y sus pardos laten los azules, los rojos, los verdes. En muchas de ellas el título, y cierta configuración formal, aluden al paisaje de Castilla: colinas, ríos, valles, viejos pueblos, castillos en ruinas... En 1962 realizó el impresionante retablo de la basílica de Aránzazu (Guipúzcoa). Se atrevió con temas duros: la mina, la casa de Poe, la rembrandtiana vaca abierta en canal, el Gólgota… Luego aparecieron las ventanas, las calles de la ciudad, las máquinas, las geometrías. Más tarde, las figuras fantásticas, híbridas, de nombres imposibles.

Tras un paréntesis dedicado casi exclusivamente al grabado, en el que ha logrado resultados sorprendentes, Muñoz regresó a la pintura con renovada energía. En 1988 la retrospectiva que le dedicó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía permitió una mirada de conjunto a su obra. Homenaje a Pastora Pavón es uno de los cuadros más emblemáticos de Muñoz. Pastora Pavón (1890-1969), "La Niña de los Peines", principal figura del cante jondo en el periodo de preguerra, fue retratada por Julio Romero de Torres, e inspiró la teoría lorquiana del "duende".

Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.